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Francesca GARGALLO, “Feminismo mestizo, epistemología racista”, Ciudad de México, julio de 2009.

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Feminismo mestizo, epistemología racista

Francesca Gargallo

Ciudad de México, julio de 2009

 

Caí en cuenta por primera vez que no todos los mestizajes son equivalentes en 1996, cuando estaba investigando en el archivo histórico de San Luis Potosí para redactar mi novela La decisión del capitán. Entonces tuve que asumir que Miguel Caldera, por muy héroe de la “pacificación” de la Gran Chichimeca que fuese, no fue elegido para dirigir la expedición de conquista de Nuevo México porque era hijo de un soldado raso castellano y una guachichila, mientras su estúpido contrincante era hijo de un Oñate dueño de todas las minas de Zacatecas y una sobrina de Moctezuma.

Ahora que estoy recopilando los materiales para una Antología del Pensamiento Feminista Nuestroamericano que abarca los siglos XIX y XX, puedo ratificar documentos en mano que los mestizajes, lejos de representar síntesis culturales entre mundos que entraron violentamente en contacto, y a pesar de contener supervivencias y sincretismos, desde muy pronto fueron el instrumento social que los gobernantes de los virreinatos americanos, y luego de sus repúblicas liberales, utilizaron en el diseño de políticas y legislaciones abiertamente represivas de la diversidad indígena con base en ideas de lo que es bueno saber y lo que es bueno desechar. El mestizaje, en efecto, no sólo nunca fue –ni es- equitativo, sino permitió la conjunción de elementos culturales, sostenidos en argumentos de racialización del conocimiento, que sostienen una jerarquía estética de los elementos occidentales del mismo, así como una verdadera discriminación epistemológica. En el mestizaje, los elementos constitutivos de un mismo sujeto no son iguales, son jerarquizados, y la india debe ser sometida por la occidental que hay en una, así como el saber relacional de la mujer debe ser sometido por la objetividad del conocimiento masculino.

Al buscar y escoger textos de feministas, tanto precursoras como recientes, me enfrenté con el hecho que las mestizas de los sectores económicos privilegiados –mestizas de alcurnia- eran mujeres privilegiadas que, junto con las blancas criollas y las emigradas extranjeras, tuvieron acceso al aprendizaje, y en ocasiones hasta a una educación esmerada. Desde finales del siglo XIX, escribieron en periódicos para señoras y señoritas, participaron en los debates sobre la educación femenina, pelearon por los derechos económicos y políticos de las mujeres. No obstante, su acceso a la educación las convirtió en las más fervorosas defensoras de las pautas de aprendizaje y de los mecanismos de transmisión del conocimiento definidos por las teorías epistemológicas hegemónicas, que en la América de los siglos XIX y XX fueron desarrollistas, legalistas y racistas.

El mestizaje es la estructura social que sostiene que para las mujeres es un avance mostrarse defensoras del individualismo liberal o del familismo conservador para subrayar el propio grado de desarrollo intelectual y el propio derecho a defender su situación en la sociedad. De manera equivalente, es la estructura social que permite la construcción de un único sujeto de ciudadanía para las repúblicas americanas, un sujeto masculino y occidental(-izado), que asume que todo aprendizaje objetivo, competitivo e individual es verdadero y conduce al desarrollo de quien se demuestra apto para reprimir lo indígena, esto es lo que resiste gracias a un ejercicio de la subetividad colectiva, solidaria y relacional.

De ahí que el feminismo mestizo, prácticamente todo el feminismo reconocido como tal en Nuestra América, asuma sin pestañar el mandato de la liberación individual de las mujeres, sin detenerse en pensar los elementos colectivistas y relacionales de las prácticas y las teorías del conocimiento de los pueblos originarios de América. Por cierto, debe reconocerse la base real del porqué a las mujeres resulta más convincente luchar por su liberación individual, ya que cada vez que se apeló a la acción colectiva, a la solidaridad con el conjunto, las mujeres fueron utilizadas, sus aportes invisibilizados y sus demandas no reconocidas.

 

 

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