Desnudas en el arte popular y culto del México moderno y contemporáneo: a propósito de Eli Bartra

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Una versión reducida de este texto de presentación salió en La Jornada Semanal, del cotidiano mexicano La Jornada, el 25 de noviembre de 2018

 

El cuerpo desnudo es un cuerpo que despierta emociones. No tiene necesariamente que ser una representación de género, aunque en muchas culturas, la conmoción que acompaña la imagen humana sin más signos que los de su corporalidad ha servido como emblema de los roles sexuados en las relaciones humanas. Sin embargo, las representaciones del cuerpo desnudo son anteriores a la discriminación de género: ya existían en los tiempos que la arqueóloga Maritsa Gimbutas identificó como periodos de ideología estética, preeconómica, en  civilizaciones que sucumbieron a la guerra y al robo de la producción y reproducción que ésta significa.

Desnudo es el cuerpo de la tierra, de las divinidades, de las gestantes; representa el ser y el estar: dormido es la paz, sentado, la conciencia, de pie, una manifestación  de fuerza. El cuerpo diferencia a una persona en la colectividad, a la vez que encarna la misma comunidad. En el cuerpo desnudo se inscriben otros signos -una trenza en el pelo, el bordado de un faldellín, una pose- que revelan habilidades humanas. Ahora bien, antes de la organización de una jerarquía de géneros en el horizonte histórico de la aparición de la guerra y la esclavitud, me es difícil imaginar el desnudo como una expresión de voluptuosa sensualidad. Entonces el cuerpo no era púdico ni impúdico, simplemente era y manifestaba una condición ontológica de la vida anterior a un sistema de género binario. Su representación era tan naturalista como abstracta: estetizaba la vida y simbolizaba actividades y sentimientos.

Sin embargo, a lo largo de las transformaciones que se sucedieron con las estratificaciones sociales y la organización de los sistemas de géneros, el cuerpo desnudo pintado, esgrafiado o esculpido adquirió un uso que no había tenido antes: se convirtió en objeto de culto, expresión creativa del deseo de posesión o, como nos lo revela Eli Bartra en Desnudo y arte (Desde Abajo, Bogotá, 2018) en una “manifestación particularmente clara del imaginario de los géneros con respecto a los sujetos femeninos”.

Desnudas pero no desnudadas, en las más diversas culturas paleolíticas, neolíticas y de civilizaciones pacíficas las mujeres se autorrepresentaron o fueron representadas en su fuerza, su poder, con caderas enérgicas y pechos alimentadores. Con el devenir de las sociedades guerreras y urbanas, los cuerpos desnudos, en particular modo los cuerpos femeninos, se convirtieron en un fija e inamovible perfil de género que erotizó la subordinación femenina.

Eli Bartra en este libro portentoso, por libre, juguetón y profundo, propone que veamos el arte de las sociedades patriarcales como una forma publicitaria de las relaciones de género, en particular en el mundo Occidental que, desde principios de la Modernidad, hace unos 500 años, volvió siempre más frecuente la representación femenina para el goce voyerista de los hombres. Despojadas, desabrigadas y exhibidas, las mujeres fueron convirtiéndose en los personajes centrales del mito patriarcal que naturaliza sus reglas y se les representó cada vez con mayor frecuencia en las artes del mundo europeo y, posteriormente, colonial americano y australiano. Aunque algunas mujeres pintaron en los conventos, las casas, los talleres de sus padres y hermanos, revelando en ocasiones miradas distintas sobre la exposición de su cuerpo, como en el caso de la representación de Susana y los viejos, que Artemisia Gentileschi personifica sentada y de busto torcido, en un gesto que revela enojo y molestia ante el acoso, mientras Rubens la pinta eróticamente dispuesta a dejarse ver-poseer en un jardín mórbidamente dispuesto para la violación, las mujeres en el arte moderno han sido objetos de una narración masculina, de una falsa verdad sobre su supuesta naturaleza, de una esencialización  del deseo de convertirlas en objetos de servicio.

Ahora bien, si el libro de Eli Bartra se detuviera en estas observaciones no revelaría a la feminista que bien sabe que el deseo político de las mujeres transforma la realidad que incomoda e impide la buena vida. Tampoco descubriría a la filósofa que ha viajado constantemente al encuentro de artistas populares y cultas para dialogar con ellas acerca de su andar cotidiano, en ocasiones subversivo, por las veredas de la creación y la apropiación de temas que les conciernen, como la libertad corporal, la maternidad, la relación con la naturaleza y el placer de la amistad. En efecto, a lo largo de 250 páginas,  Eli ratifica que el arte no es neutro, que es creado por personas ubicadas en tiempos y culturas que van transformándose por la acción de las mujeres, que los sexos en las sociedades son leídos como géneros y que sus relaciones producen simbolizaciones que pueden ser cuestionadas y transformadas.

Desnudo y arte se fija en la producción de una gran cantidad de artistas mujeres y hombres que, sobre todo en el último siglo y medio, es decir, desde la eclosión de diversos momentos feministas, se han dedicado a la pintura, el grabado, la escultura, la cerámica, el bordado, la fotografía, la creación de objetos y la ilustración. Al hacerlo, pone el acento en las construcciones ideológicas de lo que debe ser el erotismo y revela cómo son desafiadas por concretas producciones artísticas, que pueden no ser entendidas fácilmente, pero que aluden a rupturas con la tradición. Las creaciones estéticas desafían, desde mediados del siglo XX, el sistema de género binario típico de la colonización occidental. Eli, por lo tanto, observa y critica la tensión entre la producción masculina de cuerpos idealizados, que posan con los brazos levantados para exponer senos inhiestos, figuras contenidas y elegantes, tendencialmente inertes o pasivas, y los cuerpos activos y relajados, lúdicos, de cualquier edad, que se liberan de la mirada masculina internalizada mostrándose en un paseo, amamantando, jugando, expresando su afectividad, propios de las mujeres.

El feminismo, o más bien las políticas de los deseos de las mujeres, trasforman no sólo los comportamientos de las mujeres que se autorrepresentan, sino las prácticas sociales que se sostienen y, a la vez, sustentan las ideas estéticas. Ha revolucionado las relaciones entre mujeres y hombres al punto que asume la inexistencia de formas propiamente femeninas y masculinas de ser y sentir, ubicándolas siempre en el tiempo y las culturas, y abriéndose no sólo a la androginia de las personas, sino a expresiones de intersexualidad, transexualidad y transformismo.

Eli Bartra, retomando a Allen Weiss, sostiene que el arte siempre es erótico, pero agrega que para las mujeres la representación del cuerpo implica una conquista de la propia libertad. Por ello considera que muchas artistas ejecutan desnudos que desafían con la mirada, o que se ensimisman en un placer personal, porque retan con ello los cánones de belleza y ofrecen una mirada abierta, no conclusiva, sobre la sexualidad y el erotismo.

Las reflexiones estéticas de Eli son situadas y encarnadas, desde hace décadas desafía la identificación del arte con una producción urbana y escolarizada, habiendo trabajado no sólo diversas expresiones de arte popular, sino la propia definición de arte como concepto clasista y económicamente determinado. Durante toda su vida ha observado qué, cómo, dónde, con qué materiales las mujeres producen sus simbolizaciones y las relaciones sociales que provocan sus actividades, en el ámbito de sus familias, talleres y comunidades. Sin embargo, en los últimos siete años se ha enfocado específica, casi obsesivamente, a mirar las representaciones del desnudo. La cantidad de artistas que menciona y cuya obra describe es muy grande y proviene de diversas partes del mundo. No sólo espacia de la estética india de principios del siglo XX cuestionada por la obra de Amrita  Sher-Gil, de la Hungría de Edith Bash y la Colombia de Flor María Bouhot, sino que condensa una historia del amplísimo espectro de las expresiones creativas de las mujeres en el México del último siglo, su apropiación del erotismo y aún de la mirada pornográfica de quien se encuentra a sus anchas consigo misma.

Para finalizar esta presentación debo confesar que he cambiado personalmente mi modo de acercarme a las representaciones del arte erótico después de leer Desnudo y arte. Eli Bartra me ha hecho consciente de que como espectadora también cargo con una mirada que acusa nociones de género, de cultura, de clase, de raza que interfieren en mi percepción del cuerpo desnudo. He establecido una visión más dialogante con obras que plasman contextos que me obligo a tomar en consideración. Para mí nunca más será admirable un desnudo de formas armónicas, cuando los cuerpos representan torsos sin cabeza, objetos sin rostros con los que cruzar mi mirada; ni podré dejar de sentir malestar ante los modelos esqueléticos de cuerpos para la industria cosmética e indumentaria. Cuando un desnudo confirma la preferencia por la mirada de apropiación masculina, exponiendo un cuerpo desnudado, yacente y pasivo, inmediatamente siento molestia por su conservadurismo moral y economicista. Siempre he considerado que las mujeres cuando decimos “yo” y nos pintamos o asumimos nuestras narraciones, insertamos la rebelión de la diferencia en el pensamiento unívoco del patriarcado; gracias a Desnudo y arte ya tengo la seguridad de que la iconografía del cuerpo desnudo propuesta por las artistas que contravienen el sistema de género erotiza en sentido subversivo las relaciones humanas.

 

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Entrevista que me realizó en octubre Santiago Beltrán López de la Universidad Central

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Universidad Central

Feminismo y Música

Periodista a Cargo: Santiago Beltrán López.

Fuente: Francesca Gargallo di Castel Lentini

 

 

  1. ¿Quién es Francesca Gargallo?

Francesca Gargallo es una narradora mexicana de 61 años, de pasaporte italiano, que ha transitado entre diversas lenguas. Hoy vive en la Ciudad de México donde ha renunciado hace 5 años a la vida académica después de dedicarle varias décadas porque ha entrado en crisis con su labor en la enseñanza. Cree en la educación libre, que forma las opiniones y con ellas la subjetividad de las personas y aborrece en lo que han derivado los estudios universitarios: espacios de (de)formación de estudiantes para la explotación laboral

  1. ¿Cuáles han sido sus mayores logros en el ámbito académico?

Participar en la formación de una universidad pública, popular, centrada en la creación de saber con el estudiantado. En 2001 participó en el diseño de las carreras de Filosofía e Historia de las Ideas y de Creación Literaria en la UACM

 

  1. Siendo una mujer italiana (catalogado el primer mundo) ¿Por qué decide migrar al país de México?

Porque en 1979 se había dado la Revolución Sandinista y América Central representaba un lugar de reflexión política y cultural, con un Ernesto Cardenal en el Ministerio de Cultura, y centenares de jóvenes mujeres y hombres que pensaban el valor de la vida y la dignidad humana en un contexto de transformación material. No pude soportar el calor de Nicaragua de modo que me moví al norte y me encontré con el maravilloso altiplano del Anáhuac y su gente libre, absolutamente imprevisible y de habla gentil. Me enamoré de mi vida en México, de las oportunidades de pensar y trabajar con otras mujeres.

 

  1. ¿Cuáles han sido las principales razones que la han conducido hacía la lucha constante por los pueblos indígenas?

Nada más que un mínimo de lógica y la identificación que como siciliana tenía y tengo con otros pueblos a los que se les ha intentado arrebatar el territorio, la lengua y la historia y que resisten creando otras formas de pensar la convivencia y la política. Digo un mínimo de lógica y quisiera hacer hincapié que hablo de lógica histórica y lógica política: analizar la política, las ideas, las formas de organización de los pueblos y comunidades del Abya Yala permite ver que el sistema democrático formal colonizador del occidente euro-estadounidense no es el único válido y no tiene por qué ser impuesto a todos los pueblos. Con las mujeres de diversos pueblos, pero sobre todo leyendo y escuchando a las mujeres mayas de diversos pueblos de Guatemala, también descubrí el agua tibia: que los feminismos responden a opresiones específicas, no sólo de clase y raza, sino también al interior de diversos sistemas de relación de género. Las mujeres, según nuestras historias, no somos todas iguales, por lo tanto nuestros procesos de liberación pueden dialogar y aprender unos de otros, pero no pasan por las mismas demandas ni tienen las mismas estrategias, aunque la finalidad sea la buena vida en un mundo sin explotación del trabajo y los territorios. De todas formas, nuestras formas de acción pueden ser muy variadas.

 

  1. Es claro que las diferencias entre la mujer indígena y la mujer urbana son grandes por sus experiencias de vida y el ámbito en el que se nace, pero la esencia sigue siendo la misma, la de mujer, sin embargo ¿cuál es el factor diferencial entre las dos?

No creo que exista una esencia del ser mujer ni una esencia política de la femineidad. Las mujeres que viven en ciudades tienen diferencias de clase, educación, percepción política, aceptación o rechazo social; algunas han sufrido la violencia paterna por motivos de educación, por ejemplo: las mujeres de las clases altas en ocasiones obtienen privilegios carísimos, que pasan por prohibiciones y verdaderas torturas educativas. Por otro lado, muchas mujeres de sectores populares han sufrido represión patriarcal y carencias al mismo tiempo. Tampoco las mujeres de los sectores medios reciben todas la misma disposición a relaciones de género más igualitarias y placenteras. Sin embargo, por lo general, en las ciudades las mujeres están más alejadas de la materialidad de la agricultura y la silvicultura, que proporcionan grandes enseñanzas. Tienen más introyectada una educación a los derechos liberales y tienden a creer que la igualdad, y no la justicia, o la buena vida, o la repartición de derechos, sea una meta política del feminismo. Las mujeres de los pueblos originarios cuando viven en sus territorios ancestrales (muchas han tenido que emigrar a las ciudades por motivos de represión política o desgaste ecológico) tienen otras formas de participar u otras luchas para poder participar. Cambian de pueblo en pueblo. Lo que tienen en común todas las mujeres de los pueblos originarios es que su condición de género pasa por el no reconocimiento de los derechos a la tierra, una economía no de mercado, la propiedad comunal y formas de organización política comunal que no son las del estado-nación mestizo hegemónico.

 

 

  1. ¿Qué es el “Feminismo Patriarcado”?

No tengo idea. Es la primera vez que oigo hablar del feminismo patriarcado. El o, más bien, los feminismos son teorías y prácticas de mujeres, diversamente organizadas, para poner fin a las prácticas patriarcales, de colectivos de hombres hegemónicos, de despojo del trabajo de cuidado, el control de la capacidad reproductiva, la libertad de movimiento, creación y palabra, las sexualidades de las mujeres. Feminismos y patriarcado son términos antagónicos.

 

  1. ¿Por qué se le desmerita tanto a la mujer negra?

Porque para garantizarse la dominación sobre los pueblos conquistados y las poblaciones tratadas desde África, los colonizadores europeos en América inventaron el racismo moderno, que naturaliza de manera jerárquica diferencias fenotípicas entre las personas. Este racismo ha servido a todos los colonialismos posteriores y hoy es vigente también en Europa. Las mujeres negras son por lo tanto blancos de una doble, más bien múltiple, discriminación material, simbólica y cultural, que redunda en mayor violencia de género, económica y física.

 

  1. En su trabajo de campo, desarrollado en tribus indígenas, ¿Cuál ha sido su mayor aporte a aquellas mujeres que buscan un cambio dentro de su comunidad?

En realidad he vivido poco con pueblos que se definen tribales, casi siempre he vivido con naciones indígenas numéricamente importantes y con complejas formas de gobierno y cultura. En ellas he aprendido sobre la relatividad del conocimiento científico y filosófico. Igualmente sobre los límites de la cultura liberal del individualismo. Las mujeres mayas, nasa y zapotecas me han enseñado mucho acerca de la dualidad dialogante en la construcción cultural del mundo y las relaciones sociales. No creo que ninguna mujer de una comunidad con tierras colectivas, por ejemplo, desee liberarse a través de la propiedad privada que parcelaría sus bienes comunes, sino a través del reconocimiento igualitario de su participación en y para la comunidad y la desaparición de la supremacía cultural masculina en el diálogo con el mundo mestizo del estado y sus representantes.

 

  1. ¿A qué le denomina usted el “Fenotipo de la desgraciada”?

No creo haber usado nunca esa expresión, o espero no haberlo hecho. Sin embargo, la jerarquía de los fenotipos creados por el sistema racista moderno americano, de origen colonial, evidentemente construye fenotipos de personas a las que se les conceden privilegios a la hora de los repartos de tierras, bienes materiales, trabajos bien remunerados, y fenotipos de personas sobre las que recae toda la carga de trabajo. El trabajo explotado es una desgracia, es una carga no repartida, es una forma de despojo, si alguien por su fenotipo es condenado a trabajos muy explotados, su fenotipo lo convierte en una persona con desgracia.

 

  1. ¿A qué se le llama “Estética Feminista de la liberación”?

La forma con que las mujeres asumen su creatividad en sus obras sin depender del juicio masculino para considerarlas propias y válidas. La estética feminista es principalmente una valoración de la propia libertad corporal para crear libres de los parámetros masculinos y expresarse en el mundo, por ello es un instrumento de liberación. Pensar estéticamente el placer del propio cuerpo, la libertad de construir la propia justicia, el juego sin competencias, la coordinación, las simbologías de lo femenino como expresión poderosa de la subjetividad de las mujeres, sin tener que ponerla en contraposición con los valores masculinos de lo bello y lo sublime.

 

 

 

  1. ¿Cuál ha sido su experiencia feminista en Colombia?

He ido a Colombia siempre con grandes ganas de conocer su territorio (me parece unos de los países más intensamente bellos del mundo, desde la perspectiva de sus aguas, bosques, flora y fauna) y de dialogar con mujeres muy diversas, sea por su cultura propia, sea por su ubicación política contra la violencia sistémica que ha creado situaciones de injusticia de género, clase y raza muy fuertes. En Colombia conocí expresiones artísticas de mujeres ecologistas en los Andes hace más de treinta años, así como una algarabía de movimientos y colectivos muy diversos en Cali y Bogotá que pensaron en clave feminista sea el sicoanálisis como el derecho a la salud y al trabajo desde la década de 1980. Desgraciadamente, la violencia de la explotación agraria, la inexistencia de una reforma agraria, la persecución de los pueblos originarios en el Cauca y otras regiones, la pésima redistribución de la riqueza, la violación de los derechos a la tierras comunales, la presencia de empresas mineras y petroleras brutalmente ecocidas han obligado a una parte mayoritaria de los grupos feministas a pensar cómo resolver la violencia a la que están expuestas las mujeres colombianas cuando deben huir de paramilitares, militares y otros hombres en armas; por su género y por su ser colombianas son mujeres muy expuestas a ser violentadas.

 

  1. ¿De qué forma la globalización ha influido en el movimiento feminista?

Como todos los movimientos políticos y las corrientes de pensamiento, los feminismos son influidos por los macrosistemas y sus cambios. La globalización, entendiendo con ella la ampliación del mundo capitalista en todo el globo y la aparición del internet y la comunicación por red, ha influido los feminismos positiva y negativamente. Positivamente ha puesto en debate las prioridades de occidente, imponiendo a los grupos culturales que se consideraban centrales y dominantes el conocimiento de las culturas y propuestas de transformación económica, relacional y política que no provienen de Europa y Estados Unidos, es decir ha puesto en crisis la occidentalización iniciada en el siglo XVI con la invasión de África y América. Negativamente, influye en la horrible sensación de ser controladas por un sistema de vigilancia de la vida de cada una y de cada comunidad que es francamente opresiva.

 

  1. Para nadie es un secreto que la guerra, el narcotráfico y la corrupción política en Colombia ha afectado notoriamente los derechos humanos de la mujer indígena, sin embargo ¿Considera que ha sido más difícil el proceso feminista en Colombia a diferencia que en los países de Centroamérica? ¿Por qué?

 

La violencia que los estados como Colombia y México, y algunos países centroamericanos, han desplegado contra su población con la excusa del narcotráfico ha creado verdaderos narcogobiernos con narcopolicías y narcoideologías de lo que es la seguridad, porque el poder corruptor del dinero no legal es mayor que el poder del dinero que pasa por los filtros de la legalidad. Por supuesto, México, El Salvador y Colombia son países con altísimas tasas de feminicidios, que cambian las dinámicas de la violencia doméstica que no ha sido frenada en ningún país que no haya decidido actuar contra la misoginia. Por ejemplo, en México y Colombia es común el asesinato de mujeres por ser las mujeres de un grupo o de un dirigente delincuencial (en el sentido de parejas) o por trabajar en los niveles más bajos de los grupos delincuenciales. Esta violencia que queda impune ha favorecido que delincuentes de diversas índoles agredan, violen, torturen, desaparezcan, traten, prostituyan y maten a mujeres de los sectores populares y, en particular, a las mujeres de comunidades agrícolas e indígenas, con la casi seguridad de que sus crímenes queden impunes.

 

 

  1. ¿Cuál fue el detonante para haber escrito el libro “Las ideas Feministas Latinoamericanas”?

Ser una filósofa latinoamericanista que se dedica a la historia de las ideas que influyen en el pensamiento y las ideologías. Las ideas feministas latinoamericanas tienen una larga historia, se han desarrollado desde el interior de las luchas políticas desde antes de las Guerras de Independencia y por influencia internacionalista en los siglos XIX y XX, generando corrientes muy importantes de feminismos de la liberación desde mediados del siglo XX. Hoy son los feminismos nuestroamericanos los que dirigen la lucha de las mujeres hacia el derecho a la vida, la libertad de movimiento y el derecho a una relación entre las mujeres y sus territorios. La importancia de las marchas del movimiento ¡Ni una Menos!, en Argentina, y ¡Ni una más!, en México, ha llegado a Italia, Francia y España después de haber despertado al continente americano entero.

 

  1. ¿Cuál es el “Patriarcado Latinoamericano”?

Es un fenómeno de múltiples rostros, muchos de ellos ancestrales, propios de pueblos guerreros con gobiernos centralizados, pero la mayoría producido por la imposición del sistema de género eurocristiano, que diferencia el valor, los derechos y la moral de las mujeres y los hombres, sin permitir ninguna confusión entre ellos ni la vida y los derechos de personas intersexuales, homosexuales o indiferentes al género. El patriarcado no tiene un solo rostro, pero en general podríamos decir que en América hoy hay una lucha entre los viejos patriarcas a lo Pedro Páramo y los nuevos machines que se creen liberados pero exigen sumisión ideológica y económica a las mujeres. Ambos matan, el patriarcado es asesino.

 

  1. ¿Cree usted que en el movimiento feminista se debe integrar al hombre? ¿Por qué?

No lo creo. Los movimientos feministas se gestan al interior de un mundo mixto que no ha tratado a las mujeres de la misma forma que a los hombres, poniéndolas en un lugar jerárquico inferior. Así que temo que la exigencia de muchos hombres de penetrar los activismos feministas tiene que ver con su deseo de preservar un lugar de importancia entre las mujeres. Los hombres que no quieren ser patriarcales y desean acompañar a las mujeres en la construcción de un mundo sin jerarquías de género tienen la enorme oportunidad que les ha ofrecido el surgimiento de los feminismos de organizarse entre sí para deshacerse de la masculinidad tóxica que les ha impuesto el patriarcado.

 

 

  1. Para Francesca ¿qué es la familia?

Si por familia pensamos en la convivencia obligatoria de personas vinculadas por lazos de sangre o jurídicos, organizada alrededor de una pareja exclusiva y excluyente, la familia es para mí una manera tóxica de convivir. No obstante, me encanta otras formas de construir relaciones sociales de convivencia y apoyos mutuos, no necesariamente sexualizados, sino que se sostienen en el placer de cuidarse, ayudarse mutuamente y que no son ni fijas ni permanentes: relaciones familiares de personas unidas por vínculos no hjerárquicos, por ejemplo, hermanas, hermanos, tías, sobrinos; y personas que asumen las relaciones con otras por simpatía y comunidad de ideas. Personalmente, me constaría muchísimo no sólo vivir con un hombre patriarcal, sino también con una mujer sin la menor sensibilidad ecológica.

 

  1. Si en pleno siglo XXI lo que se busca es la equidad de género ¿qué se debe implementar desde el núcleo familiar para generar un cambio a futuro?

La equidad de género sería solo un primer paso hacia una sociedad sin jerarquías; eso es, sin una valoración escalonada de una cultura agraria o una urbana, del nacimiento de una niña o un niño, de un estereotipo de belleza o fealdad. Creo que lo que urge es reconocer nuestras diferencias, valorar sus aportes, y respetar sus formas. Para ello, la base es el fin de la violencia sexual y la discriminación racista y geográfica y de la explotación territorial y laboral. No puede haber equidad de género donde el asesinato de las mujeres por ser mujeres queda impune o donde las mujeres ganan menos que los hombres por el mismo trabajo o un trabajo equivalente pero identificado con el ámbito de lo femenino. En el siglo XXI lo que urge es poner fin a un mundo donde el 1% de la humanidad es cada día más rico, impone sus gustos y expone a las mujeres y hombres a ser sólo carne de trabajo obediente.

 

 

 

 

Turismo y domesticación

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Desde hace años experimento oleadas de una mezcla de antipatía, temor y odio, verdadero odio, hacia el turismo y sus destrucciones: social, ecológica, del espíritu. El turismo en efecto es la más contaminante de las industrias.

Hace por lo menos 10 años que no volvía a Mazunte, donde no me apeteció regresar después de que asfaltaran el hermoso camino entre pochotes que llevaba de Puerto Ángel a esta extendida playa que, hace 30-25 años, bordeaba una bahía con pocas construcciones de pescadores y agricultoras. Hace quince años ya iban desplazando un centro de conservación de tortuga donde antes había habido un centro de pesca y comercialización de carne y hueva de tortuga. Hoy es un lugar cualquiera donde una lugareña cualquiera te espeta que no espera turistas de poco dinero porque con poco dinero no se debe viajar. Mentalidad de capitalista trasnochada, de colonizada de la cultura del consumo, de aporófoba en riesgo de ser rechazada. El derecho a unos días frente al mar es para quien se puede pagar un avión, no vaya a ser que los viajeros de autobús o de combi arruinen el comercio de las vacaciones denunciando un asalto en carretera. Pendeja, mil veces pendeja, la maldije por mis adentros. Pero no es la única.

Tours, vendedores de tours te persiguen: caballos, lagunas luminiscentes, motocicletas, cascadas mágicas… Mucho ruido para quien quiere estar sola frente a las olas del mar, escuchar su sonido eterno. Insisten los vendedores de tours: cascadas mágicas. Y la palabra “mágicas”, tan mal usada en México para destruir atmósferas y alegrías sutiles de pueblos y ciudades campesinas y coloniales, de repente me hace enfurecer. ¡Es horrible Mazunte, lo mágico se lo han quitado usted y la secretaría de turismo y todos y todas estas idiotas que ni saben en qué país están vacacionando!

Tengo ganas de llorar y de pegarle a alguien, dos actitudes que me hacen parecer como una loca. Pero en 60 años he visto colonizar por el turismo hasta el más recóndito lugar frente a la playa de Italia y de México, de Grecia, de Turquía, Honduras y España y yo odio el colonialismo. El libre espacio común muere ahogado por palapas falso tropicales con piso de loseta de terracota, carteles de free wifi, cafés expresos de italianos desesperados y ladrones que creen que su modo de preparar el café es el mejor del mundo y no aceptan cuestionamientos. Turismo colonial, colonialidad de los turistas y de las y los ofrecedores de servicios turísticos.

Miradas de desprecio a las viejas, los viejos, los gordos, las gordas: el mar como pasarela de aceptación transnacional o discriminación.

Pescadores desplazados y barcos-fábrica en alta mar donde agonizan sofocados por la plástica todos los animales del océano.

Alegres cocineras convertidas en sirvientas de chefs de apellido estrafalarios.

Happy hours para una borrachera que te da vergüenza pegarte en un viernes a la salida de la oficina.

Muchachos y muchachas que sonríen con sus blancos dientes, más blancos aún por el resalte de la piel tostada, pensando que algún día, si se esfuerzan mucho, si no gozan ni un segundo trabajando duro frente a su propia playa, podrán maltratar a otro muchacho o muchacha de diente blancos en medio de una hermosa piel tostada en otro rincón del mundo que no saben dónde está, por quién es habitado, qué gobierno tiene, pero campea en la siguiente página de los volantes que reparten en la entrada del pueblo.

Mierda, mierda, mierda. Mi resistencia hoy no va más allá de ser una gorda feliz arruinándole su paisaje y tirándose al mar sin contratar tours. Cuando alguien me ayude, quemaremos las pinches palapas de México hasta la India y le haremos brujerías a los vendedores de tours de Italia hasta Nepal.

Las elecciones en Brasil

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Las de Pilato: lavarse las manos en las elecciones de Brasil como rebelión e inconciencia
Desde Abajo (Colombia)
La antesala de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil sacó a flote pulsiones y fuerzas que habían estado contenidas o invisibles en el espectro de las relaciones sociales y mediáticas del país. Animados por el discurso de odio del ultraderechista Jair Bolsonaro, sentimientos y posiciones que se tenían por “superadas” salieron del armario haciendo fiesta: intimidación, acoso, xenofobia, discursos de odio, racismo, homofobia, misoginia, nazismo, fascismo, apología de la tortura y de la muerte… Fin de la hipocresía democrática.

El viernes 26 de octubre, mientras celebrábamos el cierre del 10mo Seminario Brasilero en Teoría e Historia de la Historiografía en uno de los campos de la Universidad Federal de Ouro Preto (UFOP) en la ciudad de Mariana, nos informaron que un grupo de estudiantes de Derecho de la UFOP estaba siendo sitiado por la Policía Militar por el hecho de haber colocado dentro de las instalaciones universitarias una pancarta contra el retorno de la dictadura. Ese mismo día, durante la plenaria del evento, fuimos informadxs de que varixs profesorxs y colegas fueron amenazadxs, atacadxs por estudiantes afines a Bolsonaro y/o denunciadxs ante los organismos de seguridad del Estado por sus posiciones políticas e ideológicas.

Desde que se conocieron los resultados de la primera vuelta electoral, las agresiones fueron creciendo. En Salvador de Bahía, la mera noche entre el 7 y el 8 de octubre, el maestro capoeirista Moa do Katendê fue asesinado por un fanático bolsonarista solo por haber criticado al candidato ultraderechista. Durante la misma noche, hombres neo-nazistas atacaron a una joven marcando su piel con la cruz esvástica, solo porque vestía una franela con la frase ELE NÃO. En los días siguientes, la joven transexual Laysa Fortuna fue asesinada por un fanático conservador afín a Bolsonaro. Estudiantes universitarixs han sido atacadxs en diversas ciudades por su afinidad con movimientos y organizaciones sociales de izquierda. Integrantes de pueblos indígenas, lesbianas y homosexuales de diversas ciudades, así como grupos de mujeres que salieron sin la compañía de hombres fueron amenazados de muerte en las calles.

Tiempos oscuros se anuncian en Brasil. Con 57,7 millones de votos (55,1 %), el pasado domingo 28 el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro (PSL) conquistó el triunfo como Presidente de la República en la segunda vuelta de una de las elecciones más polémicas y manipuladas en los últimos años. Mientras, el centro-izquierdista Fernando Haddad (PT) obtuvo un total 47 millones de votos (44,9%), quedando 10 puntos por debajo en el total de los votos válidos. Para muchxs, la batalla electoral no fue una contienda entre candidatxs de dos partidos con sus respectivos programas de gobierno, sino la disputa entre la preservación del marco democrático, por un lado, y el avance de un proyecto abiertamente autoritario, xenofóbico, misógino, homofóbico, racista y ultraneoliberal, que bien puede tildarse de fascista, por el otro. Mientras Haddad representó la defensa de las garantías democráticas y de las conquistas sociales, políticas y económicas, Bolsonaro capitalizó el discurso de la “anticorrupción”, el anticomunismo, el antiabortismo, la seguridad, el racismo y la defensa de la “familia”.

Los resultados expresan un ascenso importante y peligroso del neoconservadurismo, el ultraneoliberalismo y el patriarcado, cuya legitimidad parece respaldada por la mayoría de la población brasileña. Las apariencias esconden, sin embargo, un dato no subestimable: el 30% de lxs electorxs optó por abstenerse (21,3%), votar nulo (7,4%) o votar blanco (2,1%). Teniendo en cuenta el carácter obligatorio del ejercicio del voto en Brasil, estamos hablando de un número significativo que pudo haber cambiado el resultado electoral y que, además, nos lleva a poner en cuestión la idea según la cual Bolsonaro cuenta con el respaldo de más de la mitad de la población brasileña. Dicho esto, no desconocemos el preocupante despliegue del espíritu de odio, misoginia, homofobia y racismo que, junto con la proscripción de la candidatura del expresidente Lula y el entramado de alianzas entre los grandes medios, el poder judicial y los poderes económicos, llevaron al poder al candidato ultraderechista.

Con el carácter plebiscitario de las elecciones, algunxs consideraron que quienes optaron por la abstención, el voto nulo o el voto blanco se lavaron las manos frente a lo que estaba en juego. Sin embargo, para este 30% las dos opciones electorales estaban en el mismo nivel de rechazo, de modo que la opción electoral no plebiscitaria les permitió manifestar su descontento contra la corrupción, contra las medidas de aumento de pasaje y la ley antiterrorista implementadas por el gobierno del Partido de los Trabajadores, así como su inmovilismo ante el empeachment golpista de 2016 contra la presidenta Dilma Roussef. Se abstuvieron porque, más allá del candidato, votar contra Bolsonaro implicaba votar por un PT que había decepcionado a la derecha y la izquierda parlamentarias con políticas aparentemente “mesuradas” que evitaron el enfrentamiento en las calles a las últimas medidas contra los derechos laborales aprobadas e implementadas durante el gobierno golpista de Temer.

La señora Victoria fue una de los varios millones de personas que engrosó ese 30%. Nunca había votado y esta vez tampoco lo haría. Para ella, el “estado de excepción” (autoritarismo, racismo, violencia, represión…) que se impondría bajo el gobierno de Bolsonaro constituía la regla de una cotidianidad que, hasta ahora y según ella, se había mantenido invisible para la cotidianidad “central” de la vida democrática en Brasil. Respondiéndole a unxs estudiantes que andaban militando puerta a puerta para intentar revertir la tendencia a favor de Bolsonaro, expresó: “Quién sabe si con universitarios desapareciendo, periodistas siendo torturados, hijos de rico apareciendo morados y flotando en un río, eso comience a ser discutido de verdad y ahí, quién sabe, si tenemos suerte, nuestra vida entre en esa discusión, porque hasta ahora solo entró para servirles a ustedes (…). Yo perdí a mi hijo de 14 años, joven, con un tiro de fusil en la cabeza. Estaba con el uniforme de la escuela y una mochila”.

Las medidas más antipopulares implementadas durante los dos años del gobierno de facto de Michel Temer son aquellas que limitan los derechos laborales y el gasto público. De hecho, por 20 años en Brasil no podrán incrementarse gastos públicos; es decir, los gastos en educación, salud, cultura, administración tendrán recortes de hecho, impidiendo la investigación universitaria, la educación primaria, mientras los salarios de parlamentarios y jueces aumenta. Esta es la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) para determinar un techo presupuestario a la inversión pública. Si bien es una medida del gobierno golpista de Temer, Bolsonaro promete mantenerla y hasta profundizarla. Frente a estas políticas de recorte y desmejora de beneficios y derechos sociales, el PT optó por una estrategia parlamentaria, sin llevar adelante una política de agitación y de consulta popular que permitiese frenar la medida mediante la presión de calle.

Las políticas mediáticas del gobierno golpista, en alianza con el Tribunal Superior de Justicia, enfocaron la atención hacia una política armamentista de seguridad contra la violencia en un país que, con 209.000.000 habitantes, mantiene una media de homicidios de 4250 por mes y, simultáneamente, llevaron adelante la condena de Lula por corrupción así como su proscripción como candidato presidencial, potenciando aún más y con fuerza la imagen de descomposición del PT.

Si bien Bolsonaro gana las elecciones con más de la mitad de los votos válidos, no es todo Brasil el que vota a favor de sus políticas familistas, ultraneoliberales y conservadoras. Los resultados electorales expresan y ratifican la misma división territorial con la que es gestionada y distribuida la desigualdad social y económica del país.

Bolsonaro obtiene sus votos fundamentalmente del Sur (Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur), el Sudeste (Río de Janeiro, São Paulo, Minas Gerais y Espíritu Santo) y el Centro-Oeste (Goiás, Mato Grosso do Sul y Mato Grosso), regiones en las que se concentra el mayor índice de ingreso per-cápita de Brasil y donde se encuentran los principales centros urbanos, agropecuarios, silvícolas y mineros. Pero también los obtiene de algunos estados de la zona Norte (Roraima, Acre, Rondonia y Pará), estados en los que habitan comunidades indígenas, se concentran las más importantes reservas ambientales y donde el capital invierte fuertemente en la agricultura extensiva de monocultivo, la ganadería y la minería, todas ellas perjudiciales para la conservación de los territorios y la sobrevivencia de los pueblos indígenas, amenazando directamente la Amazonía. En el norte, Bolsonaro gana utilizando un discurso xenófobo para incrementar el rechazo a la migración venezolana, a la que desde agosto pasado quiere encerrar en un campo de refugiados. Bolsonaro ha pedido revocar la ley de migración, una de las más avanzadas del mundo, según especialistas de la ONU, sosteniendo enfáticamente que Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas.

En cambio, Haddad gana en el Nordeste (Bahía, Maranhão, Piauí, Ceará, Pernambuco, Sergipe, Alagoas, Río Grande del Norte y Paraíba) y en algunos estados del Norte (Amazonas, Amapá, Tocantin), una región históricamente excluida de las políticas sociales y económicas de Brasil.

El mapa electoral muestra, así, la desigualdad estructural sobre la cual se erigen estos dos Brasil-es. El Nordeste, la tercera región más extensa de Brasil y la segunda con mayor densidad poblacional, contiene en su territorio una alta población negra e indígena y es considerada una de las regiones más pobres del país, con mayores niveles de desigualdad y de analfabetismo. Sus niveles de pobreza tienen sus orígenes en la Colonia. De sustentar la economía brasilera con la exportación del azúcar, el polo económico nordestino fue desplazado, en un primer momento, por el mercado del oro y, posteriormente, por el mercado cafetalero, ambos mercados ubicados en la región del Sudeste. Pero fue el salto industrial desplegado en el Sudeste –con mano de obra fundamentalmente nordestina– durante las primeras décadas del siglo XX, el que terminó de consolidar el abandono social y económico hacia el Nordeste, que solo fue parcialmente revertido a partir del gobierno de Lula, quien llevó adelante políticas de asistencia social que consiguieron mejorar la calidad de vida del pueblo pobre nordestino.

El racismo brasileño, que había estado escondido bajo el manto de la “democracia racial”, salió del closet, mostrando un país profundamente dividido, desigual y violento. Las políticas de cotas raciales, que intentan aminorar los índices de desigualdad en el ingreso a la educación pública universitaria, han sido cuestionadas y su derogación forma parte de las promesas del nuevo presidente electo.

En su discurso, Bolsonaro deja bien clara su política antindigenista: “ni un solo milímetro” de tierra para las comunidades indígenas, cuyas nacionalidades rondan aproximadamente las 380. La negación de los derechos ancestrales y territoriales de las poblaciones indígenas le garantiza el apoyo de los expansivos ganaderos y talamontes del norte, porque implica echar para atrás las políticas de demarcación de tierras indígenas y su inviolabilidad por parte de empresas ecocidas y mineras.

Políticas contra los derechos laborales, que ya vienen siendo implementadas por el gobierno golpista de Michel Temer con la Reforma Trabalhista y la Propuesta de Enmienda Constitucional que congela el gasto público por 20 años, son parte del paquete programático del futuro gobierno de Bolsonaro.

Del lado de las fuerzas democráticas, la resaca poselectoral viene impregnada con una fuerte carga de tristeza, miedo y desesperanza, y no es para menos. A tres días de los resultados electorales, las fuerzas conservadoras, patriarcales y ultraneoliberales representadas en la imagen del nuevo presidente electo comienzan a tomar posiciones en el ajedrez político, social y administrativo del país. La madrugada del pasado lunes 29 de octubre fueron incendiados una escuela y un puesto de salud en la aldea Bem Querer de Baixo, perteneciente al territorio indígena de los Pankararus del estado de Pernambuco.

Bolsonaro y Temer se reunirán la primera semana de noviembre para intentar aprobar este mismo año la Reforma de la Providencia con la cual se pretende, entre otras cosas, eliminar las jubilaciones de lxs trabajadorxs; asimismo, el presidente electo anunció la fusión del Ministerio de Agricultura con el Ministerio del Ambiente, dando claras señales de su compromiso ecocida con el gran capital. Con una política de caza de brujas, el propio Bolsonaro, junto con la diputada catarinense Ana Carolina Campagnolo, convidó a lxs estudiantes a filmar y denunciar a lxs docentes que estuviesen usando las aulas de clase para “adoctrinar”, y justo hoy se debate en la Cámara de diputados el proyecto de ley llamado “escuela sin partido”, con el cual se pretende cercenar la libertad de cátedra y de pensamiento que ha prevalecido en los espacios de formación y educación.

Sin embargo, otros espíritus, sentimientos, actitudes y fuerzas se movilizan. El día 30 de octubre en la avenida Paulista de la ciudad de São Paulo, gracias a una convocatoria realizada por el Frente Pueblo sin Miedo, miles de personas se movilizaron para manifestar su determinación a luchar contra el avance del fascismo en Brasil. El lunes 29, en la Universidad de São Paulo, cientos de estudiantes y profesorxs realizaron una marcha para hacer frente al acto de celebración de los resultados electorales convocado por estudiantes afines al ultraderechista Bolsonaro. El mismo lunes, a un día de la segunda vuelta electoral, se ha conformado una Plenaria de Resistencia Antifascista en Río de Janeiro que reúne a miles de trabajadorxs, jóvenes y estudiantes.

Frente a los tiempos oscuros que se anuncian con el ascenso del neoconservadurismo y el ultraneoliberalismo bajo el gobierno de Bolsonaro, las fuerzas democráticas, antipatriarcales, antifascistas, antirracistas, feministas y anticapitalistas se manifiestan en los espacios públicos. Se vienen tiempos de reinvenciones.

Este artículo fue publicado en el el periódico Desde Abajo de Bogotá.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

A tres años del desastre ambiental de Mariana, Minas Gerais. ¡Quien construye la memoria de los pueblos?

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Esta es la carta que escribí a mi hija y a tres de mis mejores amigas, después de un día pasado a visitar los lugares del desastre ambiental de Minas Gerais, en 2015, y revisar lo que dice al respecto la Fundación Renova, que supuestamente ayuda a las personas damnificadas a recuperar lo perdido.

La mentira como memoria colectiva la construye la compañía minera responsable del desastre, avalada por el estado brasileño, y tiene rostro de ONG.

Mis queridas Helena, Melissa y Gabiuski, mi querido Edoardo, no he dejado de pensar en ustedes durante todo el día. El lunes di mi conferencia magistral y doné oficialmente los libros de mi padre a la Universidad de Mariana, Minas Gerais. Ayer, martes 23 de octubre, me concedí un día de investigación sobre el peor desastre ecológico de América del Sur, sucedido hace 3 años a 24 kilómetros de esta  Mariana, antigua capital del estado de Minas Gerais, espléndida y rica ciudad minera colonial.

El lunes, durante el debate en el X Seminario Continental de Historia e Historiografía,  sostuve que la sustitución de la memoria colectiva por memorias “confeccionadas” por emisarios del capital, del poder eclesiástico, del patriarcado o de un sistema global de control, es una práctica antigua que últimamente se ha incrementado al punto de hacernos dudar de lo que hemos vivido, visto con nuestros ojos o experimentando con miedo, alivio, terror o placer en nuestras vidas. Ayer lo comprobé en la práctica.

Por la mañana me fui a la Fundación Renova, en una antigua casa restaurada frente al jardín central de Mariana. Gran despliegue de computadoras, planos que se iluminan con las preguntas, vídeos y grabaciones de sobrevivientes del desastre ocurrido el 5 de noviembre de 2015, cuando dos represas de una minera colapsaron arriba de un pueblito (un subdistrito, como se dice en Brasil), Bento Rodrigues, a 24 kilómetros de aquí.

Los testimonios eran impactantes, todos lloraban lo perdido, el miedo, la devastación ambiental, pero, extrañamente, terminaban diciendo que gracias a Renova “el futuro” sería bueno, cuando no mejor al pasado idílico que acababan de describir. Sí, habían perdido tierras, casas, amigos, animales, la iglesia, las costumbre, casi el paraíso, pero…. en el futuro tendrían casa nueva, recomenzarían sus vidas de mejor manera.

Últimamente cuando me hablan de futuro en medio del horror del presente se me eriza la piel. Siento la peligrosidad de ese discurso, casi como en las películas gringas cuando nos dicen que más vale que abandonemos la tierra contaminada para irnos a vivir a otro planeta.

La Fundación Renova menciona de paso que la empresa minera a la que “le sucedió” la desgracia del colapso de las presas Fundão y Santarém,  es la compañía Samarco Mineração S.A. (empresa conjunta entre la brasileña Vale S.A. y la holandesa BHP Billiton), pero que también Samarco es quien aporta la mayor cantidad de fondos para la reconstrucción, porque es “muy responsable”.

Entre las cosas que aprendí en la Fundación Renova es que el colapso de las represas mató a 19 personas y contaminó con 39.2 millones de litros de desechos en forma de lodo a 670 de los 879 kilómetros del Río Doce, en su recorrido por dos estado, Minas Gerais y Espíritu Santo, antes de desembocar en el Atlántico y contaminar todo el litoral, matando peces y corales. ¿Con qué sustancias contaminó? Eso Renova no lo dice, la palabra arsénico daría muy mala impresión. Tanto como plomo y mercurio. Renova prefiere informar acerca de que el Río Doce es uno de los más importantes de Brasil, que en los 670 kilómetros contaminados ha impactado a 101 afluentes y arruinado a 511 nacimientos de agua y que en el futuro todo eso va a ser recuperado con creces.

La finalidad expresa de la Fundación Renova, que aglutina empresas, donantes particulares y aparatos estatales es la mediación con las personas damnificadas para restablecer sus condiciones de vida y resolver el impacto de los lodos contaminantes sobre las aguas y los terrenos afectados, que siguen tan contaminados que no se permite que sobre ellos se reconstruya o se vuelva a sembrar.

Pretende que para 2022 (el futuro, siempre el futuro) el agua estará mejor que antes del desastre, que ahora (2018) el agua ya está en las mismas condiciones de antes del mayor desastre ambiental de Brasil. Lo saben, sostienen:  hoy por hoy el Río Doce “es el más monitoreado del país”. Igualmente afirma que para 2021 podrán recuperarse en la zona las actividades agropecuarias, porque Renova  ha coadyuvado en la construcción de dos diques adicionales que ayudan a evitar derrames y filtrar el agua, de modo que se pueda tratar los desechos en las zonas de planicie aisladas y, de manera extraordinaria “mejorar la agricultura sustentable”.

Bueno, todas sabemos de la grandilocuencia de los propósitos de las ONG.

Por la tarde de ayer, con una compañera que ya había ido en tres ocasiones a Bento Rodrigues desde la tragedia de hace tres años, y con mi amiga Livia, un historiador mexicano y otro brasileño, con los cuales habíamos discutido la noche  anterior el peligro de hacernos colectivamente robar la memoria, fuimos a Bento. Primera sorpresa: a lo largo del camino hay muchos carteles poniendo sobre aviso a los transeúntes acerca de los peligros de la zona. Carteles que no existían al momento de la tragedia ni hasta un año después de que ésta había sucedido. Vimos los muy avanzados trabajos de reconstrucción de los  “nuevos” pueblos que sustituirán a los destruidos (“viejos”, con iglesias del siglo XVII y trazos de ciudades mineras coloniales). Muchos obreros, cortes de árboles no nativos para dar lugar a los emplazamientos, maquinaria pesada, camiones de volteo.

Cuando llegamos a Bento Rodrigues resultó que a cambio de las nuevas casas y terrenos, la empresa Samarco se ha quedado con los terrenos contaminados; de manera que nadie que no sea personal autorizado puede entrar. En la curva desde donde pudimos observar un puente dique y un montón de piedra para filtrar el agua, un joven policía privado nos franqueó el paso y no hubo modo de convencerlo de que nos dejara llegar al río, cosa que pudimos hacer sólo muchos metros más adelante. De paso, el muchachito de uniforme nos dijo que el próximo domingo votará por Bolsonaro, porque el PT es el pasado y el fascista militar es el futuro.

En Bento Rodrigues nos enteramos, sin embargo, que el día de la tragedia no hubo más alerta que la de una heroína sin nombre, una funcionaria de Samarco que al ver las represas colapsar corrió al pueblo para avisar a la población y reducir el riesgo de vida de las personas. Junto con las maestras de la primaria, logró subir al cerro a todas las niñas y niños de la escuela y avisar a las personas que vivían esas las casas del fondo valle que quedaron totalmente sumergidas por el lodo contaminado.

De regreso a Mariana, nos quedó muy claro que la sustitución de la memoria colectiva por una memoria fabricada en el neoliberalismo es causada por los daños de empresas a las que el estado avala y por ONG que les lavan la cara.

Ante ello, sólo me quedó intentar un poema:

CULPA MINERA. VOCES DE LA MEMORIA

Primero fue el ruido en la tarde dominguera

no hubo alerta

solo ruido  bajo el sol

un trueno de agua

Se rompió el dique, gritó la mujer que llegó corriendo

Madre corre, corre madre

No voltees, madre

a nuestra casa la invade el barro rojo

la lama oscura arrastra tus plantaciones

animales, las fotos de tu vida, el pasado

la oscura lama

Sube madre, sube al cerro

mira que el niño trepa al aguacate, la cabra huye al monte

mira que el viejo llora su trabajo en el huerto

Vamos madre que la plaza se tiñe de oscuro

se inunda la cancha de fútbol

No me deje. No te dejo

Vecino, ¿dónde volverás a vivir conmigo?

Esperanza, destrucción, esperanza

¿Dónde va a vivir mi río?

 

P.S. En internet encontré la siguiente información en Wikipedia: “Ambientalistas consideran que es imposible recuperar al río. Según el biólogo y ecologista André Ruschi, que trabaja en la Estación Biológica Marina Augusto Ruschi en Aracruz (Espírito Santo), los residuos permanecerán en el río al menos por 100 años.

Los residuos vertidos al río afectaron también la Usina Hidreléctrica Risoleta Neves, que se encuentra en Santa Cruz do Escalvado, a unos 100 kilómetros de Mariana. Según la concesionaria que administra la presa, su funcionamiento no se vio perjudicado.14 

El día 9 de noviembre, la alcaldía de Governador Valadares interrumpió el suministro de agua en la ciudad debido a la presencia de metales pesados en las aguas del río Doce.15​ Al siguiente día, fue decretado el estado de calamidad pública, en función al desabastecimiento de agua en la ciudad.16​ El día 13 de noviembre, el Ejército Brasileño montó un punto de distribución gratuita de agua en la plaza dos Esportes, en el centro de la ciudad.17

De acuerdo con los análisis realizados en Governador Valadares, se encontró en las aguas con lodo cantidades mayores a las aceptables de metales pesados, sustancias nocivas para la salud, tales como arsénicoplomo y mercurio.18

 

 

 

Entre el linaje que cierra y el trabajo que abre: las mujeres quich’és en las tramas  del Gobierno Comunal Indígena

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Texto de la presentación del 31 de agosto de 2018 en el Foro Carlos Montemayor, V Fiesta de las Culturas Indígenas, Plancha del Zócalo de la Ciudad de México

 

Cuando un libro esclarece los lados oscuros de la formación académica, tan centrada en la idea de que estado y capital vehiculan necesariamente el progreso de los pueblos, hay que leerlo con mucho cuidado no tanto porque sus ideas sean complejas, sino porque no son corrientes.  Sistemas de gobierno Comunal Indígena. Mujeres y tramas de parentesco en Chuimeq’ena’, de Gladys Tzul Tzul, nos presenta la historia moderna de los pueblos indígenas como una historia de fases no correspondientes a las que reporta la historia estatal, a la vez que nos ofrece interpretaciones no capitalistas, pero no por ello marxistas, de las ideas de política, territorio, medios de producción, reproducción, liberación y deseo en la existencia social.

Escrito entre la dolida indignación por la masacre del 4 de octubre de 2012 en Totonicapán, cuando el estado de Guatemala asesinó a seis comuneros durante una protesta, y el amor por el sistema de gobierno indígena como productor del sentido político de las comunidades, el libro de Tzul esclarece las formas de producir decisiones políticas comunitarias por parte de mujeres y hombres, ahí donde la antropología del feminismo liberal sólo ve relaciones de dependencia patriarcal.

Los objetivos prácticos de la política comunal hacen posible la vida cotidiana, en un espacio concreto y en una historia precisa. Producen formas de inclusión diferenciada a su interior para que las mujeres dependan emotiva y económicamente de los linajes paterno-matrimoniales.  La resistencia al interior de las tramas de parentesco basadas en esos linajes son llevadas a cabo por mujeres que las han aceptado desde la ampliación, en 1870, de su territorio mediante una treta de utilización paradójica, comunitaria, de las leyes de privatización de la tierra por el sistema liberal. El conjunto de apellidos paternos de la comunidad compró entonces las tierras que insertó en los títulos de propiedad comunal, haciendo que las mujeres por sí solas no pudieran acceder a la herencia de las mismas, a menos de que fueran hijas o esposas de hombres con los apellidos “adecuados”. La defensa del territorio es un objetivo compartido por mujeres y hombres como práctica de su autonomía antiestatal comunitaria; ninguna mujer quich’é desea liberarse a través de la parcelación de las tierras en propiedades privadas, más bien, desea otra relación con el bien común, que dependa más del trabajo que realiza con los hombres para la protección, funcionamiento y producción de la toma de decisiones y los bienes comunitarios que de los cálculos matrimoniales para no perder sus derechos y los de sus eventuales hijas e hijos.

Gladys Tzul Tzul es una brillante socióloga quich’é que en su primera juventud quedó deslumbrada por el pensamiento de Foucault porque, según ella misma me contó hace tiempo, su pensamiento le permitía vislumbrar las potencias que se anidan en el trabajo colectivo, en las resistencias femeninas, en el sostenimiento de la vida comunal, en las estrategias para defender las tierras colectivas y en las formas de la producción de la existencia social, sin tener que aceptar la aplastante narrativa del poder colonial hegemónico.

El antiestructuralismo de Foucault y el análisis feminista del capitalismo de Silvia Federici, pasando por las políticas del deseo y el reconocimiento de la potencia comunal histórica, le permiten a Gladys Tzul apelar a la vitalidad del cuerpo. Reconoce así el trabajo común, el k’ax k’ol (tequio, en México) de las mujeres y los hombres como la acción política anticapitalista que produce el ritmo de la existencia y que despliega las tácticas para organizarse y burlar el poder y su orden simbólico. El uso y la disposición de lo común produce defensas, regulaciones y decisiones para la reproducción de la vida.  Doña Julia Tohom, quien fuera alcaldesa comunal en Chuisac, lo explica claramente: “Aquí todas trabajamos parejo, entonces todas podemos decidir qué se hace con la tierra comunal, nosotras trabajamos comunalmente y por eso tenemos que decir lo que pensamos”.

Gladys ha asumido ciertos análisis feministas del capital, como los de Silvia Federici, afinando su visión propia sin olvidar el relámpago que le permitió entrever en la oscuridad académica todas las tramas que pueblan el universo comunal. Siendo sujeto y objeto de sus  estudios políticos, ha escrito diversos artículos y los libros Sistemas de gobierno comunal indígena. Mujeres y tramas de parentesco en Chuimeq’en’a,  y Gobierno Comunal Indígena y estado Guatemalteco. Algunas claves críticas para comprender una tensa relación.

Para la gente que no está acostumbrada a la toponimia maya kich’é, Chuimeq’en’a es un antiguo amaq que quedó reducido en la conquista, aunque un título de 1553 les reconozca sus fronteras. En los mapas guatemaltecos se encuentra bajo el nombre de Totonicapan. El municipio se ubica en la cordillera de la Sierra Madre, está dividido en 48 cantones, su topografía es montañosa, con fuentes de aguas termales y nacimientos de aguas frescas y extensos bosques de coníferas. En esa geografía se han desarrollado rebeliones indígenas que han enfrentado y fracturado el poder colonial. Ahí Atanasio Tzul, Felipa Toc y Akiral se levantaron contra los cobradores de tributos, inaugurando la  independencia de Guatemala.

Para entender la política comunal indígena como un entramado de estrategias de sobrevivencia física y cultural, Gladys se mete con la defensa  de  los medios concretos para la reproducción de la vida. En Sistemas de gobierno comunal indígena nos recuerda que cuando se refiere al territorio, implica todo lo que contiene: “el agua, los caminos,  los bosques, los cementerios, las escuelas, los lugares sagrados, los rituales, las fiestas, etc., en suma, la riqueza concreta y simbólica que las comunidades producen y gobiernan mediante una serie de estrategias pautadas desde un espacio concreto y un tiempo específico estructurados desde cada unidad de reproducción”. En el territorio geográfico e histórico de Chuimeq’en’a, la reproducción de la vida social es defendida mediante un sofisticado sistema de gobierno comunal que articula tramas de alianzas de parentesco. Desde una lógica antropológica occidental esas tramas se definen como patriarcales y excluyentes, sin embargo, si se analizan como estrategias políticas para resguardar las tierras comunales del sistema estatal, la definición se hace más compleja  porque la limitación de la herencia por apellidos masculinos excluye a las mujeres de la transmisión de una propiedad individual, capitalista, a la vez que reconoce que sin la fuerza del trabajo de las mujeres no sería sostenible la vida comunal.

No tengo nada contra las alcaparras

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De entrada se lo digo, no tengo nada contra las alcaparras. En mi pueblo crecen en las grietas de los muros de adobe y son grandes, en salmuera se vuelven deliciosas, con pan seco rayado complementan la pasta de los pobres, con berenjenas, aceitunas y albahaca crean sabores para deleitar a las diosas más exigentes. Pero que nadie me llame perro en salmuera (salty dog) que me enojo como una hiena. Un perro salado se parece a un perro roñoso. La fealdad del lenguaje crea la fealdad del mundo. A mí que me hablen en lenguas sonoras, inteligentes, llenas de imágenes solares. Si me dicen vieja loba de mar me vuelven a crecer rizos negros en la cabeza, se me tuesta la piel y se me infla el pecho como si fuera la más aventada de las hijas del Corsario Negro y acabara de cumplir unos osados y medio andados treinta años. Acepto ser un oso de mar, Seebär, como esos intrépidos hanseáticos que desafiaron a reyes; un morski lav de la Ragusa renacentista; un loup de mer sin descanso; un المجندي de valor cartaginés; un deniz aslani, león de mar de Esmirna; pero no un pinche perro en salmuera: en mi mundo ideal nadie hablaría una lengua tan fea como el inglés.

LA MEMORIA DEL DETENIDO: PRESENTE, FUTURO Y AMISTAD EN LAS CALLES DE LAS CIUDADES AJENAS DE JORGE BUSTAMANTE.

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Durante la espera vacía del horror, el poeta se narra su historia de formación: en un presente aterrador nos salvan los encuentros de la vida, las ciudades recorridas, las pérdidas y los libros.  Las calles de las ciudades ajenas (Sílaba editores, Bogotá, 2018) de Jorge Bustamante García es una de las novelas más cuidadosamente escritas sobre el secuestro y la detención ilegal cometidos por funcionarios públicos en contra de un ciudadano en un país que se dice democrático. Es el recuento de una fuga interior y de la atenta observación de la humanidad de los cómplices en un delito de estado. Por ejemplo, los soldaditos que lo escoltan en el jeep que recorre el eje cafetero colombiano, tan verde, tan bello, tan húmedo, después de una noche en una jaula diminuta escuchando la voz de una muchacha que le pasa su teléfono para que avise a su familia. Pues esos soldaditos son la encarnación de la sencillez campesina avasallada por las órdenes de estado y se sorprenden de que el detenido pueda darles respuestas simples sobre el pueblo del que siempre han oído hablar por la propaganda de la Guerra Fría, los rusos. Y preguntan si son tan borrachos como se dice, si están hechos para soportar el frío, si las mujeres, que suponen invariablemente hermosas, son fogosas o heladas.

Pero no son los desaparecedores, fiscales, inquisidores, torturadores, bien o mal vestidos, los protagonistas de esta novela que trasuda amistad y mundo. Las calles de las ciudades ajenas, en efecto, se explaya sobre tres tiempos, el presente del secuestrado, los ocho años antes, cuando su vida se acelera y define mediante una beca, un examen, el adiós a las personas amadas, el entusiasmo del estudio, y el futuro que ya ha sucedido y que se filtra en la narración con un giro muy simple: “treinta años después sabría…”. Con estos recursos, Jorge Bustamante García, que por momentos reconozco entero en el personaje Eddy, ya que nos unen más de treinta años de amistad, lecturas y encuentros, nos ofrece la destilación lentamente decantada de sus memorias y su pasión por unos escritores míticos, que también traduce al español.

Cuando a Eddy lo secuestran, le arrancan los libros que ha llevado consigo de Rusia a Colombia. Sus recuerdos brotan desde el momento mismo en que debe fugarse del pánico, a sabiendas de que fantasear sobre su futuro inmediato puede enloquecerlo, y pasan por cómo ha leído, adquirido, conocido cada uno de los libros que está perdiendo, por qué manos amigas desfilaron, qué panoramas, historias y personajes se cruzaron con él mientras los leía.

El detenido rememora su vida de estudiante de geología en la desaparecida Unión Soviética, sabiendo que en Colombia las personas que ama ya lo están buscando. No hay dudas sobre el afecto permanente de la familia en medio del caos de la violencia que extravía hasta la belleza. La familia aparece también en el recuento de un pasado que vive intenso en la pasión por la comprensión y la casi textil sensualidad de las sensaciones vividas, por momentos aterciopeladas como los ojos de Natasha T. que, al atreverse y no a amarlo, le devela los secretos de la Rusia soviética que sobrevivió a la Gran Guerra Patria y que desde entonces le teme a los extranjeros y construye sus clases medias sobre las jerarquías militares. Ojos de noche de mayo de mil novecientos setenta y siete en la dacha donde había dos jóvenes fuertes; ojos vacunados contra los celos y ardientes como el alcohol. Sin embargo, es en el algodón fresco de los vestidos de la muchacha de los ojos verdes, que va y viene, reconfortante presencia del pasado en el presente, que se asientan los días a vivir, a rememorar, a desear.

En la novela también la escritura tiene pasado, el de los libros leídos y los escritores venerados, presente, como hecho creativo e instrumento de una treta de la memoria para deshacerse de las censuras, y futuro, el de la hija que leerá la historia de Eddy en un parque que él ya conoce en una ciudad del sur de Francia. Hay tres hombres que le exigen una confesión a Eddy y éste escribe en las hojas que le proporcionan los momentos de amistad, amor y asombro por la entrañable campesinidad del mundo en proceso de transformación que nos tocó vivir a principios de la segunda mitad del siglo XX. Algo penetrantemente dolido en la escritura de Jorge Bustamante no pertenece al corpus de la narración pero la alimenta: como geólogos, tanto él como su personaje, fueron verdugos de la tierra que aman en su mineralidad compleja y misteriosa. La modernidad es depredadora, parece decirles la memoria a ambos. Es cruel y su relato sorprende, impacta y se repite porque quien busca alternativas luego no se las cuenta a nadie.

No sé si malinterpreto la feroz melancolía de la lírica geográfica de Jorge, pero leyendo esta novela de formación y propuesta, recuerdo sus recuerdos. Puedo rastrearlos en su poesía, en el porqué de sus traducciones, así como en las pláticas que hemos sostenido caminando por el campo, en la sala de su casa, en la cafetería del hotel de la colonia Roma donde él iba a entrevistar a don Sergio Pitol. Porque los recuerdos de Jorge a través de su narrativa se han hecho míos, siento que es hora de afirmar  que en el mundo actual urgen escritoras y escritores capaces de ofrecernos otra ficción para inventar la buena vida. No podemos seguir con el rollo del progreso y el espantoso discurso del amor-posesión, inventados y repetidos por 700 años de literatura europea y occidental, pero si nadie nos hace reír o llorar con palabras que engarzan los sentimientos y las geografías, los descubrimientos y la historia, el abandono de las fidelidades familiares y el rescate de los lazos de afectos profundos no tendremos de qué aferrarnos y reproduciremos una y otra vez el cuento de terror de la realidad.

Para finalizar esta breve presentación de Las calles de las ciudades ajenas, sin repetir simplemente que es un libro de un poeta que sopesa las palabras y las formas para evocar una memoria con la cual quiere cerrar las cuentas, quisiera valorar algunas de las afirmaciones del personajes que habla tras haber recuperado el derecho a la vida, liberado por los matones a los que sus hojas escritas han intrigado. Una de las últimas cosas que dice Eddy, que tras las experiencias evocadas viajará durante toda su vida como se lo pronosticó su amigo de infancia Álvaro Lewis Carrol, exiliado pero siempre acompañado, es precisamente: “Tendría que volver a inventar todo de nuevo, porque nada termina antes del fin, porque nada se muere antes de la muerte”. Pues eso es lo que hace un gran escritor que debe sobrellevar las traiciones de Marko el Innombrable, la muerte de la hermana de Natasha en un teatro, la infancia de la pequeña Sasha, la saudade por la guitarra de Nicolás Azul, los amores de Miguel el chileno en visita al Palacio de Invierno,  el examen de conocimientos para entrar a la universidad, el abrazo que no le dio a su madre en el aeropuerto, el futuro de muchos jóvenes que hoy son viejos. Si hay una larga estela de muerte entre los parques y las calles de las ciudades ajenas, ningún camino se evapora y es realmente una suerte que alguien hoy cumpla veinte años y escriba un diario donde aprenda a formar mundos con las palabras.

RÍOS DE LETRAS O UN ATISBO DE LITERATURA CONTEMPORÁNEA

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Una o un novelista y su casa editorial en ocasiones trenzan una relación que trasciende la relación comercial, desencadenando un impulso creativo que se explaya en varias direcciones y que interviene en la interpretación colectiva de la realidad. El caso de la colección Ríos de Letras que el novelista, cuentista y poeta colombiano Philip Potdevin ha echado a andar en 2014, y que ya cuenta con diez títulos (el décimo primero, en prensa), ilustra muy bien esta relación de impulso mutuo y creación de un público lector.

Philip Potdevin es él mismo un narrador que ha tenido que soportar el abandono de las editoriales comerciales que en un primer momento lo ensalzaron porque no se plegó a la demanda de una literatura conformista. En efecto, cuando en 1994 ganó el Premio Nacional de Novela de Colcultura con Metatrón, todo mundo pensaba que iba a ser otro de los escritores que durante esos años se hacían de un ropaje neobarroco para no tocar las susceptibilidades de la política. Metatron revelaba a un poderoso joven escritor, nada banal, un potrillo que desgastar en las carreras. Nomás que Potdevin le apostaba –nada menos- a buscar a un personaje anónimo para reconstruir la biografía de un paria capaz de una sensualidad poco ortodoxa y propietario de esos saberes que una sociedad conservadora teme, repele y condena. Su héroe, literariamente rescatado de la historia oficial que lo desaparece, pinta doce figuras de arcángeles sensualmente provocadores, cuya existencia su sociedad ni siquiera debía imaginar. ¡Ups!

Mar de la tranquilidad, en 1997, confirmó el erotismo de las letras de Potdevin. Su héroe ahora es más que conocido, un torero, el tema también, la fascinación por la muerte que se hace silencio. Nomás que la inmortalidad que el personaje busca alcanzar no es la vana pretensión de quedarse en la historia sino la pérdida del yo en la inconmensurable grandeza del cosmos. La novela no ganó premios, pero confirmó a Potdevin como un joven escritor guapo, de sectores medios, bien vestido, alguien para mostrar en televisión, aunque dijera cosas poco tranquilizadoras, por ejemplo que la humanidad pasa por ciclos civilizatorios que deben superarse cuando desembocan en el frenesí de la muerte y la destrucción, eso es, que el sacrificio del presente no es parte de un inevitable trabajo, sino algo para cambiarlo todo. ¿Colombia se enfrentaba a un escritor ecologista? ¿A un buscador de liberaciones? Ocho años después La otomana, siempre en Seis Barral Planeta, fue acogido como un nuevo cuento de sensualidad encubierta. Luego caló un largo silencio sobre las letras del caleño. Diez años.

Aquí empieza la historia de Philip Potdevin con editorial Desde Abajo, una empresa colectiva que piensa la transformación de las conductas sociales a través de la educación reflexiva y consciente de la realidad. Desde Abajo es una casa editorial colombiana autónoma, nacida en 1999 de los trabajos de un colectivo de reflexión política, que vive de leer, escoger y presentar libros a un público que tiene el derecho de formarse, pues considera que no puede haber política liberadora sin la comprensión/creación del propio momento histórico. Por supuesto no acepta financiamientos que pongan en entredicho su libertad, condicionando las preferencias por un tipo de estudios, literatura o reflexiones. La autonomía financiera es indispensable para la autonomía de pensamiento, pero es difícil de sostener entre quienes no entienden lo que es producir y vender libros, por ejemplo, el profesorado universitario que considera los libros como escalafones para su carrera. De ahí que, para apostarle a la escritura libre, el pensamiento autónomo, las y los autores no academicistas ni cobijados por instituciones sean indispensables sedes austeras, sueldos iguales para todos, mucho trabajo colectivo de selección y producción y una labor de difusión incansable. Sólo así se llega a mantener en circulación los más de 200 títulos publicados en menos de 20 años.

Ediciones Desde Abajo alberga colecciones que giran alrededor de las múltiples facetas de la filosofía, las ciencias sociales, el feminismo, la política y la antropología; sólo desde el encuentro con Philip hace cuatro años se ha abierto  a la literatura. Philip Potdevin buscaba una editorial que le dejara publicar una narrativa de renacido, con interpretaciones alternativas a los hechos históricos aceptados y revelaciones acerca de las mafias del deporte, una literatura cotidiana, intensa, con la sensualidad del hombre maduro y no del adolescente desbocado que se ha escapado de la iglesia. Desde Abajo necesitaba que alguien le refrescara el aire con propuestas literarias, porque la ficción pone en circulación lo que todavía no existe.

Desde 2014, Philip ha vuelto a producir intensamente. Tres novelas revelan un proyecto que involucra sus letras y las de los jóvenes narradores que conoce y sigue como tallerista y editor. En esta borrasca formidable (2014), donde Isidoro Amorocho con su extraordinaria universalidad de vagabundo autodidacta clerical-anarquista proporciona las claves para entender el asesinato del general Uribe Uribe, Palabrero (2017), en la que la persona que tiene la palabra para construir la pacificación encarna la historia del pueblo wayuu, y Y adentro, la caldera, sobre la amistad entre hombres en los vericuetos de las mafias del deporte (2018) corren por un riel que sostiene la tónica de toda la colección de Potdevin en Desde Abajo, Ríos de Letras. Se trata de una propuesta literaria que toca el presente, no se escandaliza por la crudeza de las simples verdades en climas de corrupción política y económica, reafirma el habla de las poblaciones contemporáneas, hurga en la historia inmediata, se atreve a renovar el humor y da nuevos rostros a los afectos que sostienen las organizaciones humanas.

Asimismo Ríos de Letras cuenta con una historia crítica de la narrativa colombiana: 90 años de la novela moderna en Colombia (1927-2017). De Fuenmayor a Potdevin, del estadounidense Raymond L. Williams y el chicano José Manuel Medrano (2018), que sostiene sintéticamente que la novela moderna en Colombia no es pionera, sino que nace en pleno siglo XX y desde entonces articula una narrativa urbana, no necesariamente capitalina, de múltiples narradores siempre en busca de una materia válida para narrar. Ha publicado también la larga conversación que la literata rumana  Ilinca Ilian y su colega Ciprian Valcan sostuvieron con el poeta, editor y gran conocedor de la historia cultural de Argentina Saúl Yurkievich. Retratos con azar. Conversaciones con Ilinca Ilian y Ciprian Valcan (2014) es un libro donde la inteligencia brota del intercambio de opiniones, de las preguntas que desatan la reflexión y que se explaya sobre recuerdos de cómo se forma y se manifiesta una cultura. La descripción del clima cultural-político en que eclosionan escritores como Borges o como Cortázar es magistral.

En cuanto a la narrativa colombiana propiamente dicha, las colección incluye las novelas 1851, de Octavio Escobar Giraldo, que devela al describir un año de Guerra Civil la continuidad en la formación de la pobreza mediante la usurpación de la tierra, la minería y los rezos de la tía Magnolia; Once días de noviembre, de  Óscar Godoy Barbosa que, como Era mucho el miedo de Gloria Inés Pelaéz, toca dos hechos trágicos de la historia reciente (que el aparato de estado quieren que se olviden), abordan la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, narradas, la primera, por un exmagistrado que está en el sitio de los sucesos
por tener una cita para almorzar con un amigo de trabajo, su hijo está fuera del país y cuando vuelve para hacer frente a las tragedias lo encuentra absolutamente distinto al que tenía en la memoria y, la segunda, por una voz femenina casi niña que revela asuntos relacionados con la falta de seguridad en un poblado ubicado bajo un volcán, como lo son la explotación sexual infantil y la corrupción policiaca; Rifles bajo la lluvia, de Daniel Ángel, que en dos tiempos, el pasado de las guerras entre conservadores y liberales y el presente de la violencia difusa, entre delincuencial, gubernamental y financiera, trabaja las relaciones de hombres y mujeres en condiciones de muerte del amigo y marido; y un libro de cuentos livianos, ligeros, casi sarcásticos que poco ahondan en un humor no sexista, pero si en la rapidez de las respuestas a condicionantes que afectan la vida de las personas en un presente absurdo, reunidos en Ataques de risa de David Betancurt.

Ahora bien, ha publicado también  una novela alemana traducida, Contra la corriente de aguas terrosas, de Alexandra Huck, que remite a las protagonistas civiles del conflicto armado, y una novela mía sobre las relaciones de amistad que nos cimentan, Los extraños de la planta baja.  En prensa está la novela de la argentino-chilena Isabel Hernández, El extraño encanto de las impostoras, un delicioso divertimento en el juego circular de la ficción que devora la realidad que devora la ficción, protagonizado por una escritora que entrevista a la nieta de la más famosa mentirosa del siglo XX, Anna Anderson que hasta el final de su vida dijo ser Anastasia, la única sobreviviente de la familia del zar de Rusia. Esta novela ratifica que la colección, que nació con la publicación de En esta borrasca formidable,  trasciende la literatura colombiana.

Con dos autores rumanos, una mexicana, una argentina, una alemana, un estadounidense, un chicano y cinco colombianos, y un aceptable balance de género (cinco mujeres en once libros) los puntos fuertes de Ríos de Letras son un profundo respeto por las buenas escrituras y una línea editorial que abre las puertas a una literatura alternativa, capaz de decir lo que las grandes editoriales callan, suprimen o simplemente ignoran, ya sea por aspectos comerciales, políticos o de simple inconveniencia a los ojos de las “industrias creativas” o de la “economía naranja”  de los gobiernos neoliberales que padecemos.

 

De Tryno Maldonado y mis gin and tonics

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A mi amada Natalia Toledo

 

De acuerdo, ayer a noche en La Bota fui a escuchar a seis poetas, tres de las cuales me gustan muchísimo porque evocan desde el sonido fuerte del maíz de piedra (granizo) en los tejados hasta el canto del río, con la fuerza de la denuncia y la gracia de la risa del Diixazá de Natalia Toledo, el español rico de zurcidos y variantes de Sandra Lorenzano y la melancólica evocación de la vida que transcurre de Alicia García Bergua. Las otras tres fueron sorpresa, agradable por cierto.

De acuerdo, ayer anoche me quedé a tomar uno -unos cuatro para ser precisa- gin and tonics con gente que me cayó re bien como Mariana Palerm (que no veía desde hacía tanto tiempo que tuve miedo de no ser capaz de reconocerla, pero que apenas empezamos a hablar volví a reconocer como la afable editora, inteligente difusora cultural y simpática amiga que es), el poeta Grande (Gerardo Grande, el de Furia Amanecer, en perfecto hábito de controlador de situaciones) y un agradabilísimo antropólogo que conocí en la mesa de mi amada Natalia, amigo del director de Pluralia e impulsor del premio Centzontle (chin, ¿por qué nunca recuerdo los nombres de la gente?)

Y anoche, con gin and tonics en la mano (yo, los demás le daban a sus cervezas y tequilas), hablamos de algo que está en la boca de todos: la grandeza literaria de Tryno Maldonado, al que la bajeza clasista, elitista y estúpida de Villoro sólo hace resaltar más.

Hoy por la mañana no estoy cruda, sino todavía exaltada y quiero hablar de Tryno como Natalia Toledo me pidió que hiciera.

Yo conocí a Tryno cuando estaba escribiendo La decisión del Capitán, en 1996. Él tenía 19 o 20 años y mi hija Helena un año y medio. Era un guapo muchachón enamorado de una mujer brillante, que se reivindicaba feminista en una ciudad católica y conservadora como Zacatecas, que escribía unos cuentos exquisitos (con todos los bemoles de la palabra exquisitos, entre estridentes y melifluos, no sólo muy buenos), que empezaba a molestar a todo el mundillo cultural de su ciudad porque acusaba de malos y malas escritoras a todos los supuestos seguidores de López Velarde. Era en ciernes un gran escritor, ¿el mejor de su generación? (no puedo afirmarlo porque no las y los he leído a todas/os, sólo algunos buenísimos, Guadalupe Sánchez Nettel, Heriberto Yepes, Yuri Herrera, Alerto Chimal, Eve Gil, y pocos otros). De entrada, caminando por su hermosa ciudad en ese entonces todavía no destruida por el turismo facilón y sin gusto de las ciudades y pueblos mágicos, empezamos a debatir sobre los contenidos de una literatura que debe decir algo a las lectoras y lectores, no sólo engatusar los cómodos repasos de los cursos de literatura de las academias. Temas y variaciones (Lunarena, Zacatecas, 2002), el libro que recogió cuatro años después los cuentos que me leía, en efecto era un primer trabajo bien escrito de alguien que debía superar las repeticiones de Borges y Calvino para llegar a escribir como un autor mexicano del siglo XXI. Quiero decir, un autor capaz de interpretar, recrear, explicar, construir una realidad colectiva.

Con Viena Roja (Joaquin Mortiz, 2005), la historia de Friedl Aichinger, su violinista y personaja, volvió a despertarme algunas dudas. “Tryno, le dije, no tienes por qué creer que la maldad estriba sólo en el nazismo cuando vivimos en el país de las elecciones robadas, el racismo y explotación indígena, el narco y las desapariciones de personas. No puedes lavarte las manos del presente yéndote a los parajes de la maldad ya identificada. Debes dar un paso más adelante que Jorge Volpi”. Fue un debate difícil, porque parecía que yo no festejaba el éxito de la novela, cuando en realidad no me conformaba con él, quería más, porque sabía que Tryno Maldonado podía mucho más.

Entonces Tryno fue a trabajar a una mina, entrevistó a migrantes, convivió con las y los artistas marginados de México, fue a Trieste en busca de los ambientes de su amado Italo Svevo con dos pesos en el bolsillo. En pocas palabras, se la rifó. Valiente, ingenuamente, con gran capacidad perceptiva.

Así nació Golo, el artista marginado, hermoso como un dios y sucio como la divinidad misma. Golo, el protagonista de Temporada de caza del león negro (Anagrama, 2008), una novela que empieza a latir con la inteligencia de su época, su crisis, su mundo. Fue una revelación para un gran escritor, sensible viajero, intérprete de la política internacional y del chisme social de su época, que había regresado a su natal Veracruz y estaba fungiendo como uno de los mejores editores mexicanos, don Sergio Pitol. De esa novela dijo Pitol: “Tryno Maldonado logra con extraordinaria maestría enlazar y fundir una literatura divertida y hasta delicada con un personaje irrespetuoso, subversivo, feroz y a la vez radiante. Un príncipe del sexo”.

¡Ah, de los moralinos envidiosos! El reconocimiento del maestro se convirtió en rabia, furia ciega, ñeñerismo capitalino resentido, de bequistas de segunda que se creen con derecho de nacimiento y geografía al reconocimiento público en el mundo de las letras. De inmediato las malas lenguas empezaron a decir que Tryno publicaba en Anagrama no por su calidad (que ponían en entredicho con la mala fe de los mediocres), sino por ser amante del maestro Pitol. ¡Víboras sexófobas, capullos catolicantes, predicadores de la homofobia disfrazada de crítica literaria! Cuando me enteré del chisme, mandé al fregado culo de su padre aún a viejas amigas.

Mientras tanto, Tryno Maldonado se había mudado de Zacatecas a Oaxaca. Donde escribía, escribía, escribía, cosechando amistades, debates, paseos y una gran cantidad de novias jovencitas de las que mi hija, como buena hermana de Tryno, siempre dijo que eran víctimas de la seducción de su hermano. También se convirtió en un sirirí profesional, es decir, un chingaquedito contra todos los privilegios de quienes tienen eco a sus palabras para sostener el statu quo. Trabajó un rato en la naciente Almadía, luego como muchas y muchos otros escritores, percibió que la editorial oaxaqueña iba transformándose para decaer en un proyecto más del mundillo literario y rompió con ella.  Cuando venía a la Ciudad de México, en las pocas noches en que no daba rienda suelta a su sana juventud en los bares del centro, pintaba en la mesa de la cocina con mi hija y me contaba de su decepción.

2006, el año del levantamiento de Oaxaca, de la resistencia de Atenco, del robo de las elecciones a López Obrador y de la despiadada represión del movimiento popular oaxaqueño, de las y los anarquistas mexicanos que lo apoyaron, de las y los maestros, estudiantes, campesinas/os y población que se resistía a la turistificación forzada de la verde Antequera, sus costas y sus pueblos de grandes comunidades de artistas populares. 2006, el escenario de la gran novela de Tryno Teoría de las Catástrofes (Alfaguara, 2008), la única novela mexicana hasta el momento que se haya atrevido a contar la represión desatada por el estado contra la población oaxaqueña en clave de la catástrofe de las relaciones de pareja, de amistad, de confianza en el estado.

Vino luego el recuento de cuentos experienciales-reflexivos-emotivos sobre las vidas y educación de los machos en el norte del país, explotados por la minería y el narco. Metales pesados (Alfaguara, 2011), cuentos de terror cotidiano cuyos personajes son mineros, desempleados, niños de violencia inusitada y frustrada contra los animales, hombres que odian a las mujeres, todos víctimas y todos victimarios.

Inmediatamente después volvió (más bien se intensificó) la tragedia nacional de las desapariciones forzadas, inaugurada en México durante la década de 1970 con  la Guerra Sucia, reflotada por la Guerra al narco del presidente sin legitimidad que fue Calderón y continuada por el gobierno sin timón de Peña Nieto. En el clima de represión y reformas neoliberales a la educación, en el estado de Guerrero, policía, ejército y narco asaltaron durante la noche del 26 de septiembre de 2014 unos camiones de transporte público en los que se desplazaban hacia la Ciudad de México para la marcha del 2 de octubre un número importante de estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa. Dispararon ráfagas, mataron nueve personas, entre ellos un niño futbolista, secuestraron y torturaron hasta la muerte al joven Julio César Modragón y desaparecieron a 43 estudiantes.

 

Los estudiantes de Ayotzinapa marcan un giro en la percepción política del país. Conmueven las conciencias de todos y todas las estudiantes, normalistas y universitarias. La opinión pública mundial voltea la mirada hacia el horror mexicano. Y también marcan la conciencia y el deseo de saber, acompañar, revelar qué pasa en su tiempo y su país de Tryno Maldonado.

En el mes de noviembre viene a la Ciudad de México, vuelve en febrero, acompaña a mi hija y a las y los estudiantes y profesores de la UACM que han acumulado volúmenes para la biblioteca de Ayotzinapa. Las y los Uacemitas se quedan tres días, Tryno acompañará durante nueve meses a las y los familiares (a los que terminará llamando tías, tíos, sobrinas) de los estudiantes desaparecidos. Ayotzinapa. El rostro de los desaparecidos (Planeta, 2015) es un libro entrañable de literatura política, de biografías que encarnan la violencia estructural contra las mujeres y hombres indígenas, mestizos, pobres que en su vocación como profesores rescatan las fuerzas vitales de México. Es un libro sobre el dolor de madres y padres, de hermanas, hijas, esposas, redactado por una pluma solidaria y empática.

Durante los meses de redacción de los retratos literarios rescatados de la memoria oral de los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa (que se suman a un cifra enorme, indeterminada, siempre creciente, quizás de más de 100 000 desaparecidas/os y lanzan la luz de su notoriedad sobre todos ellos), a Tryno lo golpea la noticia de que su madre está enferma de cáncer. Mi hija Helena lo acompaña cuando la familia viene a la Ciudad de México para realizarse exámenes médicos, dona sangre y pide a sus compañeros que donen sangre para la madre de su hermano. La señora no puede hablar y en la mirada de Tryno yo veo dibujarse el dolor personal, no sólo colectivo. Cuando su madre muere, las cartas de condolencias de sus tías y tío de Ayotzinapa impiden que el escritor se hunda.

Tryno es para mí mucho más que un brillante escritor, es un hombre joven que quiero y admiro, con el cual discuto y, en ocasiones, me peleo. Fui muy crítica de su constante golpeteo contra Juan Villoro, del cual yo decía que no era la misma canalla que Krauze y los otros escritores de la derecha neoliberal mexicana (probablemente estaba influida por el hecho que Juan y yo nos conocimos de jóvenes y que me gusta cómo habla del teatro, que ama y conoce). Por ejemplo, argumentaba que su apoyo a la campaña para el registro de la candidata a la presidencia del CIG, María de Jesús Patricio Martínez, me parecía honesto. Ahora me retracto de esas palabras. Sí, Juan Villoro en un artículo ruin que intentó disfrazar de ficción, ocultando los nombres de Tryno Maldonado y de don Sergio Pitol sólo para revelarlos en un burdo ejercicio de ironía, estalló demostrando que es incapaz de aguantar una crítica y, sobre todo, que no puede evitar encarnar el espécimen de una casta que no acepta ser cuestionada por nadie, mucho menos por un excelente escritor que evidencia su mediocridad y que, de vez en cuando, gana becas que son derecho de todas y todos los escritores que compiten por ellas.

Representante de una renovada casta divina, desde sus remuneraciones exageradas (por lo menos 164 000 pesos mensuales) como miembro del Colegio Nacional, desde su título de hijo criollo de un filósofo reconocido, desde su ropa estirada de habitante de ciertas zonas de la Ciudad de México, Juan Villoro atacó a un escritor que se sostiene en su escritura, sin apoyos familiares, de clase o institucionales.

Nunca creí que tendría que decirle públicamente a Tryno Maldonado cuánto lo quiero y admiro, porque  nuestra relación lo deja por sentado, pero ahora agradezco al clasista y viejo (tiene mi edad exacta, clase 1956) Juan Villoro por haberme obligado a hacerlo. No estoy defendiendo a Tryno, su obra lo hace mucho mejor que yo, estoy expresando mi indignación ante la casta cultural criolla que se manifestó como lo que es a través de la falsa sátira (una burla injusta y ruin, como ya dije) de Juan Villoro aparecida en el periódico Reforma. Mucho menos estoy defendiendo a don Sergio Pitol a quien tuve el honor de acompañar en ocasión de una entrevista que le hizo el excelente narrador y poeta colombiano Jorge Bustamante García. Pasé una mañana entrañable en un parque de la colonia Roma, escuchando con atención a esos dos hombres que conocieron a fondo los países del este europeo antes de la caída del muro de Berlín. Muchos años después, don Sergio me invitó a escribir la introducción de La Conciencia de Zeno (sí, ¡el libro preferido de Tryno cuando era joven!), traducido por Guillermo Fernández, quien fue luego asesinado en Toluca, y que publicó en la Universidad Veracruzana. A don Sergio lo respaldan su obra de escritor, diplomático, editor y un cretino como Villoro no puede hacerle mella.