Me cuidan mis amigas, no la policía

Estándar

En México, las consignas de las feministas al marchar sostienen que ¡Me cuidan mis amigas, no la policía! Para ello toman clases de autodefensa, se organizan para salir a las calles y protegerse como caminantes o como ciclistas en las noches, cuidan las rutas de acceso al trabajo en zonas inhóspitas, detienen a los violentos que amedrentan a las mujeres más jóvenes, más pobres o indígenas, a las que consideran más desprotegidas. Las amigas me cuidan de la violencia callejera, de los maridos y amantes despechados, de los misóginos frustrados que deciden actuar en defensa de una virilidad que sienten amenazada. Y me cuidan de las actuaciones cada día más violentas y erráticas de la policía de todos los estados, incluida la capital. Actuaciones que revelan un odio muy peligroso a las feministas, tan peligroso como el odio a las personas diferentes de la masa indefinida de los gobernados que indican problemas de autoritarismo real.

Que a mí me cuiden mis amigas implica hoy, en México y en un mundo aún más precarizado por la pandemia Covid, con una urgente redistribución de las riquezas y las responsabilidades ambientales, una actitud que desmonta procesos no democráticos de desconocimiento de la libertad y los derechos humanos de las mujeres, propios de gobiernos y sociedades brutales, donde la violación abierta a la integridad de las personas femeninas es utilizada como un acto de terror patriarcal, homofóbico, racista, básicamente antidemocrático. Precisamente porque desmonta el odio y el desprecio de las sociedades autoritarias a las mujeres que no aceptan una división sexual jerárquica de la vida, ¡A mí, me cuidan mis amigas! es un programa de resistencia que defiende a las mujeres para el fortalecimiento de una sociedad plural y no dogmática.

Cuando me detengo en pensar qué es la opresión, yo la visualizo como una dicotomía entre superiores e inferiores, es decir como una jerarquía inquebrantable que desconoce la dignidad humana. Como dice Rita Laura Segato, entre dueños y poseídos en un mundo donde quien no es dueño no existe. Pensemos esta dicotomía como una rígida división entre los roles de las mujeres cosificadas y de los hombres que luchan por ser dueños, y la exclusión de las personas homosexuales, intersexuales, transgéneros, no binarias. Mujeres oprimidas en cuanto inferiores según hombres ideologizados que consideran que, siendo superiores, deben ocuparse de manera rígida y castrante del trabajo y del combate a todas las disidencias de un orden establecido desde un poder que veneran, sea este el del padre, del estado, de alguna iglesia, de la empresa para la que trabajan o alguna institución policiaco-castrense, legal o paramilitar. Se trata de una concepción del deber ser que se ha establecido gracias a prejuicios misóginos que dirigen la violencia hacia la represión. Cuando las mujeres se defienden en las sociedades capitalistas liberales de hombres que las encuadran en un deber ser que no les corresponde, apelan a su libertad de ser. Y al defenderse entre mujeres evidencian una falla en el funcionamiento del estado.

En efecto, mis amigas me defienden porque la policía no es capaz de hacerlo, más aún se ha pasado al bando de los agresores. El performance coreografiado por las cuatro integrantes del colectivo Las Tesis, Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres, enuncia muy claramente que: “El violador eras tú./ El violador eres tú./ Son los pacos (policías),/ los jueces,/el estado,/el Presidente./El Estado opresor es un macho violador.” Como el nombre mismo del colectivo apunta, la cuatro feministas de Valparaíso, en Chile, usan su arte performatico para expresar tesis de feministas nuestroamericanas que comparten. En este caso se trata de la tesis de la educación a la virilidad, o mandato patriarcal, de Rita Laura Segato, que yo acomuno a la idea que para el poder totalitario (que cambia de forma a lo largo de la historia, ubicándose en la iglesia, los ejércitos, el estado, el capital financiero -los dueños, según el momento-, pero que no deja de ser poder que hay que contrarrestar con los poderes de  pensadoras y activistas críticas, uniones de personas productivas, defensores de derechos a la vida y pueblos en resistencia) las mujeres deben ser débiles intelectual y físicamente, agredibles, sujetos pasivos para que su consenso sirva para sostener el dominio masculino.

Hace setenta años Theodor Adorno apuntó, en La personalidad autoritaria, que las agresiones autoritarias contra quienes se comportan de forma no convencional se manifiestan en una sociedad cuando en ella se fomentan de manera prejuiciada la oposición a lo imaginativo, una conducta rígida y una actitud morbosa para con el sexo. Hoy hemos comprobado durante cuarenta años de Guerra Fría y treinta años de Globalización Neoliberal que a la intolerancia se educa desde directivas políticas que actúan en la escuela, la religión, la familia, la literatura de moda, la música repetitiva (narcocorridos, canciones feminicidas y la mayoría del reagetton) y los productos audiovisuales que fomentan la competitividad. En Nuestramérica,  vivimos hoy en  sociedades donde impera una violencia delincuencial que el estado no contrarresta, y que por lo tanto no pueden garantizar relaciones sociales democráticas en los hechos. De ello resulta que el mandato de masculinidad sea protegido por policías y jueces, aunque, según la ley, las mujeres ya somos ciudadanas de pleno derecho y deberíamos gozar de libertad de movimiento y expresión.

A mí me cuidan mis amigas es una elección de libertad, de pluralismo, de antijerarquía y antiautoritarismo. Impulsa precisamente lo que Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo, identificó como la actividad política que fluye en una sociedad democrática; eso es, la actividad de las ciudadanas libres cuando interactúan con el mundo. Para las amigas que me cuidan, yo y ninguna mujer somos prescindibles, todas somos necesarias. Cuidarse unas a otras es un acto de resistencia a la complicidad con los principios misóginos del patriarcado. Más aún, es el inicio del fin del patriarcado y, paradójicamente, ha sido impulsado por la actuación de hombres frustrados que quieren imponer compulsivamente su masculinidad, aunque no les produzca placer y los lleve a la autoaniquilación.   

“No nos callamos más”. “Mi ropa no determina mi consentimiento”. “Somos el grito de las que ya no están”. “En la calle quiero ser libre no valiente”. Estas consignas enarboladas en las marchas de una marea feminista que ha crecido desde 2015 en toda Nuestramérica son instrucciones para una actuación política que no se constriñe a los programas de un partido y que se escapa de la institucionalidad. Ante un número creciente de violaciones, secuestros y feminicidios, las feministas argentinas enarbolaron en 2015 el grito de ¡Ni una mujer menos!, al que respondieron las mexicanas con ¡Ni una asesinada más! Pero en estas exigencias no hay el menor victimismo, se trata de una legítima demanda que se acompaña de acciones autónomas de autodefensa. A la par, las feministas latinoamericanas decidieron desmentir el antifeminismo de los grupos de extrema derecha, muchos de ellos fanáticos católicos o pentecostales, compartido por personas que no se consideran a sí mismas conservadoras, sino gente común de familias tradicionales. Contestan los argumentos antifeministas de que la sumisión, debilidad, heterosexualidad, deseo de maternidad en las mujeres son naturales y deseables para el buen funcionamiento de la sociedad y que negarlo responde a una “ideología de género” (una supuesta doctrina contranatura impuesta por la ONU u otras instituciones transnacionales que quieren acabar con las tradiciones de los países del subcontinente, según una retórica nacionalista de tintes fascistas). Hombres a la defensiva, enojados por perder los privilegios de una masculinidad que se expresa con prácticas de dominio cotidianas y se identifican con costumbres culturales nacionales, ejercen violencias machistas que las feministas han reconocido y denuncian. Los que se sienten cuestionados cuando se les muestran sus complicidades con abusadores de diversas índoles ya no van a gozar de una palmada femenina en la espalda: un hombre que agrede a una mujer o que disculpa a un agresor puede agredir a todas, así como una mujer que defiende a su amiga combate asimetrías sexuales y de género que ponen en peligro a las mujeres todas.

El 12 y el 16 de agosto de 2019, la Ciudad de México atestiguó dos manifestaciones espontáneas de mujeres feministas que expresaban su digna rabia e inconformidad contra la violencia y el desinterés institucional que sufren. Se agruparon en las afueras de la Fiscalía General para exigir justicia ante los casos de violaciones cometidas presuntamente por policías de la ciudad contra una joven de 16 años que visitaba el Museo Archivo de Fotografía y otra menor de edad que, el 3 de agosto, salía de una fiesta en la Alcaldía de Azcapotzalco.

La adolescente violada por cuatro policías en Azcapotzalco se dirigió al Ministerio Público para levantar su demanda, pero éste no aplicó el protocolo establecido en caso de violencia sexual, realizó las pruebas biológicas días después de la denuncia para que no aportaran evidencias y filtró mezquinamente información a la prensa para que la joven fuera blanco de amenazas e insultos, que la llevaron a retirar la denuncia. Un procedimiento común en México, que las mujeres han denunciado en numerosas ocasiones, pues se repite en las denuncias de violencia doméstica, acoso sexual y, aún, de feminicidio.

“En México los violadores portan uniforme”, sostenía uno de sus carteles. “Eres popó, eres popó, policía violador”, otro, levantado por una feminista disfrazada de policía con bigotes. A los gritos más conocidos de “¡Justicia!” y “¡ni una más!” se sobrepuso “A mí me cuidan mis amigas, no la policía”, en claro descredito de los agentes de seguridad.

Desde esas dos manifestaciones cambiaron drásticamente las formas, hasta entonces pacíficas, de las protestas feministas. Se rompieron vidrios, publicidades, escaparates de la moda sexista, entradas a los bancos y se pintaron los monumentos de la masculinidad conquistadora, militar, agresiva. Ante la indignada respuesta de políticos, historiadores de arte, urbanistas, profesores, las feministas impusieron un cuestionamiento válido: ¿Por qué al sistema le escandaliza que pintemos una estatua y no se inmuta frente a la violencia sexual, el acoso, los feminicidios y la impunidad masculina de que somos blanco la mitad de la población nacional, las mujeres?

Aun una funcionaria que se presenta a sí misma como cercana a las feministas históricas, como la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Scheinbaum Pardo, llama “provocaciones” las expresiones de la rabia feminista. En septiembre recién pasado, ante el sacudón que significó la toma por parte de madres que buscan justicia por sus hijas de una sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y la posterior okupa de la misma para transformarla en un refugio para mujeres violentadas, intentó decir que las feministas son infiltradas y sostenidas económicamente por fuerzas que intentan desestabilizar los gobiernos “progresistas” de la ciudad y el país. El 28 de septiembre, Día Internacional para la Legalización del Aborto, desplegó un operativo policiaco excesivo, con miles de agentes que se lanzaron a corta distancia y con gas pimienta contra las manifestantes, encapsulándolas para impedirles llegar a la Plaza de la Constitución, el emblemático Zócalo.

En Ciudad Juárez y en el estado de Guanajuato, ciudades señaladas por el alto número de asesinatos y trata de mujeres y niñas, así como por los contagios de Covid en las maquilas, la violencia policial hirió a varias feministas; en León, en Culiacán, en Oaxaca y en Xalapa la policía reprimió marchas contra la violencia y en favor de la maternidad voluntaria y manifestaciones contra la violencia feminicida. Enarbolaron un discurso -¿una narrativa?, como hoy es culto decir- criminalizador de la lucha feminista, poniendo sobre alerta a la población contra el vandalismo de las mujeres organizadas.

En el municipio que concentra el mayor número de feminicidios del país, Ecatepec, conurbado a la ciudad capital, la policía de un municipio cercano entró con lujo de violencia en la sede de la comisión local de derechos humanos, golpeando a las mujeres que lo habían ocupado, secuestrándolas y liberándolas horas después de haberlas privado ilegalmente de la libertad, por presión de las feministas de todo el país que salieron a exigir justicia, a pesar de que entre ellas había niñas, niños, ancianas y embarazadas (una de ellas abortó a raíz del susto y los golpes). En la turística ciudad de Cancún, el 8 de noviembre de 2020, la policía disparó con armas de fuego para dispersar un grupo grande de ciudadanas y ciudadanos que se habían reunido frente al palacio de municipal para exigir el esclarecimiento del feminicidio de una menor, Blanca Alexis, cuyo cuerpo acababa de ser encontrado. Obviamente, la policía municipal alegó que la gente estaba realizando actos vandálicos, pero la misma presidenta municipal y el gobernador del estado de Quintana Roo tuvieron que  retirar al jefe de policía, culpable de una actuación injustificable… de no ser que atrás de los disparos se celaba el odio de autoridades corruptas que se escudan tras su institución a las mujeres que reclaman su derecho a la vida.

En la memoria colectiva de las mujeres mexicanas está la represión al derecho de protesta y la resistencia popular femenina contra megaproyectos ecocidas. El control social por medio de la violación sexual que realizaron en 2006 los policías del estado de México contra el pueblo de Atenco que se resistía al despojo territorial para la construcción de un aeropuerto ha llevado a  una sentencia condenatoria de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Mujeres Víctimas de Tortura Sexual en Atenco versus México.

Aprovechando la orden de reubicar a los vendedores de flores en la vecina cabecera municipal de Texcoco, 1,815 policías estatales y 628 federales  desbloquearon las carreteras afectadas por el paro de las y los floristas y se desplegaron en el cercano pueblo de San Salvador Atenco, ingresando sin orden judicial a domicilios particulares y deteniendo a  personas tanto en la vía pública como en sus casas. En ese contexto 38 mujeres, 11 de las cuales mantuvieron la denuncia y fueron reconocidas como víctimas, fueron detenidas  mientras desempañaban sus actividades cotidianas o habían acudido a documentar los hechos o a prestar ayuda a personas heridas. Fueron trasladadas a un Centro de Adaptación Social, pero durante la detención y el viaje sufrieron violaciones, insultos y amenazas como forma de tortura de “forma intencional y dirigida de control social”, toda vez que “fue aplicada en público, con múltiples testigos, como un espectáculo macabro y de intimidación en que los demás detenidos fueron forzados a escuchar, y en algunos casos ver, lo que se hacía al cuerpo de las mujeres” (Párrafo 202 de la Sentencia, cuyo texto es disponible en https://bit.ly/2SmmgE4).

La memoria colectiva, sin embargo, se alimenta también de actos afirmativos de mujeres para mujeres para combatir la violencia y cuidarse sin apelar a otra fuerza que la de su organización caso tras caso, sin estado y sin instituciones patriarcales, de manera colectiva y sin dirigencia.

En Canción sin miedo, de Vivir Quintana, el coro acompaña a la vocalista afirmando: “Cantamos sin miedo, pedimos justicia/ Gritamos por cada desaparecida/ Que resuene fuerte: ¡Nos queremos vivas!/ ¡Que caiga con fuerza el feminicida!” Este himno del feminismo mexicano termina con un verso modificado del himno nacional mexicano que apela al valor amoroso de las mujeres cuando forman la nación de quien pierde el miedo en la lucha contra la desaparición y el feminicidio.

Y el “sororo rugir del amor” tiene muchas formas de expresarse. Algunas de ellas atraen la atención de los medios masivos de información porque aunque en mano de mujeres desobedientes son reconducibles a las formas convencionales de la política: marchas, protestas, plantones, demandas y, en los parlamentos, la elaboración de leyes y la orientación de las líneas de actuación del Estado. Otras formas, precisamente las más sororas y no convencionales, son reportadas solo por periodistas conscientes de que la nación es cada persona que la conforma, y no quien tiene dinero, poder o representación en el Estado. Por ejemplo, la red Periodistas de a Pie, una alianza de medios dedicados a la información de investigación, fundada en 2007 para incrementar la calidad del periodismo en México con un especial enfoque en los derechos humanos. Su cercanía a la audiencia se deriva en buena medida de la sensibilidad que expresan al investigar las situaciones que le interesan: acompañan a madres y padres de personas desaparecidas, buscadoras de tumbas clandestinas, defensores de los territorios comunales, migrantes, víctimas del ejército y la policía, formadores de asociaciones civiles y colectivas feministas, gente que exige calidad y buen trato en la atención a la salud, incluyendo los cuidados obstétricos.

Chiapas Paralelo es uno de los medios que conforman la Red y ha reportado una acción de mujeres para mujeres, en vida y para la buena vida en algunos de los municipios del estado, que puede incentivar acciones iguales en cualquier lado del mundo: Fridas en Bici son grupos de mujeres que se mueven y promueven el ciclismo de montaña y el desplazamiento ecológico sobre dos ruedas. En lugares urbanos y rurales, estados tradicionalistas o de desarrollo industrial, donde las familias se articulan todavía alrededor de las parejas o las personas viven solas u organizan formas de convivencia desfamiliarizadas, las ciclistas saben que la seguridad es un tema que preocupa particularmente a las mujeres, y no solo por la escasa educación vial de lo automovilistas, sino por la falta de perspectiva de género entre los propios ciclistas. Entonces, Fridas en Bici realiza diversas actividades para aquellas mujeres que guardaron sus bicicletas en la infancia por miedo a salir a la calle y andar solas. Su objetivo es realizar comunidad entre mujeres para que se protejan en la calle. Organizan rodadas de convivencia así como talleres para enseñar a las mujeres a reparar sus bicicletas y no quedarse desamparadas en las calles y carreteras. El acompañamiento entre mujeres es su estrategia y su finalidad. Para construir la confianza entre mujeres, en los municipios donde hay Fridas en Bici, las ciclistas pueden contactar con alguna de sus representantes para pedir que una planilla integrada por mujeres pase por ellas a sus casas, las acompañen hasta sus destinos y viceversa. En los lugares donde el transporte a las zonas fabriles es peligroso para las trabajadoras, las bicicletas con acompañamiento colectivo se convierten en cuidados feministas contra secuestros, violaciones y acoso callejero.

Asimismo hay mujeres que para cuidarse se replantean la vida en las ciudades en términos urbanísticos y vitales. ¿Ciudades Feministas? Sí, y para ello hay que liberar el caminar de las mujeres. En México, como en la casi totalidad de Nuestramérica, existe una relación entre injusticia territorial y económica y peligrosidad. No es lo mismo pasear por el centro que sobrellevar la falta de transporte,  los silbidos y sonidos de amenaza masculinos entre charcos y basura, la falta de protección civil, el cansancio de largas jornadas de explotación laboral formal e informal y la contaminación automotriz que vuelven terrorífico el caminar, sobre todo en las periferias. Muchas mujeres se encierran en su casa y quedan en la sombra del aislamiento, ratificando la discriminación histórica de los viajes de trabajo y estudio pensados como tiempos maculinos. La asociación Urbanismo Mujeres y Sociedad en Latinoamérica ha evidenciado que los territorios tal y como están diseñados tienen una deuda histórica con las mujeres. Los territorios en los que nos movemos deben transformarse para satisfacer la primera necesidad de una caminante, las aceras o banquetas, y reconocer todas sus funciones. No sólo para el traslado, sino para saludarse, convivir,  cuidar a la infancia y las personas ancianas, y para prevenir todo tipo de delitos, desde la violencia contra las niñas y las mujeres hasta los robos y los asesinatos. Las condiciones del entorno no deben excluir a las mujeres del placer de caminar y tener una vida social.

Las fundadoras de Urbanismo, Mujeres y Sociedad, las arquitectas Acoyani Adame Castillo y Norma Rivero Monsalve, así como la planificadora urbana Linda Moreno Sánchez, hacen diagnósticos territoriales mediante caminatas, talleres y auditorías y escuchan a las mujeres para construir juntas ciudades justas, donde sea posible cuidarse personal y colectivamente, protegiendo sea la inclusión como la autonomía de cada una. La reconquista peatonal de las ciudades implica la caminabilidad, el cuidado de peatona a peatona, más árboles y cómodas paradas de transporte público, basureros en cada esquina y servicios de recolección de basura que garanticen la higiene callejera. En la Ciudad de México, Veracruz, Guadalajara, y también en Santiago de Chile, las mujeres que asumen la caminata como medio de transporte digno y eficiente se acercan a posturas ecofeministas desde la ciudad e comparten su intervención de cuidado con las mujeres que sufren actos de violencia callejeros.

Me cuidan mis amigas no es solo un programa de protección durante las marchas, donde jóvenes con la cara tapada y aerosoles me protegen de la policía cuando grito por la aparición con vida de las mujeres desaparecidas, empujando la silla de ruedas de una amiga y rodeada de madres con niñes en carriolas. Me cuidan mis amigas es un programa feminista de reorganización de las actividades humanas que me garantiza la seguridad que el patriarcado no puede establecer ya que debe asegurarse que yo como mujer no fortalezca mi autonomía. Contra los peligros autoritarios del antifeminismo de las derechas y de los grupos, religiosos y no, de neoconservadores, la consigna de Me cuidan mis amigas apela a la protección mediante el ambicioso programa de amistar a las mujeres entre sí a través del accionar mismo de las mujeres.

Posturismo: qué es capaz de hacer el capitalismo para fortalecerse y derrotarnos (si lo permitimos)

Estándar

Primer Encuentro Virtual de Pensamiento Crítico: La pandemia y sus desafíos.

Segunda mesa: Miradas desde la educación, feminismo y vida cotidiana

Utilizo el término posturismo como una metáfora de lo que el capitalismo agonizante es capaz de hacer con tal de salvar las ganancias y su acumulación en manos de una minoría: amputarse, con la esperanza de que luego aparezca una prótesis inteligente, un órgano importante, pero sacrificable en nombre de concentrar sus esfuerzos en la apropiación de fuentes de agua, minerales, gas, maderas, petróleo y trabajo humano.

Desde que el virus SARS-CoV-2 salió de la frontera de China para alcanzar Italia y las zonas más exclusivas de esquí en Europa y Estados Unidos, se difundió la imagen que el agente infeccioso microscópico acelular que solo puede replicarse dentro de las células de otros organismos, eso es, el virus,  viajaba en avión, utilizaba la octava potencia mundial que produce más C02 (la industria aeronáutica), un sistema de transporte moderno que es urgente modificar y que era aparentemente imparable[1] Más aún, viajaba en avión y se hospedaba en hoteles, en ciudades y aldeas especiales al servicio de la anestesia y la ceguera de los sectores medios y altos que huyen de casa en cuanto pueden, para hacerle de turistas en destinos de los que no ven nada. Puede ser que el nombre de Ischgl, la exclusiva estación de esquí de Tirol, sea desconocido en América Latina, pero es asociado en Europa a un lugar clave de difusión de la pandemia. Así Vail, en Colorado, es asociado a la infección de los ricos esquiadores estadounidenses, mexicanos, colombianos, brasileños que regresando a casa infectaron a sus empleadas domésticas y a amplios sectores de la población. En el hemisferio norte, el Covid 19 se propagó en invierno y afectó primeramente a las zonas de recreación invernal, pero no se detuvo y alcanzó la primavera y el verano, con su industria de sol y playa, con lo que el sector turismo alcanzó un 45% de pérdidas mundiales. No te muevas, quédate en casa: una puñalada mortal al sector turismo que, en 2018,  contribuyó con 8,8 billones de dólares a la economía mundial y generó el 10,4% de toda la actividad económica.[2]

El coste del turismo lo conocemos: concentración de la mano de obra local , despojada de sus trabajos tradicionales para entrar al sector de servicios, desaparición de actividades productivas, destrucción de la flora y la fauna terrestre y marina (en México y Belize es conocida la destrucción de la segunda barrera coralina del mundo por el impacto de los cruceros y por los desechos de cientos de cuartos de hoteles), aniquilación de la ritualidad tradicional en nombre de una falsa festividad para uso y consumo de la fluctuante y poco pensante población turística. Esto sin hablar de la violencia que acompaña las actividades ilícitas que rodean las zonas turísticas, desde la trata de mujeres y niñas para la prostitución y la pornografía forzadas hasta el narcotráfico, y que afectan a regiones cuando no a países enteros. Y pensando todavía menos en que la contraparte del turismo, con sus viajes organizados para que los pasaportes de los países del norte industrial den acceso a cualquier país a sus portadores, son los viajes sin descanso ni comodidades, con peligros y discriminaciones, de poblaciones desplazadas por las guerras, las hambrunas, los desastres ecológicos y el capitalismo de mercado.

Hay ciudades en el mundo cuya población ha preferido mudarse antes que seguir soportando a miles de personas ajenas en sus calles; pensemos en Venecia, por ejemplo. Y ciudades, como Alepo, cuya población ha debido huir por los bombardeos. Así como regiones de pastoreo devoradas por las pistas de esquí, comunidades que temen por la desaparición de sus mujeres jóvenes, costas destruidas por la invasión hotelera, asesinatos selectivos de las mujeres y hombres que dirigen la resistencia de las comunidades indígenas asentadas en playas que los ministerios de turismo promocionan. La industria del ocio no escatima aliarse con sicarios y otros delincuentes con anuencia de los funcionarios de estado que se ocupan de turismo,[3] para que quemen zonas de protección ambiental para ampliar las construcciones y aniquilar bosques, manglares, fuentes de agua, selvas y aldeas.

El ecocidio propio del capitalismo es evidente en la industria turística, así como la producción de valor en detrimento de quienes lo producen. Pero el turismo puede ser sacrificado con tal de incrementar la presión sobre la actividad extractiva y la expoliación de los recursos naturales a las comunidades que los defienden como vida. El extractivismo es un sistema de producción que devora ecosistemas naturales, culturales, sociales y de producciones locales.

Desde que el COVID-19 ha sido declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud en marzo de 2020, la población mundial ha sido bombardeada por una información tendiente a no permitir que circulen más noticias que las que conciernen la enfermedad, su propagación, sus efectos mortales, con el fin de provocar un terror que suspende la voluntad de saber y actuar. Confinada y  a la espera de una solución única, poco probable en realidad, como el descubrimiento de una vacuna efectiva, la población mundial vive en un presente desinformado y controlador. Los medios de información y una parte de la academia han actuado como reproductores y justificantes de los discursos de alarma que sirven de cobertura al capital extractivo. Mientras fiscalizamos las veces que la vecina se lava las manos, las poblaciones migrantes se han encontrado atrapadas en zonas de frontera y confinamiento que van de la más deshumana incuria y hacinamiento, como en Grecia y en Marruecos, a la dispersión y abandono como en México.

Todos detenidos, menos las actividades más destructivas contra el ambiente que garantizan la apropiación y acumulación de valor por parte de las minorías capitalistas que pretenden no ofrecer nada a cambio del uso de los mantos acuíferos para irrigar campos de soya o maíz transgénicos, bañados en pesticidas que envenenan esa misma fuente de agua. Nada a cambio de los cerros y bosques que desaparecen bajo una maquinaria que escarba la superficie de la tierra para extraerle minerales; una actividad destructiva que no produce siquiera trabajos y salarios justos: las zonas mineras son las más pobres en términos de redistribución y bienestar para la población local.[4]

Durante este período de encierro profiláctico, las mujeres han sufrido un doble embate: por un lado se han visto obligadas a convivir estrechamente con hombres potencialmente agresivos y, por otro, a volver a asumir la satisfacción gratuita de las exigencias de reproducción de la sociedad (atenciones de enfermos e infantes, alimentación, cuidados higiénicos, alimentarios, etc.) desde una posición imposible de combatir si se está aislada. La pandemia se ha tornado útil para expulsar los sujetos femeninos del mercado de trabajo capitalista, asalariado, para que ofrezcan servicios gratuitos funcionales al patriarcado y al capitalismo mismo, en el momento que ya no necesitan una gran cantidad de mano de obra.

Durante los últimos 8 meses de alerta sanitaria global,  se ha incrementado la violencia de género como efecto de una precisa determinación capitalista de regresar al orden binario de las posiciones “femeninas” y “masculinas” en un mundo del trabajo donde no se contempla la redistribución de la riqueza entre sectores relativamente amplios de la población. Actualmente, las mujeres pueden ser llamadas o menos a tener hijas/os, según su condición de clase y situación migrante, pero no a decidir libremente sobre sus cuerpos y su capacidad reproductiva. En México hay 400 mujeres presas por aborto (todas ellas pobres y muchas indígenas) y las manifestaciones del 28 de septiembre por el derecho a decidir fueron reprimidas en diversos estados, incluyendo la capital del país, gobernada por una mujer que supuestamente apoya las demandas de las mujeres. Igualmente, mientras no se prestan las atenciones que las víctimas de desaparición, violencia sexual, feminicidio se merecen, un nuevo conservadurismo discursivo hoy responsabiliza a las mujeres de las condiciones de vida, la salud, la alimentación, la flexibilidad laboral y la obediencia a la ley de su núcleo de convivencia.

Para pensar el carácter concentracionario de la economía extractivista, que nos expolia también de las condiciones de una vida digna, en un ambiente que implica desde el aire hasta el derecho al agua y a una salud y educación pública de calidad,  es suficiente pensar que los ¡22 hombres más ricos del mundo tienen más dinero que todas las mujeres de África![5] Gracias a la evasión de impuestos de las empresas que influencian la política, la erosión de los derechos laborales, el recorte de gastos sociales, la expoliación de tierras comunales para la implementación de megaproyectos desarrollistas no requeridos por los pueblos, la brecha se ensancha aunque aparentemente el mundo está detenido. Según la  organización caritativa británica Oxfam, 2 mil 153 multimillonarios tenían más riqueza que 4 mil 600 millones de individuos en 2019, siendo que  el 1% más rico de la población acumula el 82% de la riqueza mundial. [6]  Si a la empresa de gestión de inversiones Black Rock se le considerara como un país, sería el cuarto país más rico del mundo después de China, Estados Unidos y Japón.  La asociación ciudadana ATTAC Acordem, de Catalunya, la califica “el nuevo dueño del mundo”.[7] Si en marzo de 2020 sufrió una crisis, en junio se había recuperado totalmente, mientras que, durante los últimos 8 meses, millones de personas han perdido el trabajo y otros tantos están realizando trabajo a distancia en sus casas, donde deben combinar tareas productivas con tareas de reposición, sin derechos claros al descanso y a la finalización de la jornada laboral.

Eso es lo que ha sucedido desde que el miedo a la muerte por medio de una enfermedad descrita en términos de terror y combatida (es una metáfora militar que se utiliza a diario) desde gobiernos influenciados por una institución global como la Organización Mundial de la Salud, financiada en un 76% por donantes privados, en un 9.8%   por uno solo de ellos, Bill Gates,[8]  por un sector médico empobrecido y desprotegido, mientras la prensa nos habla de un mundo de actividades suspendidas y pececillos en las aguas de Venecia. Recordemos que la soberanía sanitaria implica el derecho al aborto y el derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijas/os que quieren tener; la soberanía alimentaria, la producción campesina de semillas locales y agua limpia, ya que toda la población tiene derecho a alimentarse sanamente y la agroecología implementada por campesinas y ecofeministas es un modo de lograrlo; la soberanía territorial, poder decidir sobre los proyectos que se llevan a cabo en el lugar de vida de las comunidades y poner fin a las agresiones de sicarios y grupos militares, policiacos y paramilitares contra las mismas.

En cuanto al posturismo, apoyemos la muerte de la hotelería y la mercantilización de nuestros lugares de vida, démosle una patada a los capitalistas de Air B&B y volvamos a decir, como era común en México, “mi casa es tu casa” a todas las amigas y amigos viajeros y migrantes. 


[1] No es casual que en plena crisis del transporte aéreo, con muchos vuelos suspendidos y empresas que quiebran, la fabricante europea Airbus cree tres prototipos de aviones enteramente propulsados por hidrógeno, los ZeroE, para paliar las críticas del movimiento ecologista y la negativa de muchos jóvenes verdes de viajar en avión. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/airbus-crea-primer-avion-propulsado-totalmente-hidrogeno_15938

[2] Carmen Porras Núñez, El turismo mundial crece más que la economía global por octavo año sucesivo, 28 de febrero de 2019, Hosteltur, https://www.hosteltur.com/127128_el-turismo-mundial-crece-mas-que-la-economia-global-por-octavo-ano-sucesivo.html#:~:text=La%20aportaci%C3%B3n%20del%20turismo%20a,%26%20Tourism%20Council%20(WTTC).&text=En%202018%2C%20el%20sector%20contribuy%C3%B3,de%20toda%20la%20actividad%20econ%C3%B3mica

[3] El caso más notorio es el de las comunidades garífunas de Honduras, asentadas frente al mar Caribe, que se resisten al despojo por parte de la industria turística. En los últimos 10 años, desde el golpe de estado de 2009, se han incrementado las persecuciones, la criminalización, la desaparición y el asesinato y el despojo de sus territorios, para la instalación de mega proyectos hoteleros que son otorgados con la complicidad del Estado de Honduras. El estado en ocasiones se apoya en los migrantes que regresan de Estados Unidos donde han adquirido costumbres de propiedad privada. María Ángeles Fernández y J..Marcos, “Los proyectos turísticos asedian al pueblo garífuna de Honduras. La desaparición de cuatro jóvenes afrodescendientes evidencia la violencia y la persecución que viven estas comunidades”,, Público, 16 de agosto de 2020, https://www.publico.es/internacional/comunidad-garifuna-proyectos-turisticos-asedian-pueblo-garifuna-honduras.html  y cfr. https://ofraneh.wordpress.com/2017/04/27/honduras-220-anos-de-resistencia-y-la-sobrevivencia-de-la-matrifocalidad-del-pueblo-garifuna/

[4] En México, la Cámara Minera reconoce que la minería representa el 2.4 del producto interno bruto (PIB) nacional y 8.2 por ciento del PIB industrial, pero no informa acerca de la destrucción ambiental, el envenenamiento de acuíferos, del aire y de la tierra, ni de la brutal explotación de las y los trabajadores. México es el primer productor de plata del mundo, pero Fresnillo, la ciudad de donde se extrae más mineral, cuenta con un 46% de su población en condición de pobreza. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sostiene que 40 por ciento de quienes habitan en ocho de los 10 municipios que más oro producen en el país viven en extrema pobreza. Cfr: https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/Documents/Fichas-Monitoreo-y-Evaluacion-2017-2018.pdf

[5] Oxfam Internacional, “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla”, https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla

[6] Oxfam Internacional, “Tiempo para el cuidado”, 20 de enero de 2020, en: https://www.oxfam.org/es/informes/tiempo-para-el-cuidado

[7] ATTAC ACORDEM (acció ciutadana orientada a la democràcia econòmica) es una asociación de ciudadanas y ciudadanos constituida en enero de 2010. Está federada a ATTAC España y pertenece a la red del movimiento internacional ATTAC (asociación para la tasación de las transacciones financieras en ayuda al ciudadano) En su boletín del 12 de julio de 2020 publicó “Conoce a BlackRock, el nuevo dueño del mundo”, en el cual no solo lo describe como  el mayor administrador de activos y “banco en la sombra” del mundo, más grande que el banco más grande del mundo (chino), con más de 7 billones de dólares en activos bajo administración directa y otros 20 billones de dólares administrados a través de su software de monitoreo de riesgos Aladdin, sino que ha promovido el fin de la independencia del banco central uniendo la política monetaria con la política fiscal.  La crisis de COVID-19 presentó la oportunidad perfecta para ejecutar esta propuesta en los EE.UU., y esta empresa privada fue designada para administrarla. En marzo de 2020, se le otorgó un contrato sin licitación bajo la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus (Ley CARES) para desplegar un fondo ilícito de 454.000 millones de dólares establecido por el Tesoro en asociación con la Reserva Federal. Este fondo, a su vez, podría ser apalancado para proporcionar más de 4 billones de dólares en crédito de la Reserva Federal. Mientras el público estaba distraído con protestas, disturbios y cierres, BlackRock repentinamente emergió de las sombras para convertirse en la “cuarta rama del gobierno”, manejando los controles del dinero fiduciario impreso a pedido del banco central. https://www.acordem.org/2020/07/12/conoce-a-blackrock-el-nuevo-dueno-del-mundo/

[8] https://elordenmundial.com/financiacion-organizacion-mundial-salud-oms/  

De reseñas,poemas, ideas y días lentos

Estándar

Un día que empieza con solecito en el horizonte, mi hija dormida a lo ancho de la cama, bella como la mañana, la esperanza de un paseo en bicicleta por Chapultepec…. la nueva, serena delicadeza de los días lentos que emergen de meses y meses de encierro, mientras sé que en este mismo país no paran la minería, la construcción de megaproyectos que los pueblos rechazan, los ríos son ensuciados y los bosques talados. ¿Nueva realidad?

Hacer suelo es escribir poesía

Es leer cosas casi de casualidad. Recuperar los libros y gozar el tiempo de girar la página.

He terminado mi novela hace un mes, ¿es tiempo devolverla a leer? La he enviado a cinco amigues muy especiales, uno me dijo que hay diálogos que trabajar porque son un poco ríspidos, otra me dijo que le emocionó y se enamoró de algunas personajas, los otros no me dijeron nada, nada, nada.

Entonces me encontré una mañana en internet con una reseña que una académica joven del país español pero que escribe (bien) sobre los pueblos de Centroamérica y sus migraciones internas y sus construcciones de ciudadanía , Aránzazu Robles Santana, escribió alguna vez una reseña sobre Feminismos desde Abya Yala, en inglés. Vaya, héla aquí: https://www.academia.edu/19685519/Book_Review_in_the_Journal_of_the_Native_American_and_Indigenous_Studies_Feminismos_desde_Abya_Yala_Ideas_y_proposiciones_de_las_mujeres_de_607_pueblos_en_Nuestra_Am%C3%A9rica_Francesca_Gargallo_Celentani

[PDF] Estética y feminismo. 2 artículos de Hilde Hein

Estándar

Sentipensares Fem

Clic sobre la imagen para descargar el PDF

PDF: https://wp.me/a7SXtz-f1


Estética y feminismo. 2 artículos:

Sumario

El papel de la estética feminista en el feminismo (1990)

Feminismo como teoría
La relación entre la estética feminista, el arte feminista y la teoría feminista
Algunos modelos estéticos para la teoría feminista
Reconstrucciones feministas de visión y creación
Conclusión
Notas

Sumario

¿Por qué no la teoría estética feminista?

La esencia del hombre es la razón
Teoría estética histórica
La exclusión de las mujeres de la estética convencional
El rastro cognitivo
Ofuscación conceptual de la creatividad práctica
Superando el estado del objeto
Hacia una estética feminista
La relevancia de la estética para la filosofía
Trabajos citados
Notas


Autora:

Hilde Hein

Traducción:

Ver la entrada original 89 palabras más

Lo que le contesté a las Paraguas Feministas

Estándar

Queridas feministas, todas, del paraguas:

Me gustó mucho su paraguas y el manifiesto que lo acompaña, pero tengo una duda con la palabra “cisheteropatriarcal”. Mi disconformidad es con la primera sílaba “cis” para definir a las mujeres, feministas o no, que nacieron XX, y que por eso han sido marcadas por el movimiento trans como no suficientemente discriminadas o gozantes de un privilegio. Es una “categoría” que en su uso tiende siempre al biologicismo. Por lo menos yo, que dialogo con diversos grupos, sectores, y colectivos feministas, no conozco a nadie que la use de otra forma.
En una “junta de reconciliación” o manifiesto de paz, con el cual concuerdo, hay que cuidar el lenguaje. No hay que olvidar que “mujeres” es una identidad abierta, tanto que ha permitido que nos juntemos muchas, dando pie a corrientes de pensamiento y acción abierta, con el objetivo común de poner fin al patriarcado, un sistema que históricamente ha descansado en la construcción de jerarquías.
Medirnos por privilegios, sufrimientos y opresiones no nos va a unir, sino a acabar. Literalmente va a minar los diálogos feministas, lo cual redunda en beneficio de  patriarcas, capitalistas, jerarcas de iglesias y conservadores de toda laya.
Usar el término heteropatriarcal implica ya una crítica a los géneros binarios y a los géneros en sí. Negar la historia de la toma de conciencia y fuerza revolucionaria de las rebeliones y demandas de las mujeres desde finales del siglo XVIII en nombre de supeditarlos a las demandas de las actistas feministas trans, que el propio feminismo ha permitido que se expresaran a su par, y cobijar como únicas sus demandas (que tienen su propia historia y sus motivos de luchas con los cuales reconocerse, en el ámbito de los feminismos y contra la represión heteropatriarcal), por el contrario, va a impedir que las mujeres se reconozcan con derechos y libertad de expresión en su propio movimiento.
Abrazos y felicidades por su iniciativa
Francesca Gargallo Celentani
Y este es el texto de Paraguas: https://paraguasfeminista.wordpress.com/

Feminismos de América Latina en la revista Latin Amerika

Estándar

“2018: Un año fuerte para las feministas en Nuestramérica”, por Francesca Gargallo, en la revista Latin Amerika, número dedicado a los feminismos de América Latina, 2019.

En español aquí la puedes descargar:

LA-FAL

PDF: Feminismo_2019_version en castellano, digital

“Edición especial en castellano. Este número está dedicado a las luchas feministas, a las luchas de las mujeres, a la lucha por la liberación de todxs. La revista es producida por el Comité Noruego de Solidaridad con América Latina (LAG-Norge). Para este nuevo número de nuestra revista nos hemos inspirado en la filósofa negra y feminista Djamila Ribeiro de Brasil.” – LAG-Noruega Latin Amerika

 

Los amigos de la coyota risueña y loca [audiolibro, PDF y ePub]

Estándar

 

La historia de este cuento

Era 1993 y acababa de nacer mi sobrino Gerlando, quien me llenó de alegría, y el sobrino de Guillermo, quien, estando más cerca, nos permitía interactuar con él y contarle historias. Entonces con un gran amigo de Guillermo, el escritor zapoteca Mario Molina nos pusimos a dialogar sobre si una narración tiene el mismo peso en diversos lenguajes, el de otra lengua o el de otro arte, como es el caso de los dibujos de un pintor. Así que cuando terminé de escribir la historia de la Coyota Loca y sus amigos, Guillermo dibujó el cuento y Mario lo tradujo a la lengua zapoteca de los Valles Centrales de Oaxaca. Ahora les toca a las niñas y niños de todas las edades decir si hemos logrado contar la historia de la posibilidad de narrar una y otra vez lo que importa en tres lenguajes diferentes.

Francesca

 

ESCUCHA AQUÍ EL CUENTO EN ESPAÑOL

 


 

EL CUENTO EN FORMATOS DESCARGABLES

• AUDIO mp3: Narración en voz de Francesca Gargallo, autora (español)
https://archive.org/download/francesca-gargallo-y-la-coyota/Francesca-Gargallo-Los-Amigos-de-la-Coyota-Risuena-y-Loca.mp3

• PDF del cuento bilingüe (español-zapoteco) ilustrado
https://archive.org/download/francesca-gargallo-y-la-coyota/Francesca-Gargallo_Los-amigos-de-la-coyota_texto-bilingue.pdf

 

• EPUB del cuento bilingüe (español-zapoteco) ilustrado
https://archive.org/download/francesca-gargallo-y-la-coyota/Francesca-Gargallo_Los-amigos-de-la-coyota_texto-bilingue.epub

 


 

Actuar desde la perplejidad: entre prácticas de sobrevivencia, impotencia ideológica y diálogos desde las autonomías

Estándar

El 19 de marzo de 2020, hace apenas tres semanas, íbamos a inaugurar en Bogotá un Foro para pensar entre economistas, feministas, periodistas, ecologistas, activistas, campesinas, médiques, maestres, pedagogues, filósofes y un largo etcétera de profesiones ejercidas por personas de diversas culturas, cómo podría ser un futuro postcapitalista.

Era un ejercicio con miras a poner en práctica formas de vida menos consumistas y depredadoras. Sabíamos de los planteamientos de quien postula la necesidad de un decrecimiento, pero no entendíamos cómo hacerlo funcionar. Todo adquirió otra dimensión después de que el Covid 19 fue declarado pandemia y Colombia decretó la suspensión de los actos públicos y, luego, la cuarentena. 

Hoy vivimos encerrades en nuestras casas (cuando tenemos la suerte de tener una), con temor al contagio, sentimientos de impotencia, furia por la interrupción de las acciones callejeras de las mujeres en demanda de justicia y, también, miedo al futuro.¿Qué pretende decirnos el sistema cuando nos dice que después de esta crisis nada va a ser como antes?

El mundo reclama superar la crisis en la que estamos metidos ...

 

Yo iba a inaugurar el Foro con esta conferencia.

 

En los últimos años, he perdido la medida de las probabilidades para predecir el clima, los cambios sociales, la calidad de vida de las mayorías. No sé qué esperar cuando me detengo a pensar en la superación de las jerarquías de género, los avances científicos, la represión de estado, la violencia delincuencial, la verdad de las informaciones o los flujos migratorios. Dudo enormemente al comparar modelos y percibo el incremento de la brecha entre las demandas ciudadanas y las propuestas institucionales. Las investigaciones de las universidades del mundo no me ayudan, ya que no producen nada novedoso. Me provoca una dolorosa incredulidad la reproducción académica del status quo; sólo se estudia lo que se financia y solo se apoya económicamente lo que se considera “estabilizador”.

Me desespera la pérdida de la capacidad de observación de las mayorías frente a prácticas de subordinación de la población civil al poder militar o policial, como en los gobiernos elegidos después de golpes de estado parlamentarios, el de Honduras, con Juan Orlando Hernández, o el de Brasil con Bolsonaro. Me pregunto asombrada cómo es posible que nadie recuerde los experimentos eugenésicos de los médicos nazistas cuando se ventilan las amenazas de una guerra genética con enfermedades desarrolladas por laboratorios racistas con base en el ADN de las personas. ¿Qué fuerza tienen los Big Data que utilizan las grandes plataformas digitales para que con sus trillones de datos obtenidos sin pedir permiso me sienta confundida ante la relación que tengo con la naturaleza y sus organismos, con la sociedad y mi derecho a la fantasía?

En los últimos años he vivido en un estado existencial de alta perplejidad y me temo que no es una experiencia individual.  Muchas personas, la mayoría de las que yo conozco, se sienten desconcertadas ante qué pensar o qué decir para actuar.

En un mundo de conexión constante a aparatos que emiten sonidos, mensajes e imágenes e influyen económica y políticamente en nuestras decisiones, no encuentro el tiempo para analizar informaciones que son solo superficialmente diversas y originales. Claro, según los ensambladores de la robótica, la biotecnología y las tecnologías de información, la velocidad es su gran logro.[1] Pero yo convivo enojada con el malestar de estar recibiendo constantemente un tipo de propaganda que trasciende lo comercial, un no tan sutil proselitismo: Tenga miedo; recele de los saberes que se producen fuera de las universidades reconocidas; confíe en las soluciones que vendrán del contubernio entre grandes capitalistas, bancos y estados.

Esta propaganda controla la difusión científica que, ante la crisis de la física como ciencia dura, no sabe cómo lidiar con las ciencias de la vida, en primer lugar, con la biología, que no puede reducirse a ninguna mecánica porque la vida es autónoma. Me intriga que después del surgimiento de las ciencias de la complejidad en la década de 1970, cuando filosofía, física y matemática se enfrentaron a la autoorganización de una naturaleza múltiple y dinámica porque el mundo no es la gigantesca máquina del paradigma newtoniano, hoy los medios nos ofrezcan sólo dos perspectivas de futuro que, en realidad, son dos brutales metarrelatos: por un lado, la destrucción ambiental total, una catástrofe prevista desde hace un siglo. Por el otro, la robotización del trabajo, de la medicina, de los cuerpos y la ingeniería genética que prolongará nuestras vidas muchos más allá de los 100 años.

¿Quién desea vivir tanto en el caos climático que nos enfrenta a mares ácidos, sequías, precipitaciones impredecibles, calores infernales y tormentas?

Pero, sobre todo, ¿quién se abroga el derecho de hacer previsiones sobre el caos climático cuando ya se nos ha enseñado que todo mecanicismo, aunque pretenda abarca de lo nanométrico al planeta en su conjunto, conduce al reduccionismo?

La convergencia de la automatización robótica, de las tecnologías moleculares metabólicas y de la geoingeniería climática empuja a los megacapitalistas tecnólogos como Bill Gates a imaginar intervenciones en ecosistemas enteros.[2] Insisten a través de la ONU y el Banco Mundial que los estados obedezcan su muy elaborado proyecto económico de inversión en tecnologías éticamente dudosas para evitar la caída del rendimiento agrícola, como la geoingeniería solar y la biología sintética y genética.[3]

Frente a la avasalladora presencia de las tecnologías convergentes en los medios, poco se dice de los estudios que se realizan durante tiempos largos, sin fines de ganancias, que cruzan la historia con la biología, el feminismo con las ciencias ambientales y la química con la antropología. Estos estudios no gozan de difusión mediática porque, si reportan situaciones preocupantes, no son alarmistas, difunden informaciones comprobadas y se sostienen en una ética ecológica básica, la de no hacer correr riesgos a la vida en la Tierra. Proponen soluciones abiertas al investigar sobre un espectro muy amplio de efectos sistémicos generados por la acción humana en ecosistemas diversos y nos recuerdan que, si bien es más fácil destruir que crear, los seres vivos son sistemas abiertos, se comen el orden, producen desorden, luego se autorganizan porque se mueven coherentemente.

Desde antes de ganar el Premio Nobel en 1995, el químico y meteorólogo Paul Crutzen se ha dedicado a las condiciones provocadas por las actividades humanas en los procesos ecológicos, llegando a la conclusión de que ellas han creado nuestra era geológica, la que él mismo bautizó Antropoceno.[4] Si bien estas han perturbado grandemente la atmósfera, los océanos y los suelos, como Crutzen y su equipo han demostrado, desde una propuesta feminista de poner fin  a la autoridad moral del poder que se sustenta en las jerarquías, puede visualizarse un cambio cultural ante el caos ecológico. Si yo no creyera que un modelo social invivible para las mayorías, como el que sobre la diferencia de género erige una estructura de poder jerárquica y agresiva, puede revertirse, no me atrevería a pensar en cómo actuar para poner fin al consumismo y convivir en comunidades ambientalmente no dañinas. Muchos pueblos indígenas insisten en decirle al mundo lo urgente y posible que es.

En este preciso instante, millones y millones de moléculas se mueven coherentemente en lo que llamamos materia. Es poco probable, pero eventualmente posible, que su conducta sea reversible, precisamente porque pueden moverse. Asumir esta calidad móvil de la materia nos permite pensar otros sistemas, quizás cambios colectivos enormes y, por qué no, horizontes tan nuevos como impredecibles.

Ya sé, no he terminado de enumerar los motivos de mi estado de perplejidad cuando ya sostengo la probabilidad de dinámicas emergentes, colectivas, que pueden llevarnos a abrir el horizonte del futuro a algo más que una economía hipercapitalista de adaptación al cambio climático que beneficiaría (si es que lo lograse) a la minoría de los sectores más ricos.

Voy a referir primero los principales síntomas del estado que me dificulta vivir libre de ansias en este presente que comparto con un número de seres humanos tan alto como nunca antes se había llegado a concentrar sobre la tierra, mayor al de todas las personas que vivieron desde la aparición del homo sapiens hasta la Segunda Guerra Mundial, 7 500 millones de personas.[5]

  1. Me desconcierta la reacción violenta ante la potencia de mujeres muy diversas. Desde hace más de medio siglo, las formas de pensamiento y relación de las feministas conducen a replantear la entera estructura de poder. Han producido una abundancia de recursos discursivos contra las jerarquías; pero un moralismo reaccionario intenta suspender sus acciones, impidiendo la circulación de ideas y representaciones y embridando las fantasías de liberación. Este moralismo reaccionario, en las sociedades consumistas del capitalismo contemporáneo –que tienen la pretensión de ser el modelo para todas las demás-, manipula la angustia masculina ante el derrumbe de sus privilegios y desencadena un odio consumista y violatorio contra los cuerpos de las mujeres, las niñas y todas las personas feminizadas.
  2. Me provoca un pasmo parecido la evidente destrucción ambiental en nombre del incremento de la producción de bienes fugaces en una sociedad insaciable. Una mitología economicista del crecimiento (nunca bien especificado: ¿crecimiento del bienestar, de la ciencia, del nivel de vida, de la acumulación de riqueza en pocas manos?) oculta que la Tierra es un sistema cerrado y sus materiales no se reproducen. La exaltación del crecimiento evita que se ponga en cuestión la asimetría entre extracción de recursos y reposición, la transformación de los bienes naturales en residuos, el deterioro de la corteza terrestre; eso es, evita cuidadosamente resaltar la diferencia entre el comportamiento de la biósfera, donde todo se recicla en una sucesión de procesos encadenados, y la sociedad industrial, que devora recursos y expele basura a un ritmo suicida.
  3. Me descoloca y me pone en tensión que las facilidades para el comercio hayan abierto las fronteras a la libre circulación de bienes al tiempo que restringen los desplazamientos internacionales de personas, ilegalizando uno de los derechos humanos reconocidos desde la Revolución Francesa, eso es, el derecho a la libertad de movimiento de personas iguales. Sólo aceptando la existencia de estamentos no igualitarios, con fueros especiales, como en el Antiguo Régimen o las sociedades de castas, es pensable que ciertos pasaportes ofrezcan facilidades para viajar y otros se conviertan en trabas.
  4. Me confunde la actual definición de trabajo y sus perspectivas, donde por un lado se apela a su digitalización y robotización, achicando grandemente el empleo de mano de obra, y por el otro, en un mundo altamente urbanizado y sin salidas laborales de corte campesino, condena a la imposibilidad de acceso a los ingresos a la inmensa mayoría de la población. ¿A qué niveles de desigualdad nos conduce esta situación?

 

El riesgo de pobreza sube en todos los países industrializados y alcanza cifras brutales en las abultadas ciudades de los países desestabilizados por un modelo de producción que cataliza la explotación y el despojo. Hambre, falta de acceso a los sistemas de salud, limitaciones a la educación y una escasez de satisfactores mínimos afectan a la población que no accede a trabajos dignos. ¿Acaso una situación que despierta la fantasía de encontrar un trabajo bien remunerado en otro lado? ¿De qué se alimentan los sueños de quien abandonan su lugar de nacimiento lanzándose a una aventura que se acompaña de marginación y persecución?

Reales mercados de esclavos surgen en países como Libia donde la migración es detenida artificialmente por la violencia de la legislación de la Unión Europea sobre migración y la concreta violencia de grupos armados y sin control, entre los cuales buscan sus beneficios los tratantes de personas.[6] Igualmente el tráfico de niñas, niños, mujeres y hombres se incrementa en las rutas de migración que cruzan por el Tapón del Darién, entre Colombia y Centroamérica, y que atraviesan México.[7] ¿Qué servicios deben prestar esas personas? ¿De qué van a servir en los países de destino si la prensa difunde de manera poco consciente que para 2050 el 80% del trabajo será robotizado?

En México, se habla insistentemente del tráfico de órganos humanos, ojos, riñones, tejidos para las clínicas y hospitales estadounidenses, sin que se puedan confirmar ni desmentir definitivamente esos rumores.[8] ¿Personas que al dejar de servir como trabajadores se convierten en piezas de recambio para otras? ¿Están informadas las personas migrantes que se les quiere sustituir por robots? Lo pregunto honestamente porque los medios se hacen eco de la idea que las poblaciones del sur del mundo se desplazan para mejorar sus condiciones económicas, aunque a todas luces eso es falso: la mayoría huye de diversas formas de despojo o destrucción territorial y de la represión que conlleva peligros para su vida. En las rutas migratorias, el crimen organizado en México los expone a una secuencia de actos criminales, que van de la violación sexual como tributo de tránsito para las mujeres, a los asaltos con fines de extorsión, a los secuestros para cobro de rescate, a su utilización con fines de explotación sexual. Los segmentos duros de esta cadena delictiva son el sicariato forzoso para los hombres y los trabajos forzados de las mujeres en casas de seguridad del crimen organizado. En estas casas, supuestamente, se resguardarían también las personas secuestradas para servir en el mercado de los órganos.

La precarización del mercado laboral asalariado convive con un aumento de las ganancias de empresas cuyos dueños o beneficiarios son difícilmente identificables, de no ser por sus modos de vida y sus gastos suntuarios, fruto de una desmesurada, excesiva, riqueza.[9]

Según el informe presentado el 20 de enero de 2020 en el Foro Económico Mundial (o de Davos) por la organización benéfica Oxford Committee for Famine Relief, OXFAM, la desigualdad económica está fuera de control y es clasista, racista y sexista. 2153 milmillonarios en 2019 poseían más riqueza que 4600 millones de personas, poniendo al descubierto que el sistema económico valora más la élite privilegiada que el trabajo esencial de cuidados, que se calcula en millones de horas no remuneradas, y que llevan a cabo fundamentalmente mujeres y niñas.[10] La creciente disparidad entre la población milmillonaria, que disminuye en la proporción numérica hasta  ese 1% de la población que posee tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante, se ha vuelto más rica a raíz de la crisis de 2008.[11] Sin embargo, esta mínima parte de la población mundial acaparra la atención de la casi totalidad de los medios de difusión masiva y tiene mucha más audiencia en las redes sociales que todas las y los intelectuales, artistas y científicas del mundo.  Los sectores más retrógrados de los religiosos del mundo alaban la riqueza material en televisiones de su propiedad e incursionan en política apelando al derecho de los ricos a dirigir el mundo. Los neoevangélicos se han introducido en el poder legislativo de Brasil hasta conformar un bloque antifeminista, racista y favorable a las biotecnologías y los experimentos agrícolas. Poder e influencia en nombre del dinero y la cultura de la expoliación.

 

Estos son los principales motivos de mi estado existencial de perplejidad. Si bien no me facilitan una mirada optimista sobre la realidad, me niego a caer en la desesperanza. Creo que sin humanos la tierra estaría en equilibrio, pero acepto el método maya tojolabal de pensar escuchando y reflexionando con  otras personas, que describió mi maestro Carlos Lenkersdorf:[12] la mente colectiva humana es capaz de comprender el universo.  Puede ser que esforzarme en la emergencia de otro sistema responda a un in-consciente deseo de venganza contra el sistema patriarcal, racista y capitalista expoliador, que nos quiere someter. Puede ser que reflexiono sobre un futuro no determinista porque soy una narradora, eso es, una artista, y la idea de creación no me es ajena. El hecho es que me esfuerzo en  actuar aún sin seguridades ideológicas ni expectativas firmes.[13]

No se trata de que crea en un futuro mejor, me son ajenos esos versos de Mayakowsky en el que el poeta ruso declaraba: “Otra vez enamorado, entraré al juego, / iluminando con fuego la curva de mis cejas.” No creo en el amor y mis cejas se están despoblando, pero he llegado a la madurez sin haberme suicidado. Agotadas las ideologías políticas, escarbo en mi estado de perplejidad, porque el sistema gasta muchas energías en demostrar que no hay cambios posibles, que la realidad es la que es, que el coronavirus exige un sistema de control sanitario mundial, que la riqueza material es el único deseo de la gente y que mediante ella un dios reaccionario nos elegirá. Este obcecado esfuerzo despierta mi curiosidad: ¿por qué el sistema gasta en él sus recursos emotivos si cree que existe un único camino al crecimiento?

 

Hay por lo menos cuatro grupos de personas que me ayudan a no caer en la desesperanza: las feministas, las y los migrantes, los pueblos originarios y las y los ecologistas. Se trata de colectivos diversos que se han organizado desde la vida cotidiana, personal y comunitaria, y no desde conjuntos normativos de ideas, creencias y emociones que imponen una conducta social, eso es, no desde esas ideologías que, desde la Revolución Francesa a la crisis del neoliberalismo, intentaron representarnos el sistema e imponernos un modo de acción.

Pueblos originarios y ecologistas se ocupan en defender el agua, los bosques, el derecho a regirse por culturas ajenas al sistema capitalista dominante; las y los migrantes exigen la libertad de desplazarse sobre la tierra; y las feministas aspiran a relaciones humanas sin marcas de género y raza. Sus colectivos existen en todo el mundo y se nutren de diferentes culturas; comparten el hecho que son perseguidos, asesinados y vilipendiados por los agentes de empresas, iglesias y gobiernos que apuestan exclusivamente a la carrera del beneficio monetario.

La violencia contra las mujeres y las niñas acaparra hoy la mayor parte de las informaciones sobre la vida de la mitad de la humanidad. Las proporciones pandémicas y su difusión apelan a la más difusa violación a los derechos humanos.[14] Sin embargo, la denuncia de la violencia no se enfoca a su prevención y a la liberación del tiempo y las fantasías de las mujeres, sino a contener las acciones de las mujeres como seres sociales, cuyo trabajo debe ser registrado como fundamental para sus sociedades y su creatividad, valorada. ¿Es la violencia de género un acto punitivo contra las mujeres que contravienen la dominación masculina o una cerca contra sus propuestas civilizatorias? Si las mujeres lograsen una acción libre de marcas de género, derrumbarían la estructura del poder, con sus agresiones y exhibiciones de la virilidad como valor que reafirma la diferencia de género. Hoy aproximadamente 140 mujeres al día alrededor del mundo son asesinadas por hombres que presuntamente las querían, conocían o tenían la obligación de cuidarla. El 42% de los asesinatos de mujeres están ligados a subculturas que revalidan una y otra vez la diferencia de género para que los hombres puedan ostentar su masculinidad, asociando su poder sexual y social con el poder de dar muerte.[15]

El crecimiento de la violencia extrema contra las mujeres feministas y las defensoras de los derechos humanos puede asociarse a una voluntad de subordinación, que es fácil acomunar a prácticas de guerra: la violencia contra las mujeres que no se someten a la dominación de la cultura masculina sería, desde esta perspectiva, una estrategia defensiva. Sin embargo, impedir el goce de una vida sin marca de género es un asunto político, el intento de volver a imponer la desigualdad en el mundo de la diferencia económica y la expoliación de la naturaleza.  Ahí donde se perfila una élite, por el motivo que sea (militar, sexual, económico, étnico, profesional, tradicional, o todos ellos interrelacionado por un interés común), vuelve a apurarse la justificación de los abusos contra las demás personas para afianzar su estatus jerárquico. Los privilegios de las élites, siendo específicos y excluyentes, son profundamente contrarios a los derechos que, por lo menos en la definición liberal vigente, son iguales para todas las personas.[16] La más amplia élite de las culturas euro-asiáticas dominantes, y sus sucedáneas americanas, africanas y australianas, la conforman los hombres de identidad masculina; esta depende para subsistir de la subordinación femenina, por lo tanto niega la igualdad de las mujeres y otorga autoridad moral a su poder.[17]

Contra las mujeres, las personas que migran, las personas que levantan la voz por el derecho a la diferencia sexual, cultural, religiosa y los derechos humanos, actualmente se profieren discursos de odio que apelan a la homogeneidad étnica y a la “naturaleza” de la diferencia sexual, eso es, la dominancia masculina, la subordinación femenina y la perversidad de la homosexualidad y la inter y transgeneridad.

Dirigentes políticos de sectores reaccionarios utilizan un discurso duro de carácter misógino, xenófobo, homofóbico y contrario a los datos que revelan el grado de deterioro ambiental para garantizarse el apoyo de parte de ese 99% de población empobrecida y sin esperanzas que necesita echarle la culpa de su condición sistémica a alguien que puede indicar como diferente de sí y de sus costumbres. Este discurso de odio normaliza la violencia y estigmatiza las mujeres que se organizan o defienden los derechos humanos. Ataca su reputación, su honor y las tilda de madres que descuidan a su prole, malas hijas, agitadoras, esposas que no se ocupan del bienestar exclusivo de su esposo, terroristas, para desacreditarlas. Las expone así a una hostilidad que los medios de comunicación y las iglesias conservadoras acrecientan  descalificando públicamente su trabajo, dando detalles de sus vidas, amenazándolas de quitarles a sus hijas/os y facilitando de hecho que sean agredidas sexualmente y sus vidas corran peligro.[18]

Los discursos de odio apelan a la urgencia de subordinar a las mujeres para mantener el estatus. Rechazan, por lo tanto, el valor simbólico y económico del trabajo que históricamente han realizado, adaptado y transformado. Las labores domésticas, también llamadas tareas femeninas, y que incluyen cuidados físicos y apoyos emotivos, alimentación, embellecimiento, limpieza y mantenimiento de la vivienda, trabajos voluntarios y creación de redes afectivas, administración de la economía del núcleo de convivencia, compras, preparación y cuidado de la ropa y el calzado, son considerados irrelevantes, rutinarios, naturales. Las pocas mujeres que los grupos reaccionarios consideran dignas de aceptación o son esclavas domésticas o son mujeres masculinizadas por un trabajo productivo de alto rendimiento monetario. A estas últimas, se les confiere el derecho de explotar a otras mujeres, las subordinadas por motivos de clase, condición migrante, o jerarquía escolar. Nuevamente, la condición histórica de las personas consideradas femeninas implica el sometimiento.

Desde 2015, un imponente movimiento feminista, juvenil, callejero y anticlasista, donde han confluido artistas y artesanas, estudiantes, trabajadoras de los nuevos empleos precarios –call centers y bares y restaurantes, con contratos individuales, temporales y que pueden concluirse sin responsabilidad para el patrón-, activistas barriales, ecologistas, profesoras y madres de desaparecidas y víctimas de feminicidio, ha tomado las calles. A los gritos de ¡Ni una [asesinada] más!, en México, y ¡Ni una [mujer] menos!, en Argentina, su acción gira en torno a la violencia, pero asume lo creativo y propositivo de los cuidados entre mujeres, del placer y el deseo, de los trabajos no competitivos y del tiempo de reflexión.

Las primeras denuncias sobre acoso, se vehicularon alrededor de la apropiación masiva de una instalación-performance de una conocida artista feminista mexicana, Mónica Mayer, que había presentado el primer tendedero público de denuncias ya en la década de 1980. Cuando el movimiento feminista mexicano salió a la calle el 15 de abril de 2016 contra los feminicidios, muchas mujeres ya habían narrado cuál había sido el primer acoso de su vida. En 2019, el canto y danza coral “El Violador eres tú”, compuesto por el colectivo Las Tesis en Chile, y traducido y cantado por mujeres de todo el mundo, presenta una cohesión alrededor de un hecho estético significante por masas de mujeres. Las mujeres de América Latina, mestizas urbanas, indígenas en defensa de su territorio, afro, trabajadoras y estudiantes, lo tienen muy claro: es su derecho no sufrir violencia y defenderse de las agresiones. Esta combativa actitud del feminismo, desde 2015, rompe con las estructuras de poder y las prerrogativas masculinas, por lo tanto, actúa contra todas las demás marcas jerárquicas de raza, clase, edad, sexualidad y condición física.

La vinculación entre feministas urbanas e indígenas organizadas no es nueva y no está exenta de tensiones y desconfianzas. Muchas mujeres de los pueblos originarios rechazan la asociación de su accionar con el feminismo porque lo tildan de racista, individualista y ajeno a la comprensión de las necesidades de las comunidades. Sin embargo, algunas acciones coordinadas han dado lugar a una reflexión sobre qué es la justicia y qué es la comunidad para las mujeres. La feminista quechua Tarcila Rivera Zea sostiene que la peor forma de violencia que sufren las mujeres indígenas es el racismo. Entender el feminismo desde las mujeres otras, que las explotan en el trabajo doméstico, y preguntarse si se consideran feministas, es un trabajo largo y difícil de recuperación de las referencias propias para construir un concepto propio de feminismo. Para Lorena Cabnal, feminista maya-xinca, ser feminista y defensora de los derechos comunitarios es un solo camino e implica la defensa del propio territorio como cuerpo de vida, instrumento de comunicación interpersonal y comunitaria para la sanación. Los contextos donde se desenvuelven las feministas indígenas están atravesados por violencias diferentes en las ciudades mestizas y racistas y en las comunidades tradicionales, pero ambos revelan la persistencia del machismo y la lesbofobia. Los dirigentes comunitarios hombres no comprenden las estructuras del deseo de las mujeres, expresan que las reivindicaciones de género son colonialistas, que separan a los hombres y las mujeres y no consideran su complementariedad. Llegan a marginar o expulsar a las feministas de sus comunidades.

En 2004, en Guatemala, para sanar las consecuencias de la represión militar en la época del genocidio (concentrado en 1981-83, aunque duró toda la década de 1980), las mujeres de diversos pueblos mayas que habían visto masacrar a sus comunidades y en ocasiones habían quedado embrazadas durante las violaciones militares se unieron con mujeres mestizas que vivieron la represión en las ciudades y unas feministas internacionalistas. Se nombraron Actoras de Cambio y pusieron en común sus deseos. La base de su intercambio es la posibilidad de reconstruirse después de haber vivido el horror y crear un mundo de respeto y libertad para las mujeres, donde la violación sexual, la guerra y el racismo ya no sean tolerados ni considerados como algo normal. Crear es la palabra clave, porque implica el surgimiento de lo que aún no existe, la justicia para las mujeres. Crear hace interactuar propiedades previas al momento, ambiguas, pero potencialmente constructoras de nuevas formas de proceder socialmente.

La defensa de los territorios ancestrales implica sus fuerzas sutiles, la espiritualidad de la tierra, el agua, la comunidad, el aire, los bosques, los animales, que son comunes y no son negociables. Al interior de las comunidades, ahí donde estas son receptivas, o a sus márgenes, donde los dirigentes hombres las acusan de ser divisionistas, las mujeres aportan reflexiones fundamentales sobre la relación colonial entre sexualidad, agresividad y poder. La reciente conversión de la rebelión popular contra el cuarto mandato presidencial de Evo Morales en un golpe de estado racista y antipopular, por parte de grupos neoevangélicos aliados a los ricos blancos de la región ganadera y de agricultura extensiva de Santa Cruz, ha evidenciado una relación que las mujeres aymaras y quechuas, en los Andes, y tacanas de la Amazonía ya habían enunciado: la relación entre humillaciones, amenazas y vejámenes, como formas de violación alegórica, y la violación física como imposición de las prerrogativas del grupo masculino dominante. Las defensoras comunitarias y del territorio fueron despojadas de su indumentaria, se les cortaron las trenzas, fueron amarradas a árboles mientras los agresores destrozaban las propiedades comunales y los símbolos de las culturas ancestrales.

¿Cuántas mujeres y hombres de comunidades agredidas por grupos de ganaderos, terratenientes, agentes de desarrollos turísticos y los sicarios a su mando, cuando no por los gobiernos antidemocráticos que los privilegian, se lanzan hacia otros países en busca de condiciones de vida más seguras, donde no se repitan las discriminaciones conocidas?

Según cifras de la ONU, en 2019, se desplazaron fuera de su lugar de residencia a través de fronteras internacionales 272 millones de personas, 51 millones de migrantes más que en 2010. En total, las mujeres, hombres, transexuales e infantes que han migrado independientemente de su condición jurídica, por causas forzadas de desplazamiento o voluntariamente (aunque siempre es muy difícil determinar el grado de voluntad), son un 3,5% de la población mundial, cifra que continúa subiendo en comparación al 2,8% de 2000 y el 2,3% de 1980. La devastación ecológica confluye en los conflictos armados para la creación de condiciones pobreza e inseguridad que empujan a las personas a buscar refugio o a migrar. La prensa no repara en la responsabilidad de los vendedores de armas y de agroquímicos, así como en las publicidades tramposas del capitalismo sobre las condiciones de bienestar que proporciona, a la hora de informar sobre las condiciones inhumanas de la migración o las cantidades de remesas que las y los migrantes envían a sus comunidades de origen, para mejorar sus condiciones de vida y salud. Un racismo difuso se encuentra en la definición de “problema de seguridad regional” de los refugiados que huyen de guerras como la de Siria. A medida que se prolongan los conflictos armados, el flujo de personas que buscan seguridad y son detenidos en las fronteras produce enormes campos de concentración, donde se reproducen condiciones de desastre ecológico y la violencia contra las mujeres se incrementa.

Desde octubre de 2018, intento entablar diálogos con mujeres que transitan por México con la finalidad de cruzar la frontera con Estados Unidos. Muchas de ellas han sufrido violaciones por delincuentes, compañeros de ruta, autoridades de migración y policías. Algunas me han dicho que desde que decidieron cruzar la frontera sabían que eso podía ocurrir, por lo tanto, consideran las agresiones sexuales como parte del proceso. Sin embargo, una joven hondureña que había abandonado San Pedro Sula para poner a salvo de bandas delincuenciales a su hija de 9 años, me explicó por qué ella cree que la violación es un robo y un delito que muchos hombres consideran normal. Ella venía migrando en grupo cuando una noche fue violada por seis migrantes que “querían divertirse”. “Así se hacen hombres”, dijo con mucha rabia.  Se sintió traicionada por la violación; ella creía que migraba con gente que como ella huía de la violencia, que se protegería en grupo, pero descubrió que los hombres “se aprovechan” de las mujeres que van solas, que solo respetan a las mujeres de otros hombres cuando éstos están presentes y defienden su familia.

En diciembre de 2019, en Nogales, Sonora, pude ver cómo las iglesias neoevangélicas explotan el hambre, la ansiedad y el desamparo de las personas que llegan a la frontera con Arizona y son detenidas ahí en espera de que se resuelvan farragosas tramitaciones de sus demandas de refugio. La mayoría de las y los mexicanos dicen provenir de estados cuya violencia es conocida, como Guerrero, Michoacán y Tamaulipas, aunque los acentos y los conocimientos de la región desmienten su proveniencia. Las camionetas de las iglesias neoevangélicas llegan a los lugares de espera, como la “línea” o las estaciones de policía, donde se concentran los migrantes y dos o más pastores descienden bandejas de comida caliente perfectamente arregladas. Las exponen a la mirada de quien no tiene dinero para comprarse comida igual y condicionan la obtención de un plato (casi siempre de materiales desechables y contaminantes que no recogen) a rezar con ellos, alabar a dios a los gritos y elevar agradecimientos y cantos, así como repetir versículos de la Biblia. En ocasiones, después de la comida, algunos pastores, mujeres y hombres, expresan posiciones políticas sobre la naturalidad de los sexos, el peligro de una supuesta ideología de género que difunden los gobiernos, la enfermedad de la homosexualidad, la maldad de quien no pertenece a una iglesia, y que ¡obtener una visa es un milagro!

Para garantizar el respeto al derecho de libre circulación, el primer paso debería ser la abolición de las fronteras, no la erección de muros. Sin embargo, eso no resolvería el problema de la expulsión por violencia, por hambre o por destrucción ambiental. La mayoría de los hombres y mujeres con los que estuve en refugios y caminos me dijeron que vivían en lugares que están en riesgo de ser arrasados o secuestrados. Todos me hablaron del miedo de quedarse en casa; dos muchachas salvadoreñas me contaron que habían huido de sus madres quienes, para protegerlas de la violencia de las pandillas, las tenían encerradas en sus casas.

Uno de los grupos étnicos que ha sufrido con mayor rigor la expulsión es el pueblo garífuna de Honduras, asentado en la costa y las islas y cayos del Caribe. Para hacerse de sus tierras, la industria turística los expone a peligros semejantes a los que sufren por parte de los terratenientes que explotan la palma oleífera, desde el asesinato a la destrucción de sus campos cultivados y viviendas, de la violación al encarcelamiento. Reflexiones muy importantes sobre qué es la migración para un pueblo de tradición marinera y agrícola, que tradicionalmente se desplazaba por todas las Antillas, se desarrollan actualmente entre la población garífuna en Nueva York y en la costa hondureña.[19] Las y los migrantes se han convertido en agentes de una reflexión viva, actuante sobre qué es la tierra, qué es la riqueza y qué son los derechos de las personas que no gozan de protección de estado. Por supuesto, su redescubrimiento de las culturas de proveniencia y su intento de una comunicación autentica sobre una humanidad que se congrega en una nueva historia colectiva, no está exento de dolor, aprendizajes de muerte, resistencias a un orden de exclusión y rechazo internacional.

Los ecologistas que toman en consideración las consecuencias sociales y culturales del deterioro ambiental denuncian que los que provocan los mayores daños ambientales no viven en la primera línea de los cambios. El caos ambiental provoca el agravamiento de la pobreza de enteros colectivos que son expulsados de sus territorios por las sequías, la violencia, las inundaciones, el deterioro del hábitat. Las formas tradicionales de vida se ven profundamente afectadas, pero son precisamente los trabajos conjuntos de ecologistas y comunidades indígenas y campesinas los que han logrado frenar localmente la degeneración de la Naturaleza, mediante la defensa de los ríos, el alto a la minería y la elaboración de contradiscursos que delatan los peligros de la maximización de los beneficios monetarios al margen de la buena vida de las personas.

 

Finalmente, para darnos tiempo contra la dictadura de la rapidez y la difusión obsesiva de una ciencia neodeterminista, que me abruma con su mecanicismo y las soluciones robóticas y de biología sintética, quiero subrayar que se están produciendo intercambios desconocidos hasta ahora que crean vínculos entre el trabajo y la formación. Feministas, pueblos indígenas, ecologistas y migrantes, a pesar o por medio de la violencia que los persigue, recuperan los afectos, interiorizan sus reflexiones, analizan sus deseos y paradójicamente avanzan hacia una recomposición abismal del orden de la convivencia. Si la destrucción ambiental rebasa cualquier frontera nacional es probable que solo la apertura de las fronteras permita a sociedades diversas beneficiarse de saberes de recuperación forestal y de suelos que se han transmitido fuera de las aulas. Acabar con las marcas de género y la racialización pondrá fin a las jerarquías: la autonomía feminista y la autonomía indígena producen diálogos y una abundancia de recursos discursivos y de fantasías ambiguas que nos llevan a superar los dualismos naturaleza/cultura y materia/mente, profundizando la crisis de los paradigmas económicos. Ecologistas y migrantes respetan la realidad del tiempo y se formulan preguntas que cambian nuestras formas de pensar. La perplejidad es una emoción que esta sociedad ha construido, pero leyéndola en el espejo de las acciones de los grupos humanos perseguidos que siguen actuando, abre condiciones de reflexión/acción muy antisistémicas.

 

Bogotá, 16 de marzo de 2020

 

[1] Klaus Schwab, “The Fourth Industrial Revolution: what it means, how to respond”, World Economic Forum WEF, 14 de enero 2016, https://tinyurl.com/hlah7ot. Klaus Schwab es uno de los fundadores del Foro Económico Mundial (Foro de Davos) y un entusiasta propagador de lo que llama Cuarta Revolución Industrial. Para él, el futuro de la automatización es inevitable y la crisis ecológica y humana que se derivan pertenecen a un conjunto de daños colaterales que habrá que prevenirse.

[2] Solar Radiation Management Governance Initiative (SRMGI) es una  empresa de geoingeniería solar que Bill Gates está financiando desde 2012. La geoingeniería solar propone, básicamente, simular los efectos de una erupción volcánica masiva para enfriar el planeta, sin medir impactos atmosféricos ni de la caída al suelo de las partículas químicas de color oscuro que un ejército de aviones (¿de quién?) soltaría a gran altitud para crear una capa densa contra los rayos solares.

[3] Ver a este propósito: Silvia Ribeiro y Jim Thomas, “Frente al tsunami tecnológico”, en Tecnologías: manipulando la vida, el clima, el planeta,  número 543 de la revista América Latina en movimiento, año 43, 2ª. época, septiembre de 2019, pp. 1-4. En https://www.etcgroup.org/es/content/tecnologias-manipulando-la-vida-el-clima-y-el-planeta puede descargarse el pdf completo  La ecologista Silvia Ribeiro forma parte del grupo ETC que monitorea el impacto de las tecnologías emergentes y las estrategias corporativas sobre la biodiversidad, la agricultura y los derechos humanos.

[4] El término Antropoceno, para definir la actual era geológica, ha sido acuñado por Paul B.  Crutzen, director de la División de Química Atmosférica del Instituto Max Planck, y su colega Eugene Stoermer, director del Centro de los Grandes Lagos y las Ciencias Acuáticas, con base en el crecimiento humano, del ganado, de los sedimentos urbanos y de los efectos de las actividades agrícolas e industriales, en particular las emisiones de CO2 en la atmósfera y la fijación de Nitrógeno en la superficie terrestre. Los dos científicos consideran que estos efectos tendrán una duración de por lo menos 50 000 años, aunque la actividad humana se detuviera hoy.  Paul B. Crutzen y Eugene Stoermer, “The Anthropocene”,  Global Change News Letter, n.41., mayo 2000, http://www.igbp.net/download/18.316f18321323470177580001401/1376383088452/NL41.pdf  , según consulta del 20 de febrero de 2020. Pueden revisarse las propuestas de 2019 del Grupo de Estudio sobre el Antropoceno (AWG)  en la Subcomisión de Estratigrafía del Cuaternario: http://quaternary.stratigraphy.org/working-groups/anthropocene/   Y el capítulo del equipo dirigido por Mark Williams, “Underground metro systems: a durable geological proxy of rapid urban population growth and energy consumption during the Anthropocene”, en Craig Benjamin, Esther Quaedackers, David Baker (editores), Anthropocene: The Routledge Handbook of Big History (Routledge Companions), Routledge, Londres, 2019., pp.434-455.

[5] Datos de población de las Naciones Unidas, del año 2020: https://www.un.org/es/sections/issues-depth/population/index.html

[6] En su “Carta de fecha 29 de noviembre de 2019 dirigida a la Presidencia del Consejo de Seguridad por el Grupo de Expertos sobre Libia establecido en virtud de la resolución 1973 (2011)”, estos sostienen que la trata con fines de esclavitud se ha disminuido desde el inicio de las investigaciones en 2011, pero no se ha acabado. Precisan: “Los migrantes y los solicitantes de asilo en Libia siguen siendo vulnerables no solo a los efectos del conflicto, sino también a los abusos. Quienes se encuentran recluidos en centros de detención oficiales del Gobierno corren el riesgo de exponerse a una serie de abusos de los derechos humanos, entre ellos, condiciones de vida degradantes, extorsión reiterada, explotación sexual y de otro tipo y torturas. La trata de personas y el tráfico de migrantes, aunque se han reducido considerablemente en comparación con los períodos abarcado por informes anteriores, siguen financiando redes que contribuyen a la inestabilidad.” Su Informe fue presentado al Consejo de Seguridad de la ONU el 28 de octubre de 2019 y fue examinado por el Comité el 25 de noviembre de 2019. https://undocs.org/es/S/2019/914

[7] Desde octubre de 2018, en ocasión de la primera Caravana de Migrantes Centroamericanos, he iniciado un proceso de escucha y diálogo con mujeres migrantes en tránsito por México. He escuchado a mujeres y niñas y niños que las acompañan de Honduras, El Salvador, Guatemala, Colombia, Haiti y Congo, recortando un tiempo para la reflexión en su recorrido y esforzándome en comprender los motivos y los deseos que impulsan su migración.

[8] Diversos periódicos han emprendido investigaciones sobre la base de denuncias de organismos de derechos humanos. El 5 de julio de 2015, La Jornada reportó que el tráfico de órganos es un negocio de cárteles delincuenciales y que los migrantes son las víctimas principales de este crimen. El mercado delincuencial se aprovecha de la estricta regulación internacional sobre intercambio de órganos para los trasplantes, ya que sólo el 10% de la demanda es cubierta por las donaciones. El 8 de mayo de 2019, Sinembargo describió a los y las migrantes como “mercancía” en el tráfico de órganos. Según la académica Guadalupe Correa Cabrera y el defensor de derechos humanos Manuel Arellano: “El caso de la trata de migrantes y refugiados para la extracción de órganos constituye una tragedia humana de dimensiones que son difíciles de imaginar. Existen múltiples testimonios al respecto, pero muy escasas evidencias y pareciera ser que poca voluntad para investigar por parte de las autoridades de los países en los que esto sucede.” https://www.sinembargo.mx/08-05-2019/3577537

[9] La extraña fascinación que ejerce sobre jóvenes de diversos sectores sociales, desde arribistas hasta feministas anarquistas radicales, una pésima cantante y mediocre performancera como Elettra Miura Lamborghini, que tiene el apellido de una icónica fábrica italiana de autos de lujo actualmente propiedad de Volkswagen,  revela el carácter perverso de una cultura que venera los comportamientos malcriados de quien lo tiene todo, pero reduce a la obediencia mediante la represión a quien protesta por obtener derechos en una economía que tiende a restaurar privilegios de estatus aparentemente desterrados por el liberalismo en 1789. Elettra Lamborghini se presenta en reality shows de televisión y usa las redes sociales, particularmente Instagram y Youtube para hacer propaganda a su particular modo de imponerse como figura pública; se niega a trabajar, pero gasta en caballos; afirma que es salvaje, que para ella el lujo es la normalidad, que se aburre y que es exhibicionista. Presume el lujo en que vive y repite obsesivamente que no necesita trabajar para vivir. En sus entrevistas da opiniones contradictorias, en unas afirma que quisiera ser actriz porno, y posteriormente sale poco vestida en un servicio de la edición italiana de Playboy, en otras dice que se va a dedicar a la interpretación, utilizando el Singtrix, un karaoke que afina la voz y corrige hasta a la más desentonada. Tiene videos de rap donde todas las bailarinas son afrocaribeñas, canta en español, perrea exaltando la seducción femenina entre mujeres, provocando una reacción positiva por su feminismo antirracista, luego afirma que nunca ha tenido un novio que fuera pobre porque es muy selectiva. Usa piercings con diamantes incrustados y tatuajes de reconocidos artistas, a la vez que presume ser un ícono de la moda. Este producto de una subcultura del estatus, presume de una originalidad que no tiene, pues ni siquiera tiene la resonancia mundial de una Paris Hilton, pero confunde imagen sexualizada y poder, y revela sin ambages que la arrogancia de clase es dependiente de la subordinación de quien no pertenece al mundo de los privilegiados.

[10] Max Lawson, Anam Parvez Butt, Rowan Harvey, Diana Sarosi, Clare Coffey, Kim Piaget, Julie Thekkudan, Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad, OXFAM, 20-1-2020. De https://www.oxfam.org/es/informes/tiempo-para-el-cuidado se accede al pdf: https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf .

[11] Desde 2009, el Credit Suisse Research Institut publica cada año un reporte sobre la riqueza mundial que se ha vuelto un referente para el análisis de la movilidad de la riqueza en el mundo. Según el Global Wealth Report 2019, “The bottom half of wealth holders collectively accounted for less than 1% of total global wealth in mid-2019, while the richest 10% own 82% of global wealth and the top 1% alone own 45%. Global inequality fell during the first part of this century when a narrowing of gaps between countries was reinforced by declining inequality within countries. While advances by emerging markets continued to narrow the gaps between countries, inequality within countries grew as economies recovered after the global financial crisis. As a result, the top 1% of wealth holders increased their share of world wealth. This trend appears to have abated in 2016 and global inequality is now likely to edge downward in the immediate future”. El pdf del reporte se obtiene en: http://www.credit-suisse.com › research › publications .

[12] Carlos Lenkersdorf, Aprender a escuchar, enseñanzas maya-tojolabales, Plaza y Valdés, México, 2008. La experiencia directa y el sistema de escuchar para aprender de Lenkerdorf , plasman en dos partes un entero sistema didácticos y epistemológicos sobre base comunitaria: “Aprender a escuchar” y “El escuchar en el contexto tojolabal”. El filósofo analiza todo el aprendizaje escolar en la comunidad tojolabal de Chiapas, así como sus medios de comunicación y el “poder y gobierno”.

[13] En su novela póstuma Petróleo (publicada en 1992, pero que el autor había iniciado a redactar en 1967, nueve años antes de su asesinato, y publicada en español por Seix Barral, Barcelona, en 1993), Pier Paolo Pasolini sostenía que quien no cree en nada actúa sin expectativas, mientras quien ha creído en algo y cae en la desesperanza, se detiene y se confunde antes de tener que actuar de todas formas. A través de la vida de dos personajes vinculados a la cultura del silencio ante el asesinato y la violencia, la corrupción y el inmediatismo, Pasolini denunciaba el atentado contra Mattei, director de la empresa nacional de energía italiana, ENI, que intentó sanear de sus vínculos con la CIA y otros corruptores. No era el único, aunque a él le costó la vida. También porque era homosexual en un país católico y librepensador en una cultura política obsecuente. Había autores importantísimos en entre los pocos intelectuales italianos que se enfrentaban a la mafia y sus vínculos con el poder político, como el cineasta napolitano Francesco Rosi, el escritor siciliano Leonardo Sciascia y la escritora siciliana Goliarda Sapienza. Como esta última, Pasolini, poeta al fin, se dio cuenta del enorme esfuerzo que costaba imponer una modernidad elegante sometida al autoritarismo para llevar la sociedad italiana a la indiferencia social y política. Era una cultura de establishment que ofrecía bien envueltos los valores antisociales y excluyentes de la clase dominante para el consumo generalizado. Una cultura que necesitaba del miedo que provocaban los asesinatos de quien se interponía a las ganancias ilegales de los pocos vinculados al poder. Hace 45 años se trataba de las compras de petróleo, luego vendría el comercio ilegal de drogas, le seguiría el de las armas, y hoy la comercialización de los seres humanos y la piratería genética.

[14]https://interactive.unwomen.org/multimedia/infographic/violenceagainstwomen/es/index.html#home-2

[15] Para un análisis de las estructuras sociales de la violencia contra los cuerpos feminizados y de las mujeres, ver el clásico de Rita Laura Segato, Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos, Prometeo, Buenos Aires, 2003.

[16] La primera vez que formulé la idea de que donde hay privilegios los derechos son negados, fue en Tan derechas y tan humanas. Manual ético de derechos humanos de las mujeres, Academia Mexicana de los Derechos Humanos, Ciudad de México, 2000. https://francescagargallo.wordpress.com/ensayos/librosdefg/tan-derechas-y-tan-humanas/  En las últimas dos décadas, son recurrentes las afirmaciones de las élites que se perfilan  sobre la base de diferencias económicas y geográficas -y que recogen rechazos tradicionales a la igualdad de corte racista, clasista, de género y homofóbico- a formular respuestas emotivas excluyentes a los peligros que supuestamente las acechan. Obtener privilegios a costa de los demás es el fin explícito de las élites. Recuerdo a este propósito a una millonaria australiana, Gina Rinehart, que llegó a expresar públicamente que las desigualdades económicas son producto de las “diferencias de inteligencia” y que, por lo tanto, las personas que ganaban por lo menos 100 000 dólares australianos al año, no debían reproducirse o ser esterilizadas. Las élites económicas que pretenden salvarse del desastre ecológico que han provocado buscan imponer hoy un discurso “verde”, presuntamente ecologista, autoritario, para justificar una economía planificada desde los poderes públicos que las beneficia. Estos “ecofascistas” han llegado a plantear ¡la eliminación de poblaciones por motivos medioambientales! Un análisis crítico del ecoelitismo-ecototalitarismo, además de Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (La Catarata, Madrid, 2016), de Carlos Taibo, se encuentra en: Revista El Ecologista, n.83, Madrid, diciembre 2014.

[17] Sobre la dependencia de la masculinidad de la subordinación femenina y el estatus que esta otorga a los hombres masculino: Rita Laura Segato, Las estructuras elementales de la violencia: contrato y estatus en la etiología de la violencia, Serie Antropología, 334, Brasilia, 2003, http://www.escuelamagistratura.gov.ar/images/uploads/estructura_vg-rita_segato.pdf (consultado el 14 de enero de 2020).

[18] A este propósito puede revisarse el Informe de Michel Forst, Relator Especial de la ONU, sobre la situación de las defensoras de derechos humanos,  https://www.hchr.org.mx/images/Comunicados/2019/20190228_ComPrensa_InformeForst.pdf

[19] Según Juan Vicente Iborra Mallent, en Eibuga Hama Wanunagu Garinagu (Caminando con los ancestros garífunas). Cosmopolíticas frente al despojo territorial en tiempos de la tercera expulsión, Tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México, 11 de diciembre de 2019, la migración garífuna se ha abordado sobre todo en términos de movilidad, diáspora y nuevas organizaciones territoriales, pero existen raíces históricas de la migración que muestran el carácter forzado de la misma. Las franjas costeras en las que habitan los garífunas en América Central son ampliamente apetecidas por el capital turístico. Un análisis general de los ciclos de desarrollo económico en la región y sus impactos sobre el territorio de las comunidades garífunas revela los vínculos que se han desplegado entre las organizaciones sociales y el estado hondureño en el marco del reconocimiento de derechos culturales y territoriales. Las políticas migratorias estadounidenses implican control, pero muchas deportaciones han implementado nuevas políticas de defensa territorial de las y los regresados. https://www.academia.edu/41186628/Eibuga_Hama_Wanunagu_Garinagu_Caminando_con_los_ancestros_garífunas_._Cosmopolíticas_frente_al_despojo_territorial_en_tiempos_de_la_tercera_expulsión

El Segundo Sexo, un libro de filosofía que durante 70 años ha marcado un hito en el pensamiento feminista

Estándar

 

Cuando en 1949, la editorial Gallimard lanzó los dos volúmenes de El Segundo Sexo, “Los hechos y los mitos”, el primero, y “La experiencia vivida”, el segundo, Simone de Beauvoir era una reconocida filósofa y escritora de 41 años que se había propuesto analizar qué significaba ser mujer en su sociedad y zanjar con ello una “querelle” sobre las mujeres que, por lo menos en Francia, había involucrado a los pensadores de los últimos cinco siglos. Sostuvo que la condición de las mujeres era diferente a la de los hombres porque todas las ciencias, las costumbres y las ideologías les exigían ser sus otras y las empujaban a internalizar una sensación de incapacidad. El éxito de ventas del libro reveló el hambre de su generación por una reflexión semejante. De Beauvoir había destapado con claridad un problema social que siempre había estado ante los ojos de todos.

En la cultura europea, la disputa sobre las mujeres doctas y las autoras había constituido uno de los debates más recurrentes de la producción intelectual masculina tardomedieval y renacentista. Cristine de Pisan la enfrentó en 1405, en La cité des dames, donde demostraba que las mujeres pueden opinar con razón, derechura y justicia, revelando su calidad literaria, filosófica, política y moral. A favor, pero más frecuentemente en contra, los hombres no dejaron de disputar por ello sobre la calidad y capacidad de la cultura de las mujeres. Los revolucionarios en 1789 no les otorgaron la plena ciudadanía, Napoleón las definió como reproductoras y hasta un anarquista como Proudhon desafió el igualitarismo de sus correligionarios para definirlas inferiores. Sin embargo, las mujeres pelearon por sus derechos a la educación, la custodia de los hijos, la autonomía económica y el voto hasta que los fascismos, que se expandieron sobre Europa desde 1922, echaron para atrás los logros alcanzados por ellas desde finales del siglo XIX, tildándolos de disparates socialistas. A mediados del siglo XX, era necesario impulsar una crítica ética a la antropología, la sicología, el marxismo, la medicina y la filosofía porque obligaban a las mujeres a definirse a partir de su sexo, eso es, de su relatividad, de su no ser hombre y cargar con un cuerpo y una definición alternativos al representante de la humanidad. Desde esta perspectiva, de Beauvoir enunciaba su teoría de la alteridad como una categoría fundamental del pensamiento, funcional para el dominio, ya que implicaba la imposibilidad de pensarse sin enunciar a otro frente a sí. Revelaba asimismo que dicha alteridad es hostil a todo pensamiento y conciencia alternativa.

Como existencialista, Simone de Beauvoir decidió afirmar una existencia histórica, emotiva y racional de los comportamientos y decisiones de las mujeres. Su estudio acerca de cómo se fue conformando lo “femenino” contestaba todo determinismo biológico y desmentía que las mujeres tienen un camino preestablecido del que no pueden separarse: “el Ser no existe y no debe de confundirse con llegar a ser, el ser, según la filosofía existencialista, es siempre un sujeto tal como se manifiesta. Para los seres humanos, para los hombres como para las mujeres, el ser no es algo, ninguna esencia definitiva: No se nace mujer; se llega a serlo” (El segundo sexo, editorial  Cátedra-Universitat de València, Madrid, 2005, p.371)

Si todo educa, como decía el misógino Rousseau, ¿cómo no iba a educar la imposición de normas de conducta moral que influían en la vestimenta, el comportamiento, la vocación de servicio, las decisiones y los pensamientos de las mujeres y los hombres? Contra esa pedagogía totalizante, El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir hacía descansar en la conciencia y la toma de decisiones informadas la posibilidad de las mujeres de liberarse de ideologías negativas como la feminidad y los mitos del eterno femenino y el deseo de maternidad.

De Beauvoir hurgó en los mensajes educativos subliminales y las afirmaciones aplastantes que recaían sobre las mujeres, desde la cultura popular, la academia, la religión y desde las ciencias naturales, la antropología, el psicoanálisis freudiano y el marxismo. De manera paralela a Maurice Merleau Ponty, analizó cómo el cuerpo no es una máquina que soporta el pensamiento libre, sino que constituye la vida toda, la hace existir, incluyendo la vida intelectual. El cuerpo liberado es un cuerpo que se piensa a sí mismo y actúa en consecuencia.

En 1949, Europa estaba saliendo de su Segunda Guerra “Mundial” y los gobiernos intentaban quitarles protagonismo económico y social a las mujeres que sostuvieron la producción en la época de beligerancia. Había constantes llamados e insinuaciones en el cine, la literatura, la radio, el teatro, y no sólo en las iglesias y los partidos, al “natural” deseo de ser madres de las mujeres sanas. La salud mental debía ser, en efecto, desear repoblar Europa. De Beauvoir se rebeló contra esa imposición reproductivista estudiando y escribiendo. Denunció en El Segundo Sexo el retroceso ideológico que se acompaña de adelantos tecnológicos para “facilitar” una carga que recae entera en los hombros de las mujeres, la de cuidar y educar en la continuidad de los roles de género a las generaciones que iban naciendo de sus entrañas porque estados y sociedades no les daban otras oportunidades para ser y vivir.  Sus conclusiones son las de una filósofa que no cuestiona los soportes ideológicos de la modernidad como el progreso, la cultura, el dominio de la naturaleza. Se niega a la reproducción por decisión racional y no simpatiza con los elementos culturales “femeninos”, para ella es la propia dedicación a la reproducción lo que ha alejado a las mujeres del progreso, entendido como dominio de la naturaleza.

Dos décadas después de la aparición de El Segundo Sexo, del sofoco que experimentaron las hijas de las mujeres apresadas por el regreso al hogar de la posguerra, brotó un movimiento feminista que utilizó el estudio de Simone de Beauvoir como sostén ideológico. A través de él, se releyeron los textos marxistas en clave feminista y analizaron las relaciones con los hombres durante la revolución sexual (que se derivó de la escolarización y salida de la estructura familiar de las mayorías europeas). Simone de Beauvoir se declaró feminista en 1972, cuando decidió manifestarse en las calles en favor del aborto y los derechos de las lesbianas.

Posteriormente, en la década de 1980, una serie de gobiernos conservadores se esforzaron en limitar los grandes avances del movimiento feminista logrados en las décadas de 1960 y 1970. Entonces el feminismo encontró su refugio en las aulas de las universidades. Ahí resistió los años de hielo del conservadurismo y se enfrentó a la terrorífica agresión misógina que se expresó en el incremento de los feminicidios y la violencia mundial contra las mujeres refugiadas y migrantes de los países no europeos. Fue en las academias de todo el mundo donde el concepto de alteridad de Beauvoir produjo reflexiones diversas sobre la construcción de los géneros, por fuera de los modelos producidos por la sociedad heteropatriarcal. Las académicas feministas lucharon al interior de sus propias universidades para tener sus espacios, publicaciones, encuentros, mientras hacían suyas teorías provenientes de diversas corrientes contemporáneas. La teoría crítica de la escuela de Frankfurt, la fenomenología, el posestructuralismo, el psicoanálisis lacaniano, la semiótica, los estudios culturales, las teorías poscoloniales, el neomarxismo y el posmarxismo pasaron por el filtro de la alteridad y la historicidad del devenir mujer.  Sin la pregunta acerca de cómo se ha fundamentado la dominación de las mujeres, por ejemplo, no habría existido un texto como Tráfico de Mujeres, de la antropóloga estadounidense Gayle Rubin, que en 1975, cuestionando el marxismo y la antropología estructuralista, llegó a la formulación del sistema de sexo-género.

El giro academicista de los feminismos occidentales durante las décadas de 1980-2000, los ligó o subordinó, de alguna manera, a distintas ideologías y teorías. Debatieron sobre los aportes de las mujeres a las construcciones de género que esas perspectivas asentaban, diversificando las interpretaciones acerca de la subordinación femenina, pero sin fuerza para actuar una acción de transformación social contundente.

La situación de impasse académico se rompió en 2015, cuando las feministas volvieron a las calles en marchas multitudinarias e inesperadas contra la violencia y la opresión en Argentina, Polonia, México, Chile. Estas manifestaciones no tenían un equivalente movimiento político mixto, como sucedió en los anteriores momentos de auge del feminismo. Hoy son una corriente de avanzada del retorno de la política a la sociedad. Entre otras cosas, ofrecen a los sindicatos y a las organizaciones sociales nuevas formas de pensar la huelga (la “huelga de cuidados” de las mujeres en las estructuras de convivencia es realmente novedosa, pues subraya la extracción de plusvalía del trabajo doméstico que las políticas obreras nunca quisieron reconocer). En la actualidad, el auge feminista de masa y la reiniciación de la política callejera impulsan la crítica a la cultura del desarrollo, el rechazo al extractivismo y frenan el racismo contra los movimientos migrantes. Al cumplirse 70 años de El Segundo Sexo, vuelven al centro de la política muchos cuestionamientos existencialistas y feministas sobre la elección consciente de las propias acciones. Los problemas sobre los que Simone de Beauvoir reflexionó en 1949 no han desaparecido a pesar de que los estudios se han especializado, la diferencia sigue produciendo alteridad y ésta desigualdad. Releer hoy El Segundo Sexo nos mantiene alerta acerca de las complejas construcciones ideológicas que construyen la subordinación.