Luis Enrique Meléndez Ferrer al entrevistarme me hizo reflexionar sobre lo que es ser una feminista en la academia y ser escritora frente a la competitividad académica

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Resistencias: Las mujeres universitarias en la mirada de Francesca Gargallo (Parte II, Luis Meléndez-Ferrer)

IMG01550-20120215-0810 - copiaSe ha invitado a Francesca Gargallo a dialogar porque es una mujer del mundo intelectual y académico; ella ha actuado en el contexto universitario y posee una amplia libertad para movilizar tanto dentro como fuera de este contexto, lo cual le convierte en una actora con gran sentido de independencia en el sistema escolar. Como mujer, escritora y profesora, ha logra reconocer los mecanismos de control implícitos en las funciones docentes. Como artista dedicada al mundo de la literatura y poesía construye aportes fundamentales para la comprensión de los Feminismos Nuestroamericanos. Francesca es una mujer pensadora activista de los movimientos feministas con la firme convicción y misión de incorporar debates argumentados en pos de consolidar la estructura y práctica de los mismos movimientos feministas. Nacida en Europa Occidental a finales del siglo XX posee una irrevocable afinidad y compromiso con las subjetividades, intersubjetividades y prácticas sociales constitutivas de las culturas auténticas de América, desde la América Central hasta el extremo del sur de este continente.

Se estima muy importante la participación de Francesca porque es una mujer reflexiva y crítica quien, desde su sutil y fantástico sentido de humanidad, es mi amiga quien generosamente siempre ha estado dispuesta a conversar sobre mis ideas. También, es una actora política que se consolida en el discurso marxista para seguir armando un andamiaje socio-cultural, crítico, reflexivo, revolucionario e izquierdista en la desconstrucción de las sociedades y culturas capitalistas, sobre todo, en el continente americano. La presencia de esta mujer constructora de ideas sobre discursos feministas, es indispensable para comprender nociones: resistencias, mujeres, profesora, modos de vida, formación y universidad. Toda esta discusión sobre las nociones anteriores, es fundamental para mi formación académica y socio-política en la universidad venezolana. Dicho debate pretende seguir abriendo espacios para el análisis sobre las realidades dominantes e igualmente tiene el propósito de fundamentar las acciones tendientes a revocar el poder machista del patriarcado en las estructuras y dinámicas de la universidad. Hasta ahora, lo planteado se ha incorporado en la construcción de la tesis doctoral: “Resistencias en las prácticas sociales de profesoras universitarias”, elaborada por Luis Meléndez-Ferrer en el 2015.

Para finalizar la delimitación del contexto discursivo, se ha convocado la complicidad de Francesca porque es una mujer intelectual interesada en desestructurar las nociones e interacciones de participación de las mujeres sujetadas a sistemas patriarcales de dominación, en este caso, a las estructuras cientificistas escolares. Todo esto le permite revelar su rebeldía teórico-conceptual en contra de la heteronormatividad que limita a las profesoras. Basados en lo anterior, continuamos nuestra conversación con Francesca Gargallo planteando:

Meléndez-Ferrer: ¿Qué significa para ti una mujer en su condición de profesora?

francesaGargallo: Como mujer que había estudiado y que escribe, intenté realmente dedicarme a una educación para la diferencia en el trato con las estudiantes. Estuve en unauniversidad pública, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), desde su fundación en 2001 hasta julio de 2013. Cuando descubrí que no podía renunciar a mi escritura de ficción por dedicarme a la enseñanza. Fue un desgaste que casi me mata. Sin embargo, me dio muchas satisfacciones y enseñanzas. Aprendí a estudiar los currículos ocultos de las Carreras y de las Materias. Tuve que enfrentar a alumnos profundamente agresivos con los contenidos que no correspondían a su idea de la superioridad de las ideas, las teorías o las ‛verdades’ masculinas.

M: ¿Qué resistencias sustentan el concepto de profesora?

G: Un estudiante en una ocasión, se me abalanzó con las fotocopias de la “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” de Olimpia de Gouges, diciendo que esa mujerzuela no había inventado nada, que sólo había sustituido la palabra mujer por la de hombre y que su escrito era una copia de la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano”. Muchas de sus compañeras de curso se asustaron. La agresión fue contra todas no sólo contra mí. Las mujeres profesoras tendemos a ser maternales con nuestras/os estudiantes. Me pasó a mí también. La otra cara de eso era ser una profesora rígida en ‛traje sastre’, esas que creen que portarse como hombre es la única manera de ser buena. Reivindico como positivo el acercamiento afectivo con las y losestudiantes. No tiene nada que ver con ser condescendiente con sus irresponsabilidades, tiene que ver con comprender que nadie es igual en tiempos de aprendizaje ni en formas de respuesta a las nociones que se transmiten. Por supuesto que ser profesora es también una gran oportunidad de introducir intereses, ideas, dudas sobre la división sexual del saber. Tener un salario por enseñar, además, es tener el reconocimiento de la capacidad de las mujeres de ser transmisoras de saberes. Ahora bien, eso el patriarcado siempre nos ha dejado serlo. Se trata ahora de ser transmisora, no del saber patriarcal, sino de la multiplicidad de saberes que las mujeres y los hombres no heterodeterminados, proponemos al mundo.

M: ¿Qué resistencias le impone la universidad a las profesoras?

G: Para mí, por ejemplo, es indispensable que las y los estudiantes de economía sepan de lo importante que es la producción de espacio de vida desde la atención doméstica de la misma. Cuánto tiempo, cuántas horas trabajo se invierten en el cuidado de las y los enfermos, de las personas mayores y de las niñas/os. Qué indispensable es ese trabajo para que las redes de convivencia garanticen la supervivencia de las personas. Por tanto, la universidad se resiste. La economía es una disciplina que se niega a reconocer la necesidad de los afectos, así como también, la filosofía, la ingeniería. Tengo colegas en Derecho que han sido acusadas de querer reintroducir la desigualdad en la Ley.

La universidad neoliberal, además, ha introducido una trampa para las mujeres al diferenciar los sueldos según la productividad. Dar clases no es suficiente para la universidad neoliberal, la eficiencia se mide en trabajos de investigación publicados. Eso es una trampa que subraya la vulnerabilidad de las mujeres ante el acoso laboral institucionalizado. Una profesora que acaba de dar a luz no puede producir los trabajos que le garantizan los incrementos salariales, por ejemplo. De manera que la discriminación salarial es reintroducida contra las mujeres a través de la exigencia de publicar constantemente. Y cualquier cosa. Otra discriminación se esconde en el derecho de las profesoras a cuestionar los contenidos y formas de la enseñanza instituidos en la universidad. Eso requiere tiempo y requiere la posibilidad de desmentirse si se comprueba un error propio. Eso es imposible en la universidad neoliberal que ha hecho de la productividad despersonalizada y ajena a la calidad del producto, su ‛caballo de batalla’.

Por ejemplo, para analizar un archivo y demostrar que una interpretación ha sido sesgada por la visión patriarcal, yo necesito de años y no puedo publicar dos artículo al semestre para mantener mi plaza si quiero decir algo medianamente novedoso. La productividad -entendida como cadena de producción- sin interrupción para no poderse detener a pensar, es el motor de la universidadneoliberal. ‛¡No detenerse, no detenerse, no detenerse!’. Es decir, no tener tiempo para investigar a fondo, no tener tiempo para pensar alternativas, no poder cuestionar el sistema. No todas las profesoras están conscientes de ello. Pero las primeras críticas sí las escuché de mujeres porque no podían con su doble jornada laboral más el acoso de la producción de ‛ensayos’ de investigación para mantener la plaza y obtener sobresueldos por productividad. Muchas profesoras se han tragado el discurso neoliberal de la productividad. Ni siquiera se dan cuenta que ese afán las ha puesto a competir y les impide formar grupos de trabajo.

M: ¿Cómo es tu modo de vida, valorando que eres una profesora?

G: Bueno, mi vida ha dado un cambio radical cuando renuncié a mi plaza en la Universidad. Volví a escribir, a actuar en grupos de artistas que trabajan por la paz y la memoria en México, sostengo con un compañero un círculo de estudio y reflexión sobre los socialismos y su relación con los feminismos. Me hace falta un salario, es difícil vivir sin dinero en el capitalismo, pero también he aprendido a vivir con menos gastos. Lo que no me hace falta para nada, es la competitividad que las academias fomentan. Sigo escribiendo, publicando. Me siento más libre desde la participación en la educación no oficializada. Creo que dialogamos mejor los textos, sostenemos mayores debates. He vuelto a la educación en las calles, por ejemplo durante las huelgas. Fui a la Escuelita Zapatista y aprendí mucho sobre la autonomía de las comunidades en términos económicos y políticos. ¡Si, renunciar a mi plaza de tiempo completo en la universidad fue una forma de resistencia a la educación que oprima e impide la libre expresión de las ideas! A la par, mantener la práctica de la educación que des-educa a la aceptación de la opresión es una forma de resistencia contra la voluntad del neoliberalismo patriarcal para reducir a las mujeres y los sectores más vulnerables de la sociedad a la ignorancia. Creo que el capitalismo oprime tanto en su forma de neoliberalismo, como en su forma de capitalismo de Estado. ¡Eso es! Creo que también en las sociedades donde hay una voluntad política de distribuir las ganancias de mejor manera y de reconocer derechos laborales a las y los trabajadores, existe la posibilidad de ser oprimida en el saber.

M: ¿Qué le dirías a las profesoras universitarias en cuanto a lo que ellas deben formarse?

G: Les diría lo que a cualquier mujer: ¡Mírate!, ¿Te sientes satisfecha en cómo puedes/debes trabajar?, ¿Por qué te separan de las otras mujeres y te ponen a competir contra ellas?, ¿Por qué la educación no debe ser cuestionada desde una perspectiva de género en cuanto a contenidos? Considero que una mujer profesora que es capaz de no rehuir estas preguntas. Seguramente buscaría cómo hacer alianzas con otras colegas para dialogar sobre formas y contenidos de sus materias. La práctica de la autoconciencia sería una de las mejores herramientas para generar resistencias epistémicas en las universidades, así como en los espacios de la vida social y política.

Propongo que ellas se formen sobre Historia de los movimientos feministas y de mujeres; teorías feministas del conocimiento; estudios sobre feminismo y antirracismo. Todas estas tendencias deberían tenerlas todas las profesoras para sentirse libres de aplicarlas en sus investigaciones y sus materias. No se puede ser feminista en los propios escritos y luego aceptar dar clases de historia lineal donde la presencia de las mujeres es invisibilizada. Sin embargo, muchos programas son diseñados sólo desde una mirada disciplinaria patriarcal. Seguramente para mí la resistencia al sistema que nos encadena en el género, en los grados académicos, en las disciplinas sin capacidad de dialogar con otras formas de construcción del saber ha sido muy importante. Las feministas nos resistimos en un primer momento a la aniquilación de las mujeres y, en un segundo momento, a la asimilación a la masculinidad. No obstante, las feministas hoy al dialogar entre nosotras vamos más allá de la resistencia, construimos formas de la política que no son las del sistema. Igualmente, construimos estéticas, miradas sobre la realidad que despiertan sentimientos y emociones diversas a las de siglos de sistema heteronormativo, basado en un sistema de género que construye simbólica, económica, legalmente a las mujeres y los hombres.

***

Toda la conversación con Francesca Gargallo está llena de signos feministas y con ricas vivencias existenciales, reveladora de mitos patriarcales y leyendas institucionales, intensa por la fuerza de sus luchas libertarias, admirable por la profundidad de sus reflexiones e importante para el cuestionamiento cotidiano, académico y crítico sobre los estudios de las mujeres sobre todo, ante las mujeres educadas. Por esto, quisiera visibilizar algunas de sus ideas que me han resultado más significativas como actor dialogante con ella. En primer lugar subrayo una idea sustantiva: “Mi teoría es que la guerra no libera a las mujeres, aunque participen en ella”. A partir de este planteamiento, interpreto que las profesoras universitarias están involucradas en la “guerra” simbólica conducida por el discurso patriarcal y machista de las epistemes tecnocráticas-y-económicas. Esta guerra se concreta tanto en la concepción como en la operacionalización de la gestión académico-organizacional de una universidad venezolana en constante conflicto. Esta situación conflictiva se comprende porque la universidad es parte de una sociedad local: la venezolana, determinada por grandes contradicciones y tensiones tanto políticas, morales, ideológicas, sociales como económicas, las cuales generan grandes problemas estructurales en la historia de los modos de vida de l@s venezolan@s.

Así pues, las mujeres mencionadas desarrollan un prototipo de mujer protagonista en la vida pública. Ellas son elegidas democráticamente y trabajan en puestos de gobierno universitario. Muy a pesar de ello, normalmente, no combaten en pro de la auto: liberación, emancipación y reivindicación de la mujeres y de otros colectivos humanos, frente a la fuerza ejercida por los mecanismos de opresión estructural que se despliegan en las esferas de salud pública y hospitalaria, ante las necesidades habitacionales, frente a las necesidades básicas de la vida familiar, en la seguridad social y física, en la alimentación en general y en la maternal, ante la educación escolarizada y la formación continua de toda la familia, frente a la libertad de identidades de géneros y orientaciones sexuales, ante la contratación laboral, entre otros aspectos de la vida cotidiana. Dichos dispositivos de control son desplegados por el Estado y Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, con la intención de establecer una constante conflictividad en donde se perjudica -con mayor repercusión- a las mujeres independientemente de que sean profesoras o de cualquier grupo social, académico o etario. Por tanto, las profesoras están en la oportunidad de aprovechar su posición estratégica en el plano de geopolítica universitaria y en la geopolítica de la gubernamentalidad venezolana. Esto puede apalancar los múltiples sistemas estructurales y autónomos que apunten a proteger, fortalecer y ampliar temas tanto científicos, sociales, sanitarios, políticos, económicos, laborales como familiares. Dichos temas de urgente discusión en pro de resignificar y expandir los beneficios hacia las mujeres y otros colectivos humanos desfavorecidos por el Estado y la universidad sexista. En definitiva, se requiere mujeres intelectuales guerreras que luchen por ellas mismas así como por otras mujeres y otros colectivos sociales oprimidos por el patriarcado, creado por la sociedad venezolana y legitimado en sus instituciones estatales.

La segunda idea importante es su puntual creencia de que debe existir: “La universidad de masa”, a partir de la cual ella dice: “Condeno los exámenes de exclusión, es decir esos exámenes que sirven para excluir a las y los postulantes al ingreso a una universidad pública. Esta exclusión golpea a todas y todos los estudiantes de las escuelas públicas de zona de escasos recursos y malos maestros”. A la luz de esta idea, las profesoras están llamadas por la voz de los feminismos tanto académicos, comunitarios como populares a desconfigurar los modelos hegemónicos y homogéneos de universidad prevaleciente en la sociedad venezolana. Es trascendental plantear el requerimiento y legitimación de modelos de universidad para las masas, es decir, es urgente que las profesoras diseñen e implementen programas destinados a beneficiar a diferentes grupos/clases desfavorecidos por razón de clase, etnia, piel, identidades de géneros, estratos económicos, territorialidades, procedencias.

Asimismo, ellas se encuentran en la oportunidad de estar atentas frente al requerimiento de modelos de una universidad alterna o universidad-otra que emerge de forma revolucionaria ante la oportunidad de seguir ampliando la socialización y democratización de conocimientos-saberes. Esto hace que los anteriores grupos/clases/etiquetas patriarcales que han dividido a la humanidad, se reconozcan e incluyan en la creación de espacios de vida cotidiana para una nueva reflexión, análisis y escritura sobre la vida misma. Con esto se tiende a desarrollar nuevas teorías socioculturales a partir de las experiencias y convivencias locales desde la mirada de los feminismos situacionales. En fin, es preciso la creación de modelos universitarios en donde se fortalezca los diálogos intelectuales con diversas formas de vivencialidades cotidianas generando intelectualidades-otras y no estar apegados o ultra-sujetados a la rigidez de las visiones de intelectualidades doxas impuestas por la ciencia moderna. Desde esta mirada, se demanda que las mujeres intelectuales estén dispuestas a resignificar nuevos modelos flexibles y permeables de programas universitarios con la intención de incorporar los saberes y conocimientos silenciados. E igualmente, a las profesoras se les invita a interactuar con mayor consistencia con las necesidades existenciales y situaciones de vida en las diferentes comunidades y con las personas-grupos que están generando tanto reflexiones como acciones en pro de un mundo diverso y humano.

La tercera idea fundamental que retomo en el discurso de Francesca, es que: “Los privilegios masculinos no pueden seguir existiendo. Donde hay un privilegio necesariamente un derecho está siendo violado”. Con este planteamiento, vislumbro que las profesoras universitarias son personas que comúnmente gozan de privilegios del patriarcado científico, gremial, clasista e institucional, a la luz de la construcción de tribus académicas. A su vez, son actoras reproductoras de un ‛habitus de los privilegios machistas’, lo cual va en contra de sí mismas y hacia los otros colectivos humanos más desfavorecidos. Este habitus de subordinación naturaliza, normatiza e institucionaliza una cultura socio-productiva de violencia que instaura una competencia canibalezca en las prácticas sociales de las mujeres en sus funciones universitarias. Esta idea se vincula con la opinión de esta escritora feminista, a saber: “Lo que no me hace falta para nada, es la competitividad que las academias fomentan. Sigo escribiendo, publicando. Me siento más libre desde la participación en la educación no oficializada.” Por tanto, se requiere profesoras creadoras de resistencias antiimperialistas frente a los discursos globalizantes de los enfoques competitivos y de las perspectivas políticas que operativizan la jerarquización de grupos humanos en función de los privilegios sociales, económicos, meritocráticos, profesionalistas, gremiales y sexistas. Entonces, se exige la presencia de mujeres intelectuales dispuestas a luchar en pro de destruir los mecanismos histórico-culturales de la universidad, los cuales han reproducido el ‛patriarcado de los privilegios institucionales’. Todo esto porque urge la existencia de una universidad más democrática y socialista tendiente a beneficiar a todos los colectivos sociales mediante el respeto y la preservación de sus derechos humanos.

La cuarta idea desvelada por Francesca y que para mí es muy sustantiva, se manifiesta así: “Creo que el capitalismo oprime tanto en su forma de neoliberalismo, como en su forma de capitalismo de Estado”. Con esta visión discursiva, las profesoras universitarias son personas concebidas como sujetos de opresión y construidas como sujetos. Todo esto con el objetivo de replicar la dominación del gran discurso global e imperialista de la política e ideología del Capitalismo científico, económico, tecnológico, social, productivo, profesional y de géneros. Las mujeres intelectuales son parte del mecanismo de producción del capital “humano” y de modelos de “desarrollo humano”. Este involucramiento de sumisión –por el primer lado- puede ser autoconsciente. Por el segundo lado puede ser establecido como una cultura histórica, tradicional, generacional, lineal, jerárquica y propia de una tipología de clase socio-productiva. Y, por el tercer lado, puede ser asumido como una verdad tácita, invisible e intocable que se gesta de forma automática e inconsciente en las estructuras socio-mentales de las mujeres, quienes deben incorporarse en espacios públicos, laborales y en especial forma, en los espacios académicos. Lo anterior se plantea con la finalidad de reproducir la episteme masculina del método científico que le impone la ciencia moderna y la institucionalización universitaria. Por todo lo expuesto, se requiere que las mujeres intelectuales desarrollen un discurso anticapitalista con el propósito de autoliberarse de nociones identitarias y prácticas sociales dispuestas, naturalizadas e institucionalizadas por grandes discursos panópticos que regulan, castran y castigan sus corporalidades, mentalidades, emocionalidades, relaciones sociales y espiritualidades. En consecuencia, ellas deben desmitificar esos cuerpos discursivos en pro de incorporar una interacción más plural, nada patriarcal, menos objetal, sin alguna violencia en sus formas de convivir dentro y fuera de la universidad.

Lee la primera parte de la entrevista aquí.

Luis Enrique Meléndez-Ferrer

lemelendezferrer@gmail.com

Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis 59 años cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tampoco amo mucho las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: he dejado la academia porque ahora no deja pensar con libertad ni escribir con placer

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