RÍOS DE LETRAS O UN ATISBO DE LITERATURA CONTEMPORÁNEA

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Una o un novelista y su casa editorial en ocasiones trenzan una relación que trasciende la relación comercial, desencadenando un impulso creativo que se explaya en varias direcciones y que interviene en la interpretación colectiva de la realidad. El caso de la colección Ríos de Letras que el novelista, cuentista y poeta colombiano Philip Potdevin ha echado a andar en 2014, y que ya cuenta con diez títulos (el décimo primero, en prensa), ilustra muy bien esta relación de impulso mutuo y creación de un público lector.

Philip Potdevin es él mismo un narrador que ha tenido que soportar el abandono de las editoriales comerciales que en un primer momento lo ensalzaron porque no se plegó a la demanda de una literatura conformista. En efecto, cuando en 1994 ganó el Premio Nacional de Novela de Colcultura con Metatrón, todo mundo pensaba que iba a ser otro de los escritores que durante esos años se hacían de un ropaje neobarroco para no tocar las susceptibilidades de la política. Metatron revelaba a un poderoso joven escritor, nada banal, un potrillo que desgastar en las carreras. Nomás que Potdevin le apostaba –nada menos- a buscar a un personaje anónimo para reconstruir la biografía de un paria capaz de una sensualidad poco ortodoxa y propietario de esos saberes que una sociedad conservadora teme, repele y condena. Su héroe, literariamente rescatado de la historia oficial que lo desaparece, pinta doce figuras de arcángeles sensualmente provocadores, cuya existencia su sociedad ni siquiera debía imaginar. ¡Ups!

Mar de la tranquilidad, en 1997, confirmó el erotismo de las letras de Potdevin. Su héroe ahora es más que conocido, un torero, el tema también, la fascinación por la muerte que se hace silencio. Nomás que la inmortalidad que el personaje busca alcanzar no es la vana pretensión de quedarse en la historia sino la pérdida del yo en la inconmensurable grandeza del cosmos. La novela no ganó premios, pero confirmó a Potdevin como un joven escritor guapo, de sectores medios, bien vestido, alguien para mostrar en televisión, aunque dijera cosas poco tranquilizadoras, por ejemplo que la humanidad pasa por ciclos civilizatorios que deben superarse cuando desembocan en el frenesí de la muerte y la destrucción, eso es, que el sacrificio del presente no es parte de un inevitable trabajo, sino algo para cambiarlo todo. ¿Colombia se enfrentaba a un escritor ecologista? ¿A un buscador de liberaciones? Ocho años después La otomana, siempre en Seis Barral Planeta, fue acogido como un nuevo cuento de sensualidad encubierta. Luego caló un largo silencio sobre las letras del caleño. Diez años.

Aquí empieza la historia de Philip Potdevin con editorial Desde Abajo, una empresa colectiva que piensa la transformación de las conductas sociales a través de la educación reflexiva y consciente de la realidad. Desde Abajo es una casa editorial colombiana autónoma, nacida en 1999 de los trabajos de un colectivo de reflexión política, que vive de leer, escoger y presentar libros a un público que tiene el derecho de formarse, pues considera que no puede haber política liberadora sin la comprensión/creación del propio momento histórico. Por supuesto no acepta financiamientos que pongan en entredicho su libertad, condicionando las preferencias por un tipo de estudios, literatura o reflexiones. La autonomía financiera es indispensable para la autonomía de pensamiento, pero es difícil de sostener entre quienes no entienden lo que es producir y vender libros, por ejemplo, el profesorado universitario que considera los libros como escalafones para su carrera. De ahí que, para apostarle a la escritura libre, el pensamiento autónomo, las y los autores no academicistas ni cobijados por instituciones sean indispensables sedes austeras, sueldos iguales para todos, mucho trabajo colectivo de selección y producción y una labor de difusión incansable. Sólo así se llega a mantener en circulación los más de 200 títulos publicados en menos de 20 años.

Ediciones Desde Abajo alberga colecciones que giran alrededor de las múltiples facetas de la filosofía, las ciencias sociales, el feminismo, la política y la antropología; sólo desde el encuentro con Philip hace cuatro años se ha abierto  a la literatura. Philip Potdevin buscaba una editorial que le dejara publicar una narrativa de renacido, con interpretaciones alternativas a los hechos históricos aceptados y revelaciones acerca de las mafias del deporte, una literatura cotidiana, intensa, con la sensualidad del hombre maduro y no del adolescente desbocado que se ha escapado de la iglesia. Desde Abajo necesitaba que alguien le refrescara el aire con propuestas literarias, porque la ficción pone en circulación lo que todavía no existe.

Desde 2014, Philip ha vuelto a producir intensamente. Tres novelas revelan un proyecto que involucra sus letras y las de los jóvenes narradores que conoce y sigue como tallerista y editor. En esta borrasca formidable (2014), donde Isidoro Amorocho con su extraordinaria universalidad de vagabundo autodidacta clerical-anarquista proporciona las claves para entender el asesinato del general Uribe Uribe, Palabrero (2017), en la que la persona que tiene la palabra para construir la pacificación encarna la historia del pueblo wayuu, y Y adentro, la caldera, sobre la amistad entre hombres en los vericuetos de las mafias del deporte (2018) corren por un riel que sostiene la tónica de toda la colección de Potdevin en Desde Abajo, Ríos de Letras. Se trata de una propuesta literaria que toca el presente, no se escandaliza por la crudeza de las simples verdades en climas de corrupción política y económica, reafirma el habla de las poblaciones contemporáneas, hurga en la historia inmediata, se atreve a renovar el humor y da nuevos rostros a los afectos que sostienen las organizaciones humanas.

Asimismo Ríos de Letras cuenta con una historia crítica de la narrativa colombiana: 90 años de la novela moderna en Colombia (1927-2017). De Fuenmayor a Potdevin, del estadounidense Raymond L. Williams y el chicano José Manuel Medrano (2018), que sostiene sintéticamente que la novela moderna en Colombia no es pionera, sino que nace en pleno siglo XX y desde entonces articula una narrativa urbana, no necesariamente capitalina, de múltiples narradores siempre en busca de una materia válida para narrar. Ha publicado también la larga conversación que la literata rumana  Ilinca Ilian y su colega Ciprian Valcan sostuvieron con el poeta, editor y gran conocedor de la historia cultural de Argentina Saúl Yurkievich. Retratos con azar. Conversaciones con Ilinca Ilian y Ciprian Valcan (2014) es un libro donde la inteligencia brota del intercambio de opiniones, de las preguntas que desatan la reflexión y que se explaya sobre recuerdos de cómo se forma y se manifiesta una cultura. La descripción del clima cultural-político en que eclosionan escritores como Borges o como Cortázar es magistral.

En cuanto a la narrativa colombiana propiamente dicha, las colección incluye las novelas 1851, de Octavio Escobar Giraldo, que devela al describir un año de Guerra Civil la continuidad en la formación de la pobreza mediante la usurpación de la tierra, la minería y los rezos de la tía Magnolia; Once días de noviembre, de  Óscar Godoy Barbosa que, como Era mucho el miedo de Gloria Inés Pelaéz, toca dos hechos trágicos de la historia reciente (que el aparato de estado quieren que se olviden), abordan la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, narradas, la primera, por un exmagistrado que está en el sitio de los sucesos
por tener una cita para almorzar con un amigo de trabajo, su hijo está fuera del país y cuando vuelve para hacer frente a las tragedias lo encuentra absolutamente distinto al que tenía en la memoria y, la segunda, por una voz femenina casi niña que revela asuntos relacionados con la falta de seguridad en un poblado ubicado bajo un volcán, como lo son la explotación sexual infantil y la corrupción policiaca; Rifles bajo la lluvia, de Daniel Ángel, que en dos tiempos, el pasado de las guerras entre conservadores y liberales y el presente de la violencia difusa, entre delincuencial, gubernamental y financiera, trabaja las relaciones de hombres y mujeres en condiciones de muerte del amigo y marido; y un libro de cuentos livianos, ligeros, casi sarcásticos que poco ahondan en un humor no sexista, pero si en la rapidez de las respuestas a condicionantes que afectan la vida de las personas en un presente absurdo, reunidos en Ataques de risa de David Betancurt.

Ahora bien, ha publicado también  una novela alemana traducida, Contra la corriente de aguas terrosas, de Alexandra Huck, que remite a las protagonistas civiles del conflicto armado, y una novela mía sobre las relaciones de amistad que nos cimentan, Los extraños de la planta baja.  En prensa está la novela de la argentino-chilena Isabel Hernández, El extraño encanto de las impostoras, un delicioso divertimento en el juego circular de la ficción que devora la realidad que devora la ficción, protagonizado por una escritora que entrevista a la nieta de la más famosa mentirosa del siglo XX, Anna Anderson que hasta el final de su vida dijo ser Anastasia, la única sobreviviente de la familia del zar de Rusia. Esta novela ratifica que la colección, que nació con la publicación de En esta borrasca formidable,  trasciende la literatura colombiana.

Con dos autores rumanos, una mexicana, una argentina, una alemana, un estadounidense, un chicano y cinco colombianos, y un aceptable balance de género (cinco mujeres en once libros) los puntos fuertes de Ríos de Letras son un profundo respeto por las buenas escrituras y una línea editorial que abre las puertas a una literatura alternativa, capaz de decir lo que las grandes editoriales callan, suprimen o simplemente ignoran, ya sea por aspectos comerciales, políticos o de simple inconveniencia a los ojos de las “industrias creativas” o de la “economía naranja”  de los gobiernos neoliberales que padecemos.

 

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Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis 62 años (soy de noviembre de 1956) cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tengo menos fuerzas que hace 20 años, me canso más y cargo menos, pero sigo creyendo que el mundo se conoce caminándolo, cruzando fronteras físicas que se quisiera desaparecer, subiendo y bajando de vehículos, burros, zapatos, carretas jaladas por yaks (animales simpáticos, por cierto). Desconfío y evito las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: a los 55 años he dejado la academia porque está tan controlada que no deja pensar críticamente ni escribir con placer: el aprendizaje autónomo es un camino hacia la libertad

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