Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI [word]

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Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI 

Francesca Gargallo Celentani

Abril de 2019 | Ediciones Desde Abajo | Bogotá, Colombia | ISBN: 9789585555037

Fotografía de la portada: Celeste Korol

 

Descarga el texto completo en Word: https://francescagargallo.files.wordpress.com/2019/06/practicas_del_entre-mujeres.docx

 

 

Ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI.

 

Francesca Gargallo Celentani

 

La mejor forma de resistencia a la violencia, no es enfrentarla sola, es juntarnos, crear formas de vida y reproducción más colectivas, fortalecer nuestros vínculos y así verdaderamente, crear una red de resistencia que ponga fin a toda esta masacre.

Silvia Federici, en Uruguay, 2017

 

 

A propósito de metáforas oceánicas

La mayoría de las feministas jóvenes y muy jóvenes que se han organizado en la segunda mitad de la década de 2010 han quedado encuadradas por los medios de comunicación masiva en una metáfora oceánica, una supuesta “nueva ola feminista”, que más que a la continuidad del desplazamiento libre del oleaje debido a variaciones del nivel de las aguas remite a una rompiente anómala, un tsunami o un evento marítimo que la prensa del conformismo neoliberal se niega a entender[1]. La metáfora de las olas, con sus crecientes y sus retraimientos, sin embargo, está tan incorporada al lenguaje de los movimientos sociales con respecto al accionar feminista, que, en ocasiones, como en las décadas de 1960-70, ellas mismas dijeron empujar una segunda cresta del oleaje para marcar tanto la continuidad como la ruptura con las demandas del movimiento anterior.

La “tercera ola feminista” o la “nueva ola” son terminología periodística que de manera alguna corresponde a una clasificación histórica de las acciones feministas (considerándola desde una, de por sí equívoca, perspectiva linear).  En todo caso de trataría de una cuarta ola feminista después del despuntar de organizaciones de mujeres que cuestionaban su lugar de subordinación en las sociedades androcéntricas, en particular europeas y las originadas por las colonizaciones europeas. Estas “olas” o levantamientos encrespados se dieron en tiempos de la reflexión filosófica ilustrada y de la Revolución Francesa con sus secuelas republicanas e independentistas (feminismo liberal), en las consolidaciones de las democracias electorales y el trabajo fabril (feminismo anarquista y feminismo sufragista), en las crisis de las mismas y el cuestionamiento de los valores del progreso, el trabajo y el estado (mujeres en los movimientos independentistas de Argelia y de Indochina y movimientos de liberación de las mujeres). Igualmente podría tratarse de una quinta ola, si asumiéramos el actual accionar contra la violencia feminicida como una acción prohijada por una crítica al  individualismo e identitarismo del movimiento queer feminista, que se desarrolló en el ámbito de las reflexiones académicas de género, durante los años de repliegue de la visibilidad feminista en las calles y la atomización de su empuje político en las ONG que surgieron en las décadas de 1980-1990.[2]

Ahora bien, todas las olas caen en el seno de las olas que las preceden.  A principios del siglo XXI los vientos empujan sobre la superficie social y arrastran grandes masas de personas enojadas con el desastre sistémico al que nos han llevado las ideologías del progreso-desarrollo[3]. En particular, las mujeres sentimos la velocidad del viento de la violencia y representamos la mayor área afectada por ese viento. La profundidad del agua del patriarcado es honda, el tiempo del que ha dispuesto su viento para soplar ha sido largo, de modo que el tamaño de nuestras olas no es pequeño: necesitamos remover desde lo profundo las aguas antes de instaurar un nuevo equilibrio y hacernos atraer por la gravedad. Las feministas son olas de alta mar, de costa, de lago, su longitud es tan importante como las crestas que chocan sobre una superficie enorme y siguen moviéndose aún en sus valles. Sus periodos, frecuencia y amplitud son capaces de cambiar la fisionomía de las costas, pues no sólo remueven los materiales de fondo, sino que erosionan los litorales y tienen efecto sobre las tierras continentales.

Centrándome en las acciones feministas del último lustro (2014-2019), no creo equivocarme al afirmar que la fuerza y vitalidad de la actual ola feminista en parte proviene del hartazgo ante la violencia creciente y la crueldad progresiva hacia nuestros cuerpos.  En la calma aceitosa que el neoliberalismo quiso hacernos creer reinaba en el océano social, extinguiendo todos los alientos que podían convertirse en brisas, las irregularidades que se apreciaban siempre fueron provocadas por mujeres afectadas por la violencia del mundo global: madres de mujeres víctimas de feminicidios y desapariciones, indígenas opuestas a la desaparición de los últimos territorios comunales y la destrucción de sus fuentes de vida, ecologistas alarmadas por las derivas de la investigación biológica con fines de producción de alimentos, artistas que denuncian la migración forzada, jóvenes que han decidido ahondar en la no naturalidad de todos los actos de discriminación que de tan normalizados no se perciben: piropos, acoso, discriminaciones por su aspecto físico, dudas sobre su inteligencia y sus emociones, violaciones sexuales, obligación a la condescendencia, amenazas de violencia física, económica o de muerte cuando se expresa la propia libertad. La voluntad de romper con el contrato de género y de representar de otro modo lo asignado a lo femenino y lo masculino ha encontrado un asidero hoy y las olas crecen. Las metáforas oceánicas no están equivocadas cuando de feminismo se trata.

[1] Este no es el ámbito donde reflexionar sobre esta errónea identificación histórica, pero para Nuestramérica vale la pena revisar la tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos de Alejandra Restrepo, Feminismo (s) en América Latina. La diversidad originaria, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, México, 2008. Personalmente, me adscribo a la idea de Eli Bartra de que en el feminismo no hay etapas separadas de activismo, sino un proceso feminista, político, estético, moral y económico, siempre crítico con las formas de la civilización patriarcal, que adquiere relevancia (y atemoriza al sistema) dependiendo del momento histórico y el lugar por donde transita, se quiebra, retoma fuerza. Ver al propósito: Eli Bartra, “Tres décadas de neofeminismo en México”, en Ana Lau, Eli Bartra y Ana M. Fernández Poncela, Feminismo en México, ayer y hoy, Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 2002.

[2] El fenómeno del repunte del feminismo es un hecho que la prensa ha dejado de menospreciar en 2019 y toma en consideración con interés: en España casi el 65% de las mujeres de menos de 25 años se dicen feministas. https://elpais.com/sociedad/2019/03/03/actualidad/1551638433_568255.html

[3] Progreso es un concepto que tiene que ver con el desarrollo progresivo del capitalismo y su interpretación racional. Fue introducido en política y economía por el francés Turgot en un discurso que dictó en la Sorbona del 11 de diciembre de 1750. Turgot sostenía una historia conjunta y progresiva de la humanidad que se diferencia esencialmente de la historia repetitiva de la naturaleza. El “hombre”, como él definía a la presunta totalidad de la humanidad, acumula recuerdos y por ello avanza. A.R.J. Turgot, Discursos sobre el progreso humano, traducción de Gonçal Mayos, Editorial Tecnos, Madrid, 1991.Desde entonces y hasta la crisis de la Primera Guerra Mundial, fue la palabra clave de la post ilustración, sea en su vertiente positivista, como de manera menos notoria en la de muchos proyectos socialistas, no último el del marxismo. Sirvió para justificar moralmente empresas colonialistas de expoliación humana y territorial y las dictaduras modernizadoras de América Latina en el siglo XIX. Leopoldo Zea, El positivismo en México: Nacimiento, apogeo y decadencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1975. El concepto de progreso revela el optimismo antropomorfo sobre la posibilidad de mejorar la condición humana del individualismo europeo. La Revolución Industrial con sus influencias en el comercio y la ciencia lo justificaba y exaltaba. Se trata de un concepto autoritario, que no aceptaba críticas y descalificaba las opiniones y modos de vida de quien no se mostraba como adepto del progreso (industria, higiene, familia nuclear), en particular el campesinado, los pueblos originarios y esas corrientes anarquistas que pueden definirse como protoecologistas y animalistas.  J. B. Bury, La idea de progreso (1922), Alianza Editorial, Madrid, 1986. En el siglo XX, el concepto de progreso fue criticado por la naciente sociología científica y por el movimiento obrero organizado, pero los estados como gestores del capitalismo lo sustituyeron por el concepto de desarrollo, que incorporaba básicamente su idea de avance sobre y contra la naturaleza para mejorar la condición humana. En su vertiente socialista, el desarrollo no se enfoca únicamente a la producción económica, sino a la búsqueda de justicia igualitaria, libertad y democracia, pero no deja de imponerle una directriz al devenir histórico.  Actualmente, es un término que organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL intentan revivir: Rolando Cordera Campos, “El desarrollo ayer y hoy: idea y utopía”, consultado el 26 de marzo de 2019: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/36955/1/RVE113Cordera.pdf   Desde principios del siglo XXI, grupos de economistas, feministas, arquitectas, economistas y biólogas, mujeres y hombres, sobre la base de las críticas poscoloniales de India, Palestina y Nuestra América a la cultura occidental,  han revelado el peligro de una ideología que permite dejar de sentir el peligro de las prácticas de expoliación de la naturaleza y lo común en las sociedades y la explotación de los recursos de la tierra. Para ello están formulando algunas teorías sobre la disminución de forma controlada y progresiva de la producción, con el objetivo de equilibrar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Se les conoce como Teorías del Decrecimiento. Consultado el 24/03/2029: https://iniciativadebate.org/2012/09/20/teoria-del-decrecimiento/

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Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis 62 años (soy de noviembre de 1956) cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tengo menos fuerzas que hace 20 años, me canso más y cargo menos, pero sigo creyendo que el mundo se conoce caminándolo, cruzando fronteras físicas que se quisiera desaparecer, subiendo y bajando de vehículos, burros, zapatos, carretas jaladas por yaks (animales simpáticos, por cierto). Desconfío y evito las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: a los 55 años he dejado la academia porque está tan controlada que no deja pensar críticamente ni escribir con placer: el aprendizaje autónomo es un camino hacia la libertad

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