Carta que me leyó (nos leyó) mi amiga Gloria Velasco en Cali a propósito de “Los extraños de la planta baja”

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Santiago de Cali, julio 9, 2015

Francesca

Por esas cosas de la vida, entre ellas esa amistad que pervive en el tiempo y la distancia, estoy aquí presentando tu última novela, “Los extraños de la planta baja”, o “el hombre del gineceo”, como era su título original, que seguramente fue cambiado para que comercialmente fuera más llamativo. Confieso que tampoco sabía que significaba la palabra gineceo, la intuí pero ahora que terminé de leer la novela, ya creo entender  plenamente la  explicación dada en voz de Simón quien aparentemente es el protagonista de la novela.

He dado algunas vueltas tratando de escribir estas palabras de presentación, que se empiezan a escapar saltarinas, riéndose a carcajadas de mi pretensión de darles un carácter crítico literario. Quiero en primer lugar decir que tu novela se lee de un solo tirón, eso es buena señal pues un texto que no se deje leer de corrido, ni atrape, es mejor dejarlo a un lado, por muy buenas recomendaciones o críticas que le hayan hecho. Pues si algo hay subjetivo, por fortuna, es la poesía, el cuento, la novela, ya que el gusto depende del estado de ánimo con que nos hayamos sentado a leer.

Aquí quiero dedicar una parrafada a la crítica literaria, que si bien es muy respetable, como todo lo humano es muy subjetiva y quienes la ejercen pueden dejarse llevar por arrebatos elogiosos o no, no es nada censurable que la gente se exprese como quiera, de la manera que quiera, tal vez lo que podría cuestionarse es el medio dónde lo hacen y el perjuicio que se puede causar a un autor o autora. En esto debería existir cierta ética o como se llame eso del respeto a la gente y la tarea de quien ejerce la crítica literaria es hablar del producto, de lo que llega a sus manos y no de la persona que lo produce. Ya sé, es más fácil dedicarse a interpretar lo que no se ha dicho, que lo que se dice, o buscar la explicación psico-histórica-económica-política- social que influyó en el autor o autora para decir lo que dijo, que buscar la esencia solo en las palabras, esas esquivas y juguetonas palabras.

Por tanto podría decir que tu novela transcurre en un presente inmediato, alrededor de un personaje muy cercano con el que nos habremos topado en algún momento de nuestras historias, al que hemos odiado y amado, fascinante y repulsivo pero para nada indiferente. Quién no ha conocido a seres abusadores, insufribles, desordenados, anarquistas, paranoicos como Simón que “arrastra generaciones de derrotas, tatarabuelos perseguidos, pueblos sin redención, soledades que hunden su razón de ser en la maldad del hombre, la perversión de la raza humana”.

Sí, la novela aparentemente gira alrededor de ese hombre, pero creo que es el pretexto para explorar el significado del amor y la amistad, especialmente de la amistad, el hermanamiento entre las mujeres, que ahora se le da el nombre de sororidad, palabra proveniente del latín sor, cuyo significado es hermana. En francés es sororité, en italiano sororitá, en inglés sisterhood, todas definen lo mismo “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”. En tu novela el lugar físico para ese vivir la vida es el gineceo, es el “espacio para todo tipo de diálogo, que donde hay para tres hay para cuatro, que tantos cuartos son para compartirlos, que no hay más riqueza que la que se usa en común. El gineceo protege..por ello no tolera maridos ni protectores”. Si mucho uno que otro visitante pasajero como Simón que no es más que el fantasma romántico de la narradora, o como bien lo señala, “más que nada parecíamos hermanos o amigos de adolescencia, es decir compañeros de esa edad durante la cual el otro es una parte imprescindible de sí. Y en ocasiones éramos enemigos acérrimos, de ésos que no son nada sin su contrincante”.

Creo que hemos llegado a un punto en el que las mujeres tenemos la necesidad de reencontrar el origen emocional de nuestros vínculos con otras mujeres. En especial con “tus mujeres”. ¿Quiénes son ellas? Son aquellas que han intervenido en nuestra historia personal. El análisis de dichas relaciones nos asiste para hallar nuestra identidad femenina, como dice la psicoanalista mexicana Anabell Pagaza Arroyo. ¿Cómo podría yo crear una alianza con otra mujer, en una relación de semejanzas, si no tengo primero claridad de quién soy? La ruta perfecta para lograrlo es la reflexión acerca de lo que han significado esas mujeres en nuestras historias: abuelas, madres, tías, hermanas, primas, amigas de la infancia, maestras, etcétera. Muchas veces las expectativas más rígidas vienen precisamente de ellas. Pues se trata no solo de “un mundo de hombres”, sino también de uno donde las mujeres compiten duramente entre ellas.

Cualquier relación de amistad es una re- edición de estos vínculos primeros. Como decíamos anteriormente la palabra sororidad etimológicamente expresa “hermana” en distintas lenguas y tendría que entenderse más bien – como lo propone Marcela Lagarde- como una política de sororidad y menos como un mero llamado a la amistad entre mujeres. Se trata de eliminar la misógina en todo lugar donde se encuentre, como puede ser el inconsciente mismo de las mujeres. Si dicho odio hacia el género femenino está interiorizado en las relaciones que tienen las mujeres con las mujeres de sus familias, es lógico pensar que la modalidad vincular esté afectada por la misma percepción.

Pensemos en un caso frecuente “Yo nunca seré como tú”, podría exclamar una hija enojada con los ideales que su madre intenta transmitirle. Pero también es posible que una madre critique con severidad a su hija por no parecerle lo suficientemente cercana a esos mismos ideales. Y en la novela subyacen estas relaciones donde la narradora es al tiempo una madre  amiga de su hija la Pantera, en una relación que parece fluir amorosa y sorora hasta el momento en que la Pantera quiere visitar a su familia materna con quien la narradora no ha convivido con ella más de 15 días cada dos o tres años durante los últimos 30 de su vida. Tal vez la muerte de Simón logra acercar a estas mujeres y le da el valor a la narradora de renunciar a su mínima estabilidad laboral para de nuevo empezar a re-encontrarse con su hija y con su mejor amiga.

Necesitamos generosidad. Empatía. Es esencial el desarrollo de la capacidad de perdón, otorgado a nuestras propias mujeres, a nosotras mismas. Si la sororidad está contaminada por la envidia, rivalidad y demás sentimientos no elaborados, será improbable que dicha política logre un cambio verdadero hacia el exterior. La misma Lagarde propone que una de las batallas más importantes deberá darse en la psicología misma de las mujeres. ¿Pues de qué nos serviría una sororidad que solo actúa hacia afuera y que obvia un odio en contra de la madre o de las hijas? Si las mujeres nos armamos de recursos emocionales para verdaderamente generar esa sinergia entre nosotras, entonces será posible vernos como hermanas.

Para finalizar quiero decir que renuncio a ser crítica literaria en el sentido que nos han acostumbrado y me quedo con el disfrute que necesariamente nos brinda la lectura de una novela o una poesía sin que necesite de padrinazgos y recomendaciones críticas para que me guste. Tampoco necesito de explicaciones semántico –semiológicas- sicológicas para entenderla. Si no entiendo por mis propios medios mal me queda refugiar mi inseguridad en las palabras de otras personas para “entender” y por lo mismo adquirir cierta competencia en el medio intelectual al cual no me interesa pertenecer, ni que me pertenezca.

Como mujer, como creadora, como feminista estoy interesada en deshacerme de la racionalidad, de las estructuras, de las teorías que nos brindan esa seguridad tan necesaria para sobrevivir dentro de los caminos que nos han trazado por muchos siglos. No es necesario decir por quién, ya se sabe y no me interesa el proselitismo barato; busco expresarme y para hacerlo es necesario que olvide los viejos métodos, los viejos discursos, los viejos gestos… y vaya que cuesta, aunque haya tan poco que perder: la lógica, la razón, la brutalidad, el miedo, el delirio de poder, la dominación, el engaño, la miseria, la ignorancia, la violencia…

Lamento no poder orientar a las posibles personas lectoras de tu novela, prefiero que se aventuren, que se adentren en ella, aprendan con ella, se nutran con ella y después opinen lo que quieran, que les guste o no lo que escribes. Ahí está y se defiende por sus propios medios, ya dejó de pertenecerte. Ahora pertenece a  nosotros, “los extraños de la planta baja”.

Un abrazo

Gloria

Acerca de Francesca Gargallo Celentani

Escribo, soy lenta, pienso y odio las burocracias. A mis 59 años cuando tengo calor me desvisto porque siempre me ha gustado andar desnuda. He viajado todo lo que he podido con mi hija y ahora estoy feliz de que ella viaje por su cuenta: me encanta descubrir el mundo a través de su mirada (no siempre coincide con la mía). Tampoco amo mucho las tecnologías que nos hacen dependientes y nos controlan el tiempo diciendo que nos lo ahorran. A este propósito: he dejado la academia porque ahora no deja pensar con libertad ni escribir con placer

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