A propósito de La Costra de la Tierra, unas palabras de Svetlana Garza: La importancia de la tierra y la gravedad de un poema

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Cuando leí la primera parte del libro, me pareció que su publicación era no sólo oportuna, sino profética. En un mundo en el que se hacen chistes y especulaciones y se vive con miedo del apocalipsis zombie, este libro nos presenta un apocalipsis más aterrador tanto que más cercano para nosotros. Un apocalipsis post terremoto.

El primer texto me recordó a una novela de Auster, el primer texto es una especie de país de las últimas cosas región 4. Pero en el buen sentido de lo que esta región cuatro ofrece y significa: la realidad indígena, la realidad campesina, la geografía mexicana.

Invita a un juego mórbido también.   ¿Y si fuera yo una de las últimas sobrevivientes de una ciudad en ruinas, recorriéndola de sur a norte o de norte a sur en busca de lo que sea que busquen los sobrevivientes de las ciudades en ruinas?  ¿Qué haría yo? ¿De dónde a dónde iría? ¿Qué personajes habitarían esta ciudad en ruinas? ¿Qué personajes me ayudarían o estorbarían en mi recorrido?

Soldados, ladrones, indígenas, narcos, enfermos, niños…. ¿En que se convierte la gente que habita los países de las últimas cosas?

¿Qué profesiones sobreviven? ¿médicos, arquitectos, campesinos? ¿o será que no sobrevive ninguna y la gente deja de ser su profesión para volverse su ser más genuino y básico?

Esto es lo que me produjo el primer texto, pero la novela realmente empieza luego.

En vez de escoger el camino fácil, el de eslabonar una historia con otra, la autora decide mejor establecer una relación entre las reflexiones, anécdotas y situaciones de una manera más desafiante. Las cuatro historias de los cuatro personajes invitados al diálogo, las tres vidas de quien no es campesino, no están necesariamente entrelazadas, más bien giran en torno a un mismo punto gravitatorio. Las tres historias de estos tres personajes, sus tres vidas en el momento giran en torno a un poema, y el poema representa una idea, la relación con la tierra, la explotación de la tierra, el retorno a la tierra. Las tres historias giran, pues, en torno a este mismo eje gravitatorio, la cuestión de la tierra… y una cuarta o quinta historia subyace a todas estas, la historia del poeta, del autor de este poema en torno al cual giran las otras tres tristes tramas, sólo increpadas por la voz de un maestro de la tradición campesina purhé.

No quiero confundirlos ni revolverlos ni develar demasiado, los tres personajes, un pintor, un geólogo, una ex médica forense, leen el mismo poema, y la historia comienza, más causal que cronológicamente…. y sabemos que para que haya un poema, ya sea circunstancial o detonador, tuvo que haber un poeta y su historia, que a su vez motiva o sirve de punto de partida para las otras, y no puede ser ignorada…

Un malabar narrativo pues, si pensamos en estas tres historias que en realidad son 4 si contamos la historia no narrada del poeta, que en realidad son 5 si contamos el cuento que escribe uno de los personajes. La autora pues malabarea 5 pelotas en el aire.

Cinco astros giran en torno al mismo eje gravitatorio. El poder de un poema… el poder de una idea… porque el poema y el poeta representan una sola lucha, una lucha ancestral para proteger la tierra del cacique, del hombre blanco, de la transnacional…

El poema en torno al que la historia gira fue escrito por Smohalla, perteneciente al pueblo sokulk, cuyo territorio se ubicaba entre Estados Unidos y Canadá, un poeta profeta que vivió alrededor de 1850. Como Baloo en el libro de la selva, y como otros tantos y después, Smohalla (no tengo idea de como se pronuncia) dice que el hombre puede vivir de lo que la tierra le ofrece de su propia voluntad, sin explotarla, sin ararla, sin obligarla a nada. Smohalla plantea una idea inconcebible después de la revolución industrial: la negación del trabajo.

Promovía el retorno a las viejas costumbres en las que no se trabajaba, no se explotaba la tierra, se vivía de lo que ella generosamente ofrecía. El espacio, o más bien el tiempo que entonces deja el trabajo se le entrega al sueño. Pero no es que esté hablando de comer la manzana que cae del árbol y te eches a dormir, no está hablando de el sueño pasivo, sino del sueño creativo, del arte. En este sentido Smohalla al aferrarse a su tradición se convierte en un visionario. Smohalla defiende la importancia de la creatividad, sobre la productividad… la creatividad como la única manera de poder retornar a la tierra, de volverse uno con la tierra. Crear, que no producir (lo producido nunca podrá poseerse como lo creado). Escribir poesía, recorrer la tierra, pintar, cantar: Smohalla invoca a la creatividad, la autora de la Costra de la Tierra escucha su llamado…

Ese es el poder de la poesía, el de la invocación y el del cuestionamiento. Los personajes de la novela se enfrentan a la vida como al poema.

La Costra de la Tierra es además una denuncia, nos recuerda o nos señala las violaciones de las que nuestro suelo ha sido víctima, seguirá siendo víctima, nos obliga a preguntarnos la necesidad de la explotación minera, de la agricultura misma… Francesca pregunta lo mismo que Smohalla, ¿Qué le estamos haciendo a la tierra? y sobre todo ¿por qué?

Y quiero cerrar esta reflexión con un fragmento de un texto del jefe Seattle, de la tribu Suwamish (un epígrafe de este mismo texto aparece en la novela). Es la carta con la que Seattle responde al presidente de Estados Unidos cuando les ofrece comprarles la tierra y hacerles una reservación a cambio. Esto es parte de la respuesta de Seattle, que viene también muy a cuento.

Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también.

Svetlana Garza

Ciudad de México, 28 de noviembre de 2017

 

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Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis casi 61 años cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tampoco amo mucho las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: he dejado la academia porque ahora no deja pensar con libertad ni escribir con placer

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