LO INVISIBLE POR DOQUIER COMO ANTÍDOTO

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LO INVISIBLE POR DOQUIER: una novela, escrita por un colectivo, un colectivo de escritores que son historiadores y que conforman la comunidad creativa que mi hija, obsesionada y feliz de ser una “mujer del tequio”, es decir una nieta de zapoteca que sabe que la comunidad se hace trabajando y festejando en común, ha venido a investigar a Italia. El colectivo se llama Wu Ming, así firma: Sin Nombre es la traducción del mandarín de su nombre. Sin nombre propio, porque el nombre del colectivo rara vez se explicita. Una comunidad primero se construye, luego empieza a ser nombrada: se nace a la historia siendo.

Lo invisible por doquier (L’invisibile ovunque, Einaudi, 2015) tiene mucho que ver con su nombre, con la expresa antipatía por la guerra. Un colectivo de escritores que se sacude encima la herencia de colectividades negadas por la funesta voluntad de posesión de los poderosos que descansa en la carne de picadero que son los hombres (durante la primera guerra mundial fueron hombres, hombres jóvenes, la mayoría de los muertos). Es una historia del arte, una historia puntillosa del momento y del deseo tan inteligente como compasivo de un artista cuando descubre qué es la guerra y con su pincel intenta aliviarla de su carga de muerte.

De algún modo este libro que habla de sucesos de hace un siglo (la primera guerra mundial inició en Italia un año después que en el resto de Europa, en 1915, porque su horrible casa reinante se dejó comprar por los ingleses que le prometieron Albania a cambio de que les movieran a las tropas austriacas de los frentes al norte) me mantuvo presente al México de hoy en cada página. La valentía de sus artistas en la denuncia de la masacre me enamora, en efecto. La humanidad de quien hace lo posible para que lo humano no desaparezca, los grabados de mi amigo Alfredo López Casanova, en los zapatos de las familiares que buscan a sus seres queridos cuando desaparecen, por ejemplo.

Wu Ming no hacen  concesiones en sus relatos. Esto es algo que yo debo aprender. Son historiadores no filósofas. A mí siempre me jode mi deseo de darme explicaciones que nacen de algún tipo de racionalidad (hoy estoy totalmente concentrada en la “racionalidad estética”. La odio. Quiero ir más allá de la simple percepción histórica de cuándo y por qué ciertas estéticas, entendidas como expresiones del lado emotivo de la inteligencia personal y colectiva, surgen. La necesidad, siempre me topo con la necesidad. Caray, ¿sólo la necesidad hace de Mónica Mayer una artista feminista? ¿Dónde quedan el juego, la creatividad, los momentos de amistad, las ideas que surgen en colectivo?)

Es inútil repetir lo que los millones de lectoras/es de Wu Ming se preguntan (han publicado muchas novelas más, todas Copy Left: Giap, Guerra a los humanos, New Thing, Manituana, Estrella de la mañana, New italian Epic, Altai, Previsiones del tiempo, Pato a la naranja mecánica, Timira, Point Lenana, La armada de los sonámbulos, desde que en 1999 con otro nombre, el de Luther Blisset, publicaron Q, la única otra novela que yo les había leído, y que me había gustado mucho), en fin, los millones de lectores/as del colectivo se preguntan cómo le hacen a escribir tan bien sin revelar los cambios de pluma, de investigación, de interés.
En Lo invisible por doquier, además, escriben cuatro historias para llegar a la historia de la otra historia, la que se oculta deliberadamente, como la historia de las mujeres, que también en este libro brillan por su ausencia. Cuatro historias de guerra, cuatro denuncias de la misma, cuatro evasiones, la del heroismo, la de la locura, la del arte, la del deseo de convertir en invisibles a los hombres para que no sigan siendo previsible carne muerta.

Definitivamente no soy una escritora ligera, las historias de cocina nunca me han interesado, ni las de amor de pareja (considero que el único amor que no hace daño es el de la amistad, tan cotidiano, tan constructivo, tan posible entre personas diversas y próximas, aún entre madre e hija), de manera que la mía, siendo tan profundamente inserta en la historia de las mujeres de carne y hueso, es una literatura que los editores consideran poco “femenina”. Así que voy a decirlo, la de los Wu Ming, tan concreta, es una literatura que me encanta. Y agradezco que mi hija, con su creativa obsesión por la comunidad, me haya arrastrado a leerla para intentar entender qué está investigando.

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Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis casi 61 años cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tampoco amo mucho las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: he dejado la academia porque ahora no deja pensar con libertad ni escribir con placer

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