:.

Francesca GARGALLO, “Unos apuntes sobre la teoría lésbica de Norma Mogrovejo”, texto leído en la presentación del libro de Norma Mogrovejo, Teoría lésbica, participación política y literatura (Universidad de la Ciudad de México, 2004), en la XVIII Semana Cultural Lésbico-Gay, Museo del Chopo, Ciudad de México, 18 de junio de 2005.

____________

 

Unos apuntes sobre la teoría lésbica de Norma Mogrovejo*

Francesca Gargallo

 

Dos posiciones críticas a la idea de que las relaciones entre las personas sólo pueden ser entendidas en forma corporizada como relaciones de género, son fundamentales para repensar el lugar de las mujeres en la vida: la crítica que proviene del movimiento lésbico y la crítica de la teoría de la diferencia sexual.

    La primera afirma que las lesbianas existen sin necesidad de relación con el hombre y que, por lo tanto, las lesbianas no son mujeres, en el sentido que la construcción de la feminidad desde la imposición de los roles genéricos da al término, ya que están situadas fuera del contrato heterosexual. La teoría de género, según el análisis lésbico, es una teoría universalizante, incapaz de imaginar una cultura no ordenada desde la heterosexualidad, que globaliza la problemática de las mujeres en general. La teoría de la diferencia sexual, a su vez, centra la crítica al sistema de géneros en la denuncia de que ata necesariamente las mujeres a los hombres (los géneros son un sistema de relación jerárquicamente planeado), impidiendo que el deseo femenino, es decir el deseo de las mujeres de saber y de devenir sujetos corporizados, exprese su fundamental diferencia con el pensamiento racional dicotómico, construido con base en el sujeto masculino dominante. La teoría de la diferencia sexual afirma que en la historia el uso peyorativo de todo lo femenino y feminizado es estructuralmente necesario para el funcionamiento del sistema patriarcal y que, por lo tanto, reivindicar el valor fundamental de la alteridad que implica el reconocimiento de lo positivo de la diferencia femenina es la forma más profunda de lograr la deconstrucción del orden que se erige a sí mismo como modelo único a seguir.

    Norma Mogrovejo Aquise es seguramente una de las más brillante expositoras de una teoría lésbica crítica del sistema de género, amén que es una conocedora de los estudios lésbicos en el mundo y, en particular, en América Latina. Yo me ubico filosóficamente muy cerca de la teoría de la diferencia sexual y desde ella voy intentar una lectura del libro Teoría lésbica, participación política y literatura que mi amiga acaba de publicar (México, Universidad de la Ciudad de México, 2004).

     Como persona que reivindica la positividad de lo femenino en la construcción de un sujeto corporizado, que conoce su condición situándose en su diferencia sexual con el sujeto abstracto del pensamiento racional que se identifica con lo masculino universal, siempre me ha causado cierto resquemor la generalización de la expresión de Monique Wittig acerca de los lazos de dependencia que la heteroeroticidad construye en las mujeres. Estos supuestos lazos la llevaron a afirmar –como elemento positivo de su diferencia- que las lesbianas no son mujeres. Lo recuerdo ahora de manera provocadora, porque Norma Mogrovejo es una de las teóricas lésbicas latinoamericanas que más ha divulgado esta radical afirmación de autonomía que une lo erótico con lo social. Provocadora, es decir con cierta ironía, porque las primeras páginas de Teoría Lésbica, participación política y literatura subrayan, por el contrario, que las lesbianas han sido tratadas en la cultura patriarcal como las mujeres más mujeres, es decir han sido definidas e interpretadas por hombres con poder que necesitaban excluirlas del saber con una urgencia y radicalidad total. El éxito de esta marginación estriba en que, como todas las mujeres, las lesbianas han asumido la imposición patriarcal del escaso valor de su saber y, aun ahora, escriben poco sobre sí mismas, seguramente menos que los hombres homosexuales.

    No obstante, una lectura más profunda del libro de Norma me lleva a subrayar las semejanzas entre la teoría lésbica y la diferencia sexual. De alguna manera toda mujer que no se asume como subalterna en la cultura, no es una mujer desde la definición de esa misma cultura, puesto que es un sujeto que deviene mujer al asumir su deseo de ser y pensarse, y no un objeto al que se impone una identidad construida mediante la negación de su deseo.

    Teoría lésbica, participación política y literatura está dividido en tres partes. La primera más que un simple estado del arte de los estudios lésbico es una verdadera reflexión sobre los estudios sociales, psicoanalíticos y políticos hechos desde una visión lesbiana, y una crítica certera de los enfoques esencialistas de la religión, la ley y la medicina que han influido en sentido heterosexual en la ciencia, para que ésta definiera la identidad de las lesbianas. Mogrovejo nos ofrece una verdadera recuperación del valor de la palabra de las mujeres lesbianas desde el arte y la praxis, así como una visión de la clandestinidad homosexual, como forma de resistencia a la patologización, demonización y criminalización del lesbianismo. Frente al trabajo de destrucción científica de la psique lesbiana, que duró dos siglos, Mogrovejo nos propone la singularidad del erotismo femenino, puesto que, en palabras de Luce Irigaray, “para las mujeres la primera relación  de amor y deseo se dirige hacia el cuerpo de otra mujer”, la madre. A menos que no renuncien a su deseo, todas las mujeres tienen una relación primitiva con lo que se ha dado en llamar lesbianismo y la posibilidad de un amor adulto –sexuado o solidario- por las demás mujeres. La plenitud sentimental del amor lesbiano es, para Mogrovejo, una realidad que sólo la literatura se atrevió a nombrar a lo largo de siglos y que, gracias al movimiento lésbico feminista, ahora se explaya en la identificación y el amor por otras mujeres mediante un deseo femenino que “amenaza seriamente la estabilidad del modelo de sexualidad reproductiva que ordena los sistemas de parentesco”.

    La segunda parte del libro, analiza los encuentros lésbico-feministas de América Latina y el Caribe, tal y como habían sido definidos en el libro precedente de Norma, Un amor que se atrevió a decir su nombre, de 2000. En estas páginas, la historia de estos encuentros tiene el valor de lanzar un puente entre la crítica de la heterosexualidad como sistema de pensamiento que no ha terminado de removerse de la práctica feminista y la estética corporizada y de-generada de la poesía de Tatiana de la Tierra, Melissa Cardoza, Silvia Morán y Pat Sánchez, cuyo análisis constituye la tercera parte del libro.

    Los cuatro textos poéticos que Norma escoge son recientes y construyen una lírica lésbica desde la autodefinición de identidades estratificadas y múltiples. Para las duras, de la colombiana Tatiana de la Tierra, constituye un manifiesto poético de una lesbiandad afirmativa que no concede una pizca de verdad a la racionalidad universal que se identifica con los valores del hombre. En su poesía en prosa, nunca hay una afirmación de identidad, sino un proceso de identificación que coincide con la palabra dicha a esa otra que es mujer, con una relación de reclamo con la feminidad impuesta.

    En los Textos Zafados de Melissa Cardoza, por el contrario, la otra es prolongación de sí misma, se identifica con su sexo y su muerte-renacimiento, así como con su política de cuerpo entero, lo que lleva a Mogrovejo a afirmar que en su poesía ser lesbiana es una afirmación política que se marca con la convicción y el cuerpo. 

    Recuperando la idea de Adrienne Rich que la poesía lésbica lucha para liberarse de un lenguaje colonizador que divide el cuerpo de la mente, Mogrovejo escudriña el cuerpo amado que es una hoja de papel en blanco para morder o para escribir una historia de la argentina Pat Sánchez y con sus versos vuelve a afirmar que toda palabra libre invoca el atrevimiento.

   De la posición lesbiana de ser según la posibilidad de no ser reprimida, que es una parte de la identidad lésbica revelada por los versos de Ella es la tristeza de Silvia Morán, se llega tanto a la representación negativa de esa misma identidad, como a la politización del cuerpo mediante el ejercicio de la sexualidad como autorrepresentación.

    Mediante la lectura de los cuatro poemarios, Mogrovejo no pretende una teoría literaria que vuelva a definir si no el género sexual de la escritora, por lo menos el género literario del texto, sino, fiel a su idea de que estamos siendo testigos de un proceso de construcción de límites y de negociación de identidades, nos invita a ser maestras de nuestros ritos de las palabras, porque, en palabras de Tatiana de la Tierra, “la ceremonia de iniciación al lesbianismo es un matrimonio con una misma”.

 


* Leída en la XVIII Semana Cultural Lésbico-Gay, Museo del Chopo, 18 de junio de 2005

 

:.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s