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Deberíamos darle más peso a Aralia López y a Eve Gil por cómo han leído a las escritoras

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Supongo que pronto podré subir el artículo-homenaje sobre mi amada amiga y maestra Aralia López González enviado a la revista Interpretatio, que coordinan Silvana Rabinovich y Rafael Mondragón en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Aralia fue de esas mujeres que leen con atención, interés y placer lo que otras mujeres escriben. Elaboró una teoría, pero sobre todo se dejó llevar por numerosas interpretaciones y cuidadosos análisis, junto con apreciaciones personales de lo que le despertaba la lectura de alguien tan fundamental para la literatura mexicana como Rosario Castellanos, así como la última novela de la que en ese entonces era una casi desconocida como yo.

Mientras tanto leeré la más reciente novela de Eve Gil, una novelista y periodista sonorense que ha dedicado el más importante esfuerzo de su vida litetraria a leer y comentar la obra de otras mujeres y por ella ha tenido columnas en diversos países y alimenta el blog   www.la-trenza-de-sor-juana.blogspot.com y la página de Facebook La Trenza de Sor Juana. Desde que hace ya más de 20 años me invitó a presentar su novela Requiem por una muñeca rota he tenido gratas sorpresas con su inquietante literatura, en ocasiones divertida, en otras casi premonitoria. En un reciente viaje soporté las horas de avión gracias a su novela El suplicio de Adán.

Porque estoy convencida que lectoras como ellas hacen la historia de la literatura y derrumban todos los cánones (que hacen casi tanto daño como los cañones), comparto este artículo de Luna Miguel, una mujer que no conozco personalmente, que sentí muy próximo a mis ideas y sentires.

Paula Bonet llama “despertadoras” a aquellas mujeres cuya obra nos ayudó a entender la importancia de la lucha colectiva, pero también la de la necesidad de procurar un recorrido íntimo: de lecturas, de reflexiones, esas que nos llevan no sólo a ser nosotras más libres, sino también a entender nuestros propios privilegios. Para quienes sigan a la artista por Instagram, reconocerán de entre sus fotografías los rostros de las mujeres a las que ella reivindica a través de un hermoso altar: Joan Didion, María Luisa Bombal, Anne Sexton, y un largo etcétera.

Personalmente, se me hace cada vez más complejo trazar un mapa de despertadoras porque conforme avanzo en lecturas, corrijo otras anteriores, o me siento orgullosa de aquellas a las que al principio no hice caso, o reniego de una influencia para venerar otra que al día siguiente quizá vuelva a cuestionar.

Tal vez por eso desconfío tanto de la idea de un (nuevo) canon.
Pero tal vez por eso también me obsesione este ejercicio de memoria colectiva sin mayor pretensión que el de hacer cadena.

Como si se tratara de una novela de Ray Bradbury, me imagino a la literatura de las despertadoras siendo posible gracias a otras mujeres, ¿las despiertas?, memorizando nombres y obras para reivindicarlas cuando nadie más lo haga. Algunas cantarán apellidos más obvios, otras serán capaces de entonar algunos casi secretos.

De entre todas esas voces, una que se dedicó intensamente a despertarnos a golpe de palabras fue la escritora y pensadora peruana Patricia de Souza. Además de libros de crítica feminista tan importantes como Eva no tiene paraíso o Descolonizar el lenguaje, su pluma fue una de las que durante años aparecía y desaparecía de algunos importantes suplementos literarios de nuestro país aportando “mirada feminista” sobre las el panorama editorial. Ella habló de Margarite Duras, de Elena Garro, de Annie Ernaux, de Joyce Mansour y de otras autoras y artistas como nadie antes lo había hecho. Ella aportó datos y combatió las injusticias que sobre sus plumas y sus vidas pesaron desde pequeños espacios, que aparecían a menudo encajonados entre otras críticas y reportajes que jamás tenían en cuenta sus reclamos.

En cierto modo, podría decirse que Patricia de Souza siempre luchó por visibilizar a otras mujeres olvidadas desde su propio cuarto de sombras. Lo resume a la perfección la periodista Fietta Jarque en uno de los poquísimos obituarios que la prensa ha publicado sobre la autora después de que tristemente nos dejara el pasado 24 de octubre —tenía apenas 55 años, la enfermedad se la llevó velozmente—: “Tampoco figura en los cánones más populares de la literatura peruana contemporánea pese al peso sostenido de su obra literaria. Era una escritora incómoda, una feminista resuelta, independiente, obstinada. Necesaria. Tras su muerte Patricia de Souza se ha quedado hecha palabra o tal vez grito, reclamo. Palabra, pero palabra decolonizada”.

Tras esta reflexión, tras esta triste certeza de que el activismo de Patricia de Souza pasará factura sobre cómo los propios espacios desde los que escribió y en los que colaboró han obviado su desaparición y su obra, yo me pregunto quién nos hará despertar sobre las despertadoras. Me pregunto qué hace falta para que aquellos que presumen de separar artista y obra no se olviden de sus ideales cuando se trate de homenajear la obra de una autora con ideas feministas. Quién nos ayudará, en definitiva, a recordar a las que nunca, jamás, nos permitieron olvidar los nombres de otras tantas.

Si la cadena se rompe, ¿pereceremos con ella?

 

Eimar McBride, escritora, Annie Ryan, dramaturga y Pía Laborde-Noguez, actriz dicen que una niña es una cosa a medio formar para la sociedad tradicional

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Eimear McBride se tardó nueve años en encontrar editor para su primera novela, A girl is a half-formed thing, porque el lenguaje que pone en boca a su protagonista es entrecortado, intenso, evocador de voces y planos distintos mientras despliega una vida en el arco de un día, como el Ulises de su coterráneo Joyce. Una niña que describe el patriarcado en el arco de un día, el de la pesadilla de su vida.

En 2014, un año después de su primera edición y su extraordinario éxito de crítica y lectores, su amiga Annie Ryan adaptó la novela al teatro, entresacando todas y cada una de las palabras del texto original. El resultado sorprendió a la joven actriz mexicana Pía Laborde-Noguez en en el Festival de Edimburgo.

A Pía Laborde-Noguez la impresionó el tono herético de la narración de la vida de una mujer cuya identidad se desdobla y enajena por motivos que van del afecto por el hermano con cáncer de cerebro a  la represión materna, tanto como a los jurados del Kerry Group Award de ficción irlandesa, del premio Goldsmith, el Desmond Elliott, el Bayleys de narrativa de mujeres, el Memorial Geoffrey Faber y los críticos literarios del New York Times, BBC Radio y The Guardian. De ahí que encarnó a quien denuncia una violación infantil que la empuja hacia una sexualidad turbulenta,  a un cuerpo que avanza vorazmente hacia su propia destrucción.

Pía ha gestionado los derechos con la autora y ha reunido un equipo alrededor de esta pieza en que la única protagonista en escena habla con la voz y el cuerpo de quien ha encarado violencias religiosas, clasistas, militares y sexuales que la orillan a un no lugar muy concreto, el del redil familiar religioso de cualquier país católico tradicionalista. Para la traducción buscó a Adriana Toledano Kolteniuk para conducirla a una versión en español que le permitiera obtener voces de un relato no linear que evocan, se indignan y recurren a asonancias en los balbuceos y asonancias. Una traducción precisa para una obra tan literaria como de actualidad política, pues articula la rabia del desamor y la violencia sexual.

La dirección de Juan Miranda y la obra escultórica de Manuela de Laborde -que junto con la iluminación de Elisabet Castells i Negre conforman la única escenografía que pudiera acompañar esta pieza de la palabra sosteniéndola sin distracción- han conducido a Pía Laborde-Noguez a invadir con su aspecto de chiquilla sin malicia el teatro del Museo Tamayo y hacer de Una niña es una cosa a medio formar una peripecia actoral que arrastra los espectadores por acontecimientos fragmentados, que tanto predice como recuerda, usando con frecuencia la segunda persona del singular al interpelar un hermano discapacitado al que ama y protege y que la acompaña en su crecimiento y  sus crisis.

Utilizando diferentes tiempos verbales, la mujer en sombra que se desplaza apenas por el escenario recuerda, remeda, interpela personas y situaciones concretas que van pasando por su boca de forma no continuada. Evoca el agua del lago, sus profundidades sucias y terrosas, así como la lluvia que se mezcla a la bosta de vaca, el lodo, el frío, la muerte. Desentierra la violencia sexual que se oculta bajo el ropaje religioso y las relaciones de solidaridad del tío rico hacia la madre pobre, un apoyo que sabe a protección, acoso y pago por la culpa de haber abusado de la sobrina. Repasa la primera infancia, la adolescencia y la juventud en la universidad donde logra ingresar para finalmente conocer la amistad de una mujer y el reventón continuo que toman el ropaje de la liberación familiar. Remite a la muy fácilmente reconocible violencia del hombre en armas, obtuso e intimidador, que hace de su uniforme un instrumento de impunidad y de justificada pretensión.

Con el equipo que ha reunido, Pía Laborde-Noguez, al terminar el 25 de agosto de 2019 su corta temporada en el Museo Tamayo, está proyectando presentarse en el teatro Cervantes de Londres, de ahí viajar a Barcelona y volver a México con una gira nacional. La idea es actuar en español ante Eimar McBride y Annie Ryan y ensayar el efecto de la traducción en el teatro experimental contemporáneo.

Presentarse en Londres es una ofrenda y un desafío a una literatura intensamente femenina, que describe los encuentros sexuales con crudeza y la vida familiar con sentimientos contradictorios a los que no les falta una buena dosis de humor negro. La actriz y coproductora mexicana ha mantenido una relación con la autora de Una niña es una cosa a medio hacer y sabe que ha desafiado la propuesta de la dramaturga Annie Ryan de despojar el monólogo de todo lo que no fueran las palabras. Ahora se enfrentará a una Eimar McBride que ha publicado dos novelas más: The Lesser Bohemians, sobre el intenso y asustador enamoramiento de una joven estudiante irlandesa decidida a perder su virginidad lo antes posible por un actor mayor que ella, hermoso y promiscuo; y Strange hotel, donde nuevamente una mujer negocia con sus recuerdos, ubicados en las diferentes recamaras de hoteles donde ha dormido.

 

 

Ocas y más ocas: la libertad de jugar

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Un recorrido en espiral, un animal mítico, libre, fiero, defensor de los suyos, la Oca, dos dados (ay de los antiquísimos dados y sus juegos entre el azar y la divinación). ¿Quién lo inventó? Una tradición dice que fueron las damas florentinas del Renacimiento.

 

 

Pero esta versión en mármol parece persa

 

Aunque esta, claramente inspirada en el juego de la Oca, tiene otro nombre y otra simbología

 

Belleza…, de Melissa Caroza

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Melissa Cardoza, foto de publicada en noviembre de 2018 en Pikara Lab de Pikara Magazine

Belleza…

Melissa Cardoza
Agosto de 2016

 

En medio de la madrugada platico con mi hermana Francesca que ha venido de lejos para verme, abrazarme, callar, decir, sembrar. Y decimos, asesinar a Berta es también un acto estético, es matar en un gesto de pólvora la esperanza, la sonrisa, el optimismo que escasea tanto, por eso es un acto de una fealdad terrible, es un acto del horror que nos hace deambular, a algunas, en una tiniebla espesa y muy larga.

 

Francesca estudia las ideas estéticas feministas como otros muchos temas, es una pensadora y caminante, y es una actuante. Sabe que la belleza es necesaria para vivir tanto como el aire y el maíz que hay que sembrar en los suelos o los techos.

 

Lo sabía también Berta. Un día que estuve botada por un desamor, absurdo como todos, y que me quitó ganas de levantarme al mundo, ella pasó por mi casa y me llevó a dos lugares. Primero a comer, luego a ver unos árboles de liquidámbar en medio de un pinar: mire, compita, me dijo con mucha delicadeza, mire qué belleza.

 

No, hermana, nada vale la pena como para que nos perdamos esta belleza, me dijo en un abrazo de palabras. Berta, materia e idea. Comida y belleza. Ética profunda de la buena vida, viento libre, palabra certera y cuidadosa.

 

Una mujer a quien la belleza le importaba en el sentido más hondo del término. Esa que evidencia la vulgaridad de los políticos de oficio que estos días han mostrado sus más depreciadas joyas lingüísticas y filosóficas en reyertas que sabemos siempre terminan en acuerdos de ellos mismos.

 

Seres humanos que una desea lejos de los poderes de la vida colectiva hondureña, tanto como se desprecia al dictador y su séquito obsceno de abundancia en el epicentro de la miseria.

 

Cito a Berta de nuevo en la noche de lluvia en una comunidad donde se cultivan sorgos, niñas y perros. La traigo para abrazar su huella profunda, para compartirla con Francesca en un acto estético de humanidad que son los que nos quedan a las sobrevivientes del horror. Actos voluntarios, pensados, deseados y ejecutados. Actos honestos, plenos, irrepetibles, a veces solitarios, otros, en común unidad con las afinidades escogidas a golpe o silencio.

 

La belleza que Berta ejercía no tenía que ver con la estética del consumo de la persona, no la oí comentar si una mujer estaba gorda o fea, si vieja o menos arrugada como suelen ser las pláticas comunes.

 

Esas características que tanto llegan a agobiar a las personas, sobre todo a las mujeres. Sí, tenía expresiones como, uy, la compa se ve afligida; esa cipota tiene cara de enferma o más seguido comentaba: nos vemos algo hechas mierda. Sobre todo si era un tiempo de persecución, pobreza agudizada o balas; o un tiempo de malos amores que luego abundan y a ella la acechaban siempre.

 

Los proyectos de transformación tienen que ser estéticos, sino para qué los queremos, diría Francesca, y en sus palabras, Berta. Tienen que pensar y rechazar lo espantoso de la miseria con sus manotadas de dolor y muerte; la violencia en su pedagogía del mal; el odio en sus variados gestos de racismo, lesbofobia, misoginia.

 

Es bueno vivir la vida si es que se tiene un bosque para curar aflicciones, o unos abrazos honestos para calmar el miedo, o amigas entrañables que desafían distancias y tiempos. Si hay gente que en sus ideas entiende que no somos sólo carne y huesos que también somos, pero además poesía y deseo, espíritu y zozobra, ánimo para andar el día o para ansiar las noches.

 

Los proyectos de transformación no son para hombres o mujeres vulgares, mentirosas, que alimentan la cuchilla por la espalda y pisotean las flores de las calles porque ni siquiera las ven, pero les gusta comprarlas en el mercado regateando a las vendedoras. Por eso es tan difícil perfilar en la escena nacional un horizonte alentador en este momento, la ética y la política no se encuentran casi por ningún bando, partidario o movimientista; la estética de la vulgaridad o el pragmatismo tarifado es lo que reina en el ambiente y amenaza el futuro. Y si no fuera por la permanencia del pensamiento de Berta, por las amigas viajeras y por las gestas encapuchadas una estaría más incapaz de ver los bosques en su color y fuerza, y sólo podría fijarse en el paso de los insaciables gorgojos que alimentan a los dueños de las motosierras.

 

Feminismos a la contra

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Paco Gómez, de editorial La Vorágine,  ha liberado el libro “Feminismos a la contra”.
Esto significa que puede ser descargado gratuitamente a través de este sitio:
El libro incluye entrevistas realizada en el último año por Luis Martínez Andrade a Rita Segato, Amal Eqeiq, Sonia Dayan-Herzbrun, Nouria Ouali, Silvia Federici, Mariana Mora Bayo, Karina Ochoa, Rosalva Aída Hernández Castillo, Francesca Gargallo, Marilú Rojas Salazar, Márgara Millán, Sayak Valencia, Leïla Benhadjoudja, Françoise Vergès, Eleni Varikas y Yvore de Rosen

Epistemologías feministas y educación popular

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Vale la pena revisarlo, si el tema les interesa: https://aeditora.com.br/produto/pedagogias-populares-e-epistemologias-feministas-latino-americanas/   La educación popular es la base de cualquier propuesta epistemológica feminista. Particularmente si de Nuestra América estamos hablando

[PDF] Ideas y prácticas del entre-mujeres

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Clic sobre la imagen para descargar el PDF

Portada y contraportada de Ideas y prácticas del entre-mujeres

 

Enlace de descarga: https://francescagargallo.files.wordpress.com/2019/07/francesca_gargallo-practica_entre_mujeres.pdf

 

Titulo: Ideas y prácticas del entre-mujeres
Autora: Francesca Gargallo
Fecha: abril de 2019
Editorial: Librería la Cosecha, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, tallerdelacosecha@gmail.com
Páginas: 75

Imagen de portada: María María Acha-Kutscher, http://www.acha-kutscher.com/

El texto original proviene del artículo: “Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI”, ver aquí

Índice
I. Nota editorial 9
II. A propósito de metáforas oceánicas 11
III. Los estudios universitarios en el oleaje feminista 16
IV. ¿La universidad es un lugar para las feministas? 24
V. Un vistazo a Nuestramérica 28
VI. Regresando la mirada a la crisis de las jóvenes feministas universitarias mexicanas 51
VII. ¿Después de la denuncia, qué? 62
VIII. Historias recientes de desencuentros en el estudio 69
IX. Ondeando de la superficie al fondo 72
X. Sobre la autora 75

 

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MULIER LUDENS O SIN JUEGO NO HAY VÍNCULOS

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Foto: Marta Nualart, 2019

 

MULIER LUDENS O SIN JUEGO NO HAY VÍNCULOS

Francesca Gargallo Celentani

 

Avanzar o retroceder, como sucede en el tablero del Juego de la Oca, implica bailar y pasar el tiempo, conocer y quedar atrapadas, competir y tejer alianzas y, en el caso de las trece integrantes del colectivo Bordando la Oca, que empezó a conformarse en noviembre de 2016, dar puntadas para unir la memoria a la denuncia y, así, contribuir a la construcción de un tiempo favorable para las mujeres.

Foto: Gabriela Huerta-Tamayo, 2019

Sin juego no es posible convertirse en sujetos vinculados con otros, incidiendo en la sociedad. Intervención, creatividad, equilibrio e interés son elementos del juego y del arte que nos humanizan, pues re-crearse devela los alcances y oportunidades de nuestras vidas. ¿Qué hacer, entonces, cuando a las niñas se les truncan los tiempos de juego en nombre de trabajos que sus coetáneos masculinos no están obligados a cumplir? ¿Qué, cuando los tableros de los juegos de mesa o de camino sólo muestran hombres en sus actividades?

He conocido el proyecto de Bordando la Oca en su fase final, en 2019, porque dos artistas feministas y viejas amigas, me invitaron a colaborar. En la biblioteca de nuestra casa comunitaria, desplegaron los 5 metros por 3.5 metros de tela, con figuras en recuadros dibujados, pirograbados, impresos y finalmente cosidos y bordados en una espiral que simboliza el camino de la vida. El inmenso Juego de la Oca que extendieron ante mis ojos es una técnica mixta sobre tela con una clara intensión simbólica, pues incluye los olvidos históricos en una obra visual que invita al juego. Impresiona porque su estética visual instiga al tacto y, sobre todo, porque la figuración apela a las mujeres y sus quehaceres, la mapuche rebelde y el bordado de las mujeres kuna que sobreponiendo telas de colores bajan por los nueve mundos del espíritu. Los bordados exhiben figuras de heroínas contemporáneas, diosas opacadas por las religiones patriarcales y situaciones en las que hay mujeres involucradas.  En efecto, si bien existen diversas versiones del Juego de la Oca (en muchos tableros,  trajes y actividades incorporan tradiciones locales de América y de Europa), en todas ellas hay 63 casillas por las cuales las jugadoras y jugadores deben avanzar. De éstas, 24 tienen asignadas unas reglas fijas, mientras las demás pueden mostrar diferentes motivos.

Foto: Gabriela Huerta-Tamayo, 2019

Elaborada por once mujeres y dos hombres, la espiral de casillas multitemáticas es una pieza única que nos ofrece una guía por la  historia de las mujeres que, sin bien dolorosa, es viva y propositiva. Presenta las 13 ocas del juego en serigrafías cosidas y bordadas, aves fuertes y poseedoras de una sabiduría propia, así como las casillas fijas que vinculan la historia mexicana y continental de las mujeres. Los puentes de la 6 y la 12 son Marichuy, la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, y la tiendita de mujeres zapatistas, puentes entre un mundo ancestral y la esperanza de un futuro; la casilla 19, la de la posada, lleva el bordado de Fidel Figueroa acerca de lo que es una educación en el amor;  los dados de las casillas 26 y 56, bordados por Tere Ojeda y Zamira Bringas, como el destino tocan los extremos de la muerte y de la vida, los feminicidios y las mujeres; el pozo, la temida casilla 31 donde si caes quedas atrapada hasta que alguien, cayendo a su vez, se quede en tu lugar, no sólo me recuerda a la diosa Innana colgada del clavo del infierno donde la ha detenido su hermana, sino las fosas comunes que las madres de desaparecidos destapan en México, Colombia y Centroamérica; el bordado de la casilla 42, el laberinto, también de Zamira, no puede ser más explícito: “Mujer Laberinto, mujer ombligo”;  la cárcel de la casilla 52 es otro bordado de la misma autora, mientras la calavera, última casilla fija, la 58, es una muerte antigua representada en almazuela, una técnica de costura también conocida como retazal, quilt o patchwork, una figura tejida uniendo fragmentos de otras telas.

Son efigies libres con que jugarse la presencia, denuncia y unión de las diosas  bordadas por Tere, Manisha, Elsa Colmenares, Fred Drillhon, Marta Nualart, Gabriela Antinea Esteva, Estela Flores Magón, Magdalena Yañez, Paz y Zamira. Se entremezclan con poemas de mujeres, con tejedoras de cintura, expresiones de artes ancestrales, defensoras de las aguas contra su contaminación y, necesariamente, con figuras de sobrevivientes, guerrilleras, las entrañables Patronas que alimentan a hombres y mujeres en sus caminos de libertad y las mujeres que se nos adelantaron y nos iluminan, como la comandante Ramona y María Sabina, y las asesinadas que se han vuelto ancestras, como la brasileña Marielle Franco y la ambientalista lenca de Honduras Berta Cáceres.

Los orígenes del juego son tan antiguos que se remontan al Disco de Phaestos, de finales de la Edad del Bronce, pero los tableros del Juego de la Oca empezaron a comercializarse a finales del siglo XIX, fijando las reglas que se venían transmitiendo de generación en generación. Finalmente, con la labor del colectivo Bordando la Oca, simboliza claramente el camino de las mujeres.

Hasta ahora en las alegorías del viaje del alma humana presentes en el juego, se habían evitado las representaciones de mujeres activas, poderosas, transmisora de conocimientos. El sistema patriarcal no permitía la representación de su importancia. O, quizás, las mujeres, cuando juegan entre sí, olvidan el lugar subordinado que deben ocupar en un mundo donde la representación de la realidad es masculina. Entonces pensar, dibujar, tejer y bordar un enorme tablero con figuras de diosas y heroínas, de activistas por los derechos de los migrantes y mártires de la lucha antirracista, identificar el pozo con las fosas comunes que desentierran las madres de personas desaparecidas, implica una revolución lúdica, una estética del juego en su explícita afirmación de la libertad humana. Según Marta Nualart, bordar la oca ha sido para ella “un acto de denuncia a través de una actividad colectiva de mujeres”. Mientras para Zamira Bringas ha implicado “no conformarse, no callarse el grito de rebeldía contra la complicidad con el sistema patriarcal. Bordando la Oca es un trabajo de conjunto; al meter a las diosas tocamos la espiritualidad rebelde de todas, ese nosotras conformado por once mujeres y dos hombres, Fidel Figueroa y Álvaro Villagra”.

Foto: Marta Nualart, 2019

 

 

 

Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI [word]

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Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI 

Francesca Gargallo Celentani

Abril de 2019 | Ediciones Desde Abajo | Bogotá, Colombia | ISBN: 9789585555037

Fotografía de la portada: Celeste Korol

 

Descarga el texto completo en Word: https://francescagargallo.files.wordpress.com/2019/06/practicas_del_entre-mujeres.docx

 

 

Ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI.

 

Francesca Gargallo Celentani

 

La mejor forma de resistencia a la violencia, no es enfrentarla sola, es juntarnos, crear formas de vida y reproducción más colectivas, fortalecer nuestros vínculos y así verdaderamente, crear una red de resistencia que ponga fin a toda esta masacre.

Silvia Federici, en Uruguay, 2017

 

 

A propósito de metáforas oceánicas

La mayoría de las feministas jóvenes y muy jóvenes que se han organizado en la segunda mitad de la década de 2010 han quedado encuadradas por los medios de comunicación masiva en una metáfora oceánica, una supuesta “nueva ola feminista”, que más que a la continuidad del desplazamiento libre del oleaje debido a variaciones del nivel de las aguas remite a una rompiente anómala, un tsunami o un evento marítimo que la prensa del conformismo neoliberal se niega a entender[1]. La metáfora de las olas, con sus crecientes y sus retraimientos, sin embargo, está tan incorporada al lenguaje de los movimientos sociales con respecto al accionar feminista, que, en ocasiones, como en las décadas de 1960-70, ellas mismas dijeron empujar una segunda cresta del oleaje para marcar tanto la continuidad como la ruptura con las demandas del movimiento anterior.

La “tercera ola feminista” o la “nueva ola” son terminología periodística que de manera alguna corresponde a una clasificación histórica de las acciones feministas (considerándola desde una, de por sí equívoca, perspectiva linear).  En todo caso de trataría de una cuarta ola feminista después del despuntar de organizaciones de mujeres que cuestionaban su lugar de subordinación en las sociedades androcéntricas, en particular europeas y las originadas por las colonizaciones europeas. Estas “olas” o levantamientos encrespados se dieron en tiempos de la reflexión filosófica ilustrada y de la Revolución Francesa con sus secuelas republicanas e independentistas (feminismo liberal), en las consolidaciones de las democracias electorales y el trabajo fabril (feminismo anarquista y feminismo sufragista), en las crisis de las mismas y el cuestionamiento de los valores del progreso, el trabajo y el estado (mujeres en los movimientos independentistas de Argelia y de Indochina y movimientos de liberación de las mujeres). Igualmente podría tratarse de una quinta ola, si asumiéramos el actual accionar contra la violencia feminicida como una acción prohijada por una crítica al  individualismo e identitarismo del movimiento queer feminista, que se desarrolló en el ámbito de las reflexiones académicas de género, durante los años de repliegue de la visibilidad feminista en las calles y la atomización de su empuje político en las ONG que surgieron en las décadas de 1980-1990.[2]

Ahora bien, todas las olas caen en el seno de las olas que las preceden.  A principios del siglo XXI los vientos empujan sobre la superficie social y arrastran grandes masas de personas enojadas con el desastre sistémico al que nos han llevado las ideologías del progreso-desarrollo[3]. En particular, las mujeres sentimos la velocidad del viento de la violencia y representamos la mayor área afectada por ese viento. La profundidad del agua del patriarcado es honda, el tiempo del que ha dispuesto su viento para soplar ha sido largo, de modo que el tamaño de nuestras olas no es pequeño: necesitamos remover desde lo profundo las aguas antes de instaurar un nuevo equilibrio y hacernos atraer por la gravedad. Las feministas son olas de alta mar, de costa, de lago, su longitud es tan importante como las crestas que chocan sobre una superficie enorme y siguen moviéndose aún en sus valles. Sus periodos, frecuencia y amplitud son capaces de cambiar la fisionomía de las costas, pues no sólo remueven los materiales de fondo, sino que erosionan los litorales y tienen efecto sobre las tierras continentales.

Centrándome en las acciones feministas del último lustro (2014-2019), no creo equivocarme al afirmar que la fuerza y vitalidad de la actual ola feminista en parte proviene del hartazgo ante la violencia creciente y la crueldad progresiva hacia nuestros cuerpos.  En la calma aceitosa que el neoliberalismo quiso hacernos creer reinaba en el océano social, extinguiendo todos los alientos que podían convertirse en brisas, las irregularidades que se apreciaban siempre fueron provocadas por mujeres afectadas por la violencia del mundo global: madres de mujeres víctimas de feminicidios y desapariciones, indígenas opuestas a la desaparición de los últimos territorios comunales y la destrucción de sus fuentes de vida, ecologistas alarmadas por las derivas de la investigación biológica con fines de producción de alimentos, artistas que denuncian la migración forzada, jóvenes que han decidido ahondar en la no naturalidad de todos los actos de discriminación que de tan normalizados no se perciben: piropos, acoso, discriminaciones por su aspecto físico, dudas sobre su inteligencia y sus emociones, violaciones sexuales, obligación a la condescendencia, amenazas de violencia física, económica o de muerte cuando se expresa la propia libertad. La voluntad de romper con el contrato de género y de representar de otro modo lo asignado a lo femenino y lo masculino ha encontrado un asidero hoy y las olas crecen. Las metáforas oceánicas no están equivocadas cuando de feminismo se trata.

[1] Este no es el ámbito donde reflexionar sobre esta errónea identificación histórica, pero para Nuestramérica vale la pena revisar la tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos de Alejandra Restrepo, Feminismo (s) en América Latina. La diversidad originaria, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, México, 2008. Personalmente, me adscribo a la idea de Eli Bartra de que en el feminismo no hay etapas separadas de activismo, sino un proceso feminista, político, estético, moral y económico, siempre crítico con las formas de la civilización patriarcal, que adquiere relevancia (y atemoriza al sistema) dependiendo del momento histórico y el lugar por donde transita, se quiebra, retoma fuerza. Ver al propósito: Eli Bartra, “Tres décadas de neofeminismo en México”, en Ana Lau, Eli Bartra y Ana M. Fernández Poncela, Feminismo en México, ayer y hoy, Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 2002.

[2] El fenómeno del repunte del feminismo es un hecho que la prensa ha dejado de menospreciar en 2019 y toma en consideración con interés: en España casi el 65% de las mujeres de menos de 25 años se dicen feministas. https://elpais.com/sociedad/2019/03/03/actualidad/1551638433_568255.html

[3] Progreso es un concepto que tiene que ver con el desarrollo progresivo del capitalismo y su interpretación racional. Fue introducido en política y economía por el francés Turgot en un discurso que dictó en la Sorbona del 11 de diciembre de 1750. Turgot sostenía una historia conjunta y progresiva de la humanidad que se diferencia esencialmente de la historia repetitiva de la naturaleza. El “hombre”, como él definía a la presunta totalidad de la humanidad, acumula recuerdos y por ello avanza. A.R.J. Turgot, Discursos sobre el progreso humano, traducción de Gonçal Mayos, Editorial Tecnos, Madrid, 1991.Desde entonces y hasta la crisis de la Primera Guerra Mundial, fue la palabra clave de la post ilustración, sea en su vertiente positivista, como de manera menos notoria en la de muchos proyectos socialistas, no último el del marxismo. Sirvió para justificar moralmente empresas colonialistas de expoliación humana y territorial y las dictaduras modernizadoras de América Latina en el siglo XIX. Leopoldo Zea, El positivismo en México: Nacimiento, apogeo y decadencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1975. El concepto de progreso revela el optimismo antropomorfo sobre la posibilidad de mejorar la condición humana del individualismo europeo. La Revolución Industrial con sus influencias en el comercio y la ciencia lo justificaba y exaltaba. Se trata de un concepto autoritario, que no aceptaba críticas y descalificaba las opiniones y modos de vida de quien no se mostraba como adepto del progreso (industria, higiene, familia nuclear), en particular el campesinado, los pueblos originarios y esas corrientes anarquistas que pueden definirse como protoecologistas y animalistas.  J. B. Bury, La idea de progreso (1922), Alianza Editorial, Madrid, 1986. En el siglo XX, el concepto de progreso fue criticado por la naciente sociología científica y por el movimiento obrero organizado, pero los estados como gestores del capitalismo lo sustituyeron por el concepto de desarrollo, que incorporaba básicamente su idea de avance sobre y contra la naturaleza para mejorar la condición humana. En su vertiente socialista, el desarrollo no se enfoca únicamente a la producción económica, sino a la búsqueda de justicia igualitaria, libertad y democracia, pero no deja de imponerle una directriz al devenir histórico.  Actualmente, es un término que organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL intentan revivir: Rolando Cordera Campos, “El desarrollo ayer y hoy: idea y utopía”, consultado el 26 de marzo de 2019: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/36955/1/RVE113Cordera.pdf   Desde principios del siglo XXI, grupos de economistas, feministas, arquitectas, economistas y biólogas, mujeres y hombres, sobre la base de las críticas poscoloniales de India, Palestina y Nuestra América a la cultura occidental,  han revelado el peligro de una ideología que permite dejar de sentir el peligro de las prácticas de expoliación de la naturaleza y lo común en las sociedades y la explotación de los recursos de la tierra. Para ello están formulando algunas teorías sobre la disminución de forma controlada y progresiva de la producción, con el objetivo de equilibrar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Se les conoce como Teorías del Decrecimiento. Consultado el 24/03/2029: https://iniciativadebate.org/2012/09/20/teoria-del-decrecimiento/

Flora Tristán y Alejandra Kollontai: bastiones del feminismo socialista [VIDEO]

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Publicado el 28 may. 2019

Resaltando semejanzas, virtudes y enseñanzas de Alejandra Kollontai y Flora Tristán, Francesca Gargallo C. nos revela cualidades del feminismo en distintas épocas. Muchos retos animan las luchas de los feminismos en la época presente.